Mejor tarde que nunca

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

La génesis del conflicto colombiano está en la desigualdad de la distribución de las tierras y el agro.  En eso coinciden gobiernos, expertos y subversión. No en vano ese fue el primer punto de la agenda en las negociaciones de paz con las Farc en La Habana. Por ello es que desde que inició el gobierno de Santos se habló de la necesidad de un censo agropecuario, porque sin duda es necesario saber qué tenemos  en el campo colombiano y cómo lo tenemos.

El exdirector del Dane, Jorge Bustamante, renunció esta semana, le envió una carta al presidente en la que decía que no estaba de acuerdo con hacer ese censo agropecuario  (tan necesario para iniciar un trabajo que debió haber empezado hace mucho  y poder aportar a la solución del conflicto armado) en el primer semestre de 2014. El doctor Bustamante manifestó que el censo puede distorsionarse en época electoral y ser aprovechado por los políticos de turno. A lo que el Gobierno respondió que eso sería como decir que no se puede medir la inflación durante la campaña.

Se equivoca el Gobierno con su respuesta y les voy a explicar por qué.  Colombia es un país burocrático por excelencia,  como lo decía el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, en su época de columnista de opinión, el populismo colombiano se llama burocracia. Por esa razón, como lo expresó el exdirector del Dane, no es conveniente durante las elecciones contratar un censo para el cual se necesita la participación  de alrededor  20.000 funcionarios.  Ese sería un banquete para los políticos que saben de la necesidad del presidente Santos de tenerlos de su lado  y son conscientes de que lo único que tiene que ofrecer el mandatario es la mermelada burocrática. ¿Alguien puede llegar a creer que al Dane, entidad que depende del Ejecutivo, no llegaran miles de solicitudes para darles puestos a los amigos de los políticos? Creo que nadie; más, cuando aquí hasta a las nuevas generaciones y a la supuesta renovación de la política les sobran agallas para pedirles a los funcionarios las listas de los empleados de las entidades que dirigen para remplazarlos por quienes hacen parte de su grupo político.

Claro que las cosas no son blancas o negras,  la historia no dice que el doctor Bustamante sea una santa paloma ni que sea el único que tiene la razón. La historia tiene un quiebre, y es que en el momento en que el Gobierno tomó la decisión de hacer el censo agropecuario, se lo comunicó al entonces director del Dane y le informaron que la idea era hacerlo en el segundo semestre de 2013; es decir, de haber cumplido, se estaría  haciendo ahora.

Lo que pasó es que en su momento, como les sucede a todos los funcionarios a la hora de pedir presupuesto, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, dijo que esa cartera no podía entregar el dinero que el Dane estaba pidiendo para hacer la medición. El doctor Bustamente, ante la negativa del ministro, se quedó enfrascado en la discusión, y en ese tire y afloje no se terminó haciendo nada.

 Hoy, cuando el censo agropecuario es fundamental después del paro campesino, se encuentra el Dane ante esa disyuntiva. Es necesario el censo, pero no es conveniente programarlo para el primer semestre de 2014. Así que lo lógico sería que ya que hemos esperado lo más, esperemos lo menos. Lo mejor sería que el censo agropecuario se programara para el segundo semestre de 2014, cuando ya hayan pasado las elecciones,  y así poder hacer las cosas bien.

Tarde, claro que es tarde, estamos en mora hace años de hacer este censo, pero esa sería la manera de evitar que algo tan serio como esto sea cooptado, como tantas otras cosas, por la politiquería.

Es mejor tarde que nunca, que el Gobierno se aguante las ganas, y el Dane programe el censo para finales del otro año.

Una cosa más: Del enfrentamiento entre la contralora Sandra Morelli y el fiscal Eduardo Montealegre saldrán a la luz episodios non sanctos sobre los intereses de ambos funcionarios en vida laboral.

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