Más de 85 años de arte y cultura

0

Por Lady Ospina
En alianza con Revista EL CLAVO

Teatro Municipal

El Teatro Municipal de Cali, como solía llamarse en los años veinte, es sin duda una de las insignias más importantes del municipio. Viste de arte y cultura las calles del centro histórico de la ciudad y manifiesta, tal y como la primera vez que un artista pisó su escenario, que Cali es capital cultural de Colombia, donde las todas las artes pueden confluir.

Su estética se debe a la gran influencia de la arquitectura italiana. El amarillo de su fachada ilumina el corazón de la ciudad, invitando no solo a los caleños, sino a los visitantes de diferentes regiones a hacer parte del público en su interior. Este lugar nació como una propuesta para materializar los sueños de todos los amantes de las manifestaciones culturales en Colombia. Fue la primera sala artística del país para aquel entonces.

La idea de un espacio donde la cultura tuviera lugar nació de un grupo de caleños, entre ellos, docentes de arte dramático, artistas y demás afines. Pero sobre ellos se resaltaba la labor del maestro Manuel María Buenaventura, quién gestó la construcción del teatro en 1920.

Para aquel entonces, la situación económica del país no era próspera. Sumado a esto, eran contados los recursos destinados a este tipo de actividades culturales. Pero el objetivo era claro: servir como escenario para el fomento, desarrollo y consolidación de todas las manifestaciones artísticas y culturales que beneficiaran a la comunidad, pues la necesidad de este tipo de espacios era indispensable para el crecimiento de la ciudad.  Por esto, se creó la Lotería del Valle un 16 de abril de 1921. Con el único fin de financiar la construcción del que sería el Monumento Nacional para el arte.

Fue el 30 de noviembre de 1927 que el teatro abrió sus puertas al público. Con una fachada barroca y romántica inspirada en las mismas calles de Venecia, se inauguró una estructura que más que adornada con decoraciones ortodoxas, dignificaba el sueño de la cultura en el país. Un arte tomaba forma en la Sucursal del Cielo. Y con esto se logró una de las presentaciones más importantes que rodean la historia del teatro: la de El Trovador de Guissepe Verdí, a cargo de la compañía de Opera Bracale Co.

Seguida a esta han sido muchísimas las historias que se han bailado, actuado y coreado en este escenario. Por sus tablas han pasado desde artistas nacionales como Antonio María Valencia; primer artista local y fundador del Conservatorio de Bellas Artes; Francisco vergara, bajo barítono caleño; Zoraida Salazar, soprano caleña; Santiago Velasco Llanos, compositor caleño y autor musical del himno del Valle del Cauca; hasta internacionales como Alwin Nikolais, gran figura de la danza moderna norteamericana de los años sesentas; Marcel Marceau, mimo francés; Luis Bacalov, pianista y ganador del Premio Oscar por la banda sonora de la película El Cartero; y la siempre inigualable actriz Fanny Mickey.

El resultado final fue un teatro que puede albergar 1.039 almas dispuestas a dejarse conquistar por la escena artística nacional e internacional. Y adicional a este, cuenta con un teatrino para espectáculos menores, con capacidad para 200 personas.

Entre sus más grandes atributos se encuentran la decoración del foyer, donde se pueden apreciar diferentes pinturas del maestro Efraín Martínez, encargadas en el año 1937, además de los frescos de plafón realizados por el pintor bogotano, Mauricio Ramelli Andreani, inspirado en el renacimiento, adaptando también momentos históricos de la región, como la obra María, de Jorge Isaacs, y la triple manifestación del sol.

Y para 2003, debido a la gran influencia en la escena teatral del maestro Enrique Buenaventura, el teatro adhirió el nombre del artista y director, como apellido a su larga trayectoria en la ciudad.

Para este viejo, que ha sufrido el deterioro con los años, la memoria sigue siendo un valor incalculable en su estructura. Su construcción logró destacar a Cali como un eje de escenarios artísticos en Colombia. Abrió las puertas a este género artístico y dignificó el trabajo del artista colombiano. Permitió que las manifestaciones del arte en el país pudieran tener un escenario digno, tanto para el artista como para el público.

 

Comments are closed.