Medioambiente y cultura

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Por Álvaro Guzmán Barney Director CIER cier@uao.edu.co
Por Álvaro Guzmán Barney
Director CIER
cier@uao.edu.co

Álvaro Guzmán Barney

Sociólogo, Ph.D. en Sociología

Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacifico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

Los problemas del medioambiente se los mira como ‘naturales’ y la responsabilidad sobre su deterioro tiende a atribuírsele exclusivamente al Estado y a sus políticas. Sin embargo, es más difícil que los ciudadanos captemos la responsabilidad que podemos tener en la sostenibilidad del medioambiente y, en esa medida, cambiemos nuestras conductas y la vida cotidiana.

Algunos casos concretos son útiles para reflejar esta situación en nuestra región del suroccidente colombiano, que requiere cambios de fondo en aspectos culturales.  Quiero hacer referencia a la comida, al transporte y al uso y reciclaje de bienes, para solo mencionar tres temas fundamentales.

En el caso de la comida, es claro que tenemos un problema muy grave cuando hay un sector de la población que no tiene la posibilidad de comer lo indispensable para vivir. Pero, indudablemente, es también posible pensar que para los diferentes niveles de ingresos la calidad y la pertinencia nutricional de los alimentos que se consumen no es la mejor. Detrás de esta situación hay concepciones culturales muy arraigadas para las cuales no hay comida válida sin arroz, papa, plátano y un poco de fideos.

Vale la pena detenerse en lo que sucede en los estratos altos, que cuentan con los recursos necesarios pero cuya alimentación  puede tener consecuencias muy negativas para el cuerpo y el medioambiente. Entre nosotros, la riqueza, y hasta cierto punto el poder, se relacionan con el consumo excesivo de carne; no se logra un adecuado balance con el consumo de vegetales. Cambios culturales y globales a propósito, como lo muestran algunos investigadores, contrarrestan el cambio climático.Es el caso del Meatless Monday, promovido por una universidad norteamericana, que reduce el hato ganadero y, por esta vía, la producción de gas metano en el ambiente.

El transporte es un tema que se ha trabajado más entre nosotros, pero que presenta obstáculos culturales de fondo para poder cambiar. En Cali la población más pobre se moviliza a pie, muchas personas usa la bicicleta, menos van en transporte público y algunos en moto. La clase media utiliza la motocicleta y, de manera creciente, los automóviles; y los estratos altos tienen bicicletas y motos para divertirse, mientras usan los carros de maneraexagerada y despilfarradora. Es un signo de estatus no solo por la marca, sino también por la gama y el cilindraje. En la ciudad es posible ver a señores y señoras usando carros altamente dañinos para el medioambiente (como los carros 4×4) para hacer cualquier vuelta, de mercado o de banco.

El  Estado local ha proyectado la ciudad en buena medida sobre las necesidades de transporte de este sector social, en detrimento de las formas públicas de transporte o las ambientalmente más amables. En nuestra consideración, aquí hay un problema de inconsciencia cultural sobre lo que implican los vehículos a motor para el medioambiente y sobre su sostenibilidad. Los sectores sociales más educados son los primeros  llamados a cambiar su forma de vida.

Finalmente, hablemos del uso y el reciclaje de bienes. Nos hemos dejado llevar, como ciudadanos, por la idea de que los bienes duran poco tiempo. De hecho, se fabrican para que duren menos. A eso se le ha llamado una obsolescencia programada: se insiste en que debemos cambiar de artículo y estar a la última moda en temas como los electrodomésticos, los computadores, los celulares y las formas recientes de tabletas multifuncionales. Esto es un abuso con el consumidor, pero lo peor es el impacto de este tipo de mercado y bienes en el medioambiente, ya sea por el uso de ciertos materiales en su construcción, como por los problemas de reciclaje y depósito final.

Oponerse a esta tendencia cultural es una tarea  difícil que implica la participación y movilización de amplios sectores de la población. Los jóvenes ya han incursionado tímidamente en este tema. Se trata de confrontar el mercado y la propaganda devastadora que se cierne sobre los ciudadanos y los lleva a cambiar la composición de su gasto familiar para estar a la “moda”. Se puede ser feliz en el momento, pero infeliz en la trayectoria de vida,¡y ni decir de las consecuencias medio ambientales!

Desde las instituciones académicas estamos en la mejor situación para conocer este tipo de problemas y para intervenir en procesos investigativos y de educación que concienticen a la ciudadanía. La meta es lograr una ciudadanía que se relacione de manera distinta con el medioambiente para hacerlo sostenible. La meta es también incidir sobre el Estado y sus políticas que generalmente, con el criterio del crecimiento económico a toda costa, fomentan sectores y formas de producción nocivas para el medioambiente. La minería es el caso típico.

 

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