Mensaje equivocado

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

Twitter: @ZuluagaCamila

Así no nos guste reconocerlo en las provincias, lo que sucede en Bogotá es importante para el resto del país. Por eso, con la excusa de los lectores vallecaucanos de EL PUEBLO, en esta oportunidad quiero centrarme en el distrito capital.

El discurso de la persecución política al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, marca un precedente delicado que podría tener repercusiones en todo el territorio nacional. Esta semana, a través de filtraciones en medios de comunicación y de pronunciamientos de la procuraduría, se conoció que el proceso disciplinario que adelanta el ministerio público en contra del burgomaestre va bastante adelantado.  Debido a esto el alcalde de Bogotá a través de la red social Twitter envió el siguiente trino: “Buscar por el camino fácil de la destitución lo que no pudieron lograr por las urnas, solo busca sabotear la esperanza de la Paz”.

Cabe preguntarnos si esto que plantea el alcalde de la capital es cierto. Los argumentos esbozados por este y por su abogado defensor, a través de los micrófonos de diversas emisoras radiales, se basaban en que la investigación de la Procuraduría es un equívoco mensaje para las Farc. Es un equívoco mensaje porque, según Petro, lo que se entiende de este  es que si un exguerrillero que deja las armas y llega al poder por la vía electoral, como ha sido su caso, de una u otra forma el “establecimiento” busca tumbarlo; de hecho, a esto hace referencia otro de sus trinos: Bueno, daban 300 millones para asesinarme en el 2003, Ahora hacen vaca por 20.000 millones para derribar mi gobierno. Avanzamos”.

De lo planteado por el alcalde y su equipo asesor, un mensaje construido para contrarrestar, entre otras, los múltiples ataques desproporcionados de muchos medios de comunicación,  me  surge la siguiente pregunta: entonces, como el alcalde de Bogotá es un exguerrillero del M-19, ¿no puede abrírsele ninguna investigación puesto que se trata de una persecución política?

¡Pienso que no! Si bien es cierto que Gustavo Petro no es de los afectos del procurador general, Alejandro Ordóñez, y tampoco es un secreto que en ocasiones utiliza sus inclinaciones políticas para tomar decisiones, el alcalde de Bogotá frente a sus actuaciones, por decirlo de manera coloquial, la ha sacado barata. Esta Procuraduría ha destituido y suspendido a funcionarios por  cuestiones mucho menores en las que hemos visto al alcalde de Bogotá. Esto se debe a que, en efecto, el discurso de Petro sobre la persecución política ha tenido efectos: hay temor de tomar decisiones, pues estas, sin haber sido ejecutadas, ya están estigmatizadas.

Es cierto que en Colombia a lo largo de su historia se ha perseguido a quienes han querido gobernar de manera diferente. Quienes han querido mantener el statu quo han acudido a todo tipo de estrategias,  unas sanas y otras no tanto, para no permitir que otras corrientes políticas lleguen al poder. Sin embargo, la estrategia del alcalde de Bogotá no se puede basar en eso. Ha habido negligencia en su administración, él mismo lo sabe y su círculo más cercano también. No pueden venir a argumentar ahora que la búsqueda de evitar que eso suceda es una persecución a su forma de gobernar.  No se le puede olvidar al mandatario que la capital de la república ha sido tomada por la izquierda colombiana, y a la derecha le ha quedado imposible recuperarla.

La izquierda ha tenido su oportunidad y lamentablemente no la ha sabido aprovechar. Es un dolor para quienes esperábamos una visión y forma de país distintas ver que quienes representaban esa posibilidad terminaron robando, igual que lo ha hecho la clase política en Colombia durante décadas, o no supieron administrar y son ineficientes, como es el caso que expongo.

No puede pretender, entonces, usted, señor alcalde de Bogotá, no ser objeto de control por parte del Ministerio Público, como lo es cualquier mandatario. Entendemos, como lo han expresado usted y sus abogados, que su proceso ha avanzado mucho más rápido que otros que ha adelantado la Procuraduría, pero eso no puede implicar que usted le envíe un mensaje al país diciendo que esto que sucede con usted es lo que intuyen las Farc puede suceder con ellos: que el destino de la insurgencia que quiere dejar las armas y entrar a la vida política es verse derrocada por medios jurídicos y leguleyos. Porque, según eso, estaríamos entonces condenados en este país a tener que aguantarnos mandatos ineficientes de aquellos desmovilizados que quieran entrar a competir en la arena política, pues querer que sean objeto de control va a ser entonces sinónimo de persecución.

Más bien debería sumarse y plantear una discusión de fondo y no meramente personal, sobre la conveniencia para el país de que un ente como la Procuraduría, con un representante elegido por el Congreso de la República, esté en capacidad de suspender e inhabilitar el mandato de un funcionario elegido popularmente. Ese debería ser el debate, aquel que le sirve a todo el país, y no simplemente el que le sirve a su ego. Aproveche esta oportunidad que le han dado sus electores para demostrar que gobernar con ideas distintas es posible y mejor para el país. Por favor, no siga mandando el mensaje equivocado, aquel de la teoría de la conspiración.

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