Mi papá nunca me dijo que la danza era cosa de niñas: Fernando Montaño

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No ha llegado a los 30 años y ya ha sido estrella en los más renombrados teatros del mundo, ha bailado para la reina Isabel, para Michele Obama, entre muchas personalidades, y es posible que pronto lo veamos en el cine. Pero antes fue migrante, a veces con documentos, a veces sin ellos. Y antes, aguantó hambre. Más atrás en el tiempo era un niño que jugaba solitario en las calles de esa Buenaventura de la que casi siempre hablamos con vergüenza, pero de la que él hoy nos hace sentirnos esperanzados.

Claudia Palacios: Por qué hace este esfuerzo tan grande de venir con sus compañeros del Royal Ballet de Londres a la reapertura del teatro Colón en Bogotá?

Fernando Montaño: Es muy importante aprovechar este momento que vive Colombia por el cambio de imagen a nivel internacional, en la economía, en el deporte y en las artes. No se trata solo de dar oportunidad a la gente que tiene cómo acceder al teatro sino de educar a las nuevas generaciones, de ayudar a los más desfavorecidos y darles ese contacto directo con el grupo de bailarines con el que vengo acompañado

C.P.: Seguramente lo hace porque es la oportunidad que usted hubiera querido tener…

F.M.: Exactamente.

C.P.: ¿Cómo es su aproximación con el ballet?

F.M.: Yo hice tango, milonga, folk, salsa, pero no fue sino hasta los 12 años que me inicié en INCOLBALLET. Fueron bastantes años en los cuales tuve la pasión pero no la oportunidad de desarrollarla. Por fortuna, y gracias a Dios, tengo las condiciones físicas requeridas y por ello he logrado lo que tengo hasta ahora.

C.P.: Claro, porque los estudiantes de ballet inician cuando son más pequeños…

F.M.: Desde luego. Para ser bailarín de ballet usualmente se debe comenzar a los 7 u 8 años.

C.P.: ¿Por qué no hizo ballet desde esa edad?

F.M.: Yo nací en Buenaventura y allí no se tiene esa cultura.

C.P.: ¿Pero cuando se inició por qué lo hizo con el tango y no con el ballet?

F.M.: Porque nunca encontré un lugar donde pudiese hacerlo. Incluso cuando fui al conservatorio de Cali se dio porque mi madre en esos días tuvo una discrepancia con la directora de la academia de tango. Se molestó porque con mi edad –tenía 11 años-  daba clases a personas mayores, o sea, que en vez de ir a aprender estaba yendo a enseñar. Por eso me sacó de la academia y me llevó al conservatorio, y ahí le recomendaron a mi mamá que me llevara a INCOLBALLET.

C.P.: ¿Después que sucedió?

F.M.: Pase las audiciones y estuve por dos años. Luego gané una beca de estudios para ir a Cuba a los 14 años.

C.P.: ¿Con esa edad viajó a Cuba?

F.M.: Si, y luego a Italia cuando tenía 19. Llevo en Europa casi 9 años.

C.P.: Cuando uno oye lo que sucede en Buenaventura con las casas de pique y las fronteras invisibles, y luego se encuentra con historias como la suya, se renueva la esperanza al saber que en medio de esa violencia pueden surgir estrellas. ¿Cómo fue que no se resignó a la pobreza y a la violencia?

F.M.: Una de las cosas claves ha sido mi familia. Mi padre y mi madre, que en paz descansen, siempre me apoyaron aunque no supieran qué era el ballet. Y cuando comencé a ganar becas se emocionaron y entendieron que yo era bueno en esto y que era una gran oportunidad para mí.

C.P.: ¿Nunca le dijo su papá, siendo un hombre para el que la fuerza es importante porque trabaja como cargador de bultos, que el baile era para niñas o cosas por el estilo?

F.M.: No, nunca. Yo hice fútbol un tiempo, pero fueron mis padres quienes me guiaron por el camino correcto para encontrar mi vocación. También mis hermanos han hecho mucho sacrificio para que yo pueda estudiar, porque aunque he ganado becas, como la de Cuba, ésta era solo para estudiar, no para alimentarme, esa parte la pagaba mi familia.

C.P.: ¿Nunca estuvo tentado a ser victimario o propenso a ser víctima de la violencia?

F.M.: Cuando nos mudamos a Cali llegamos a Aguablanca. Mis recuerdos son de jóvenes fumando marihuana y robando. El ambiente era bastante difícil.

C.P.: ¿Lo invitaron a formar parte de alguna pandilla?

F.M.: Nunca, ya que siempre he sido muy independiente, siempre he sabido qué es lo que quiero para mí. A veces prefería jugar solo, con mis carritos o mis historias, para evitar las peleas con los demás.

C.P.: O sea que haber sido un solitario lo salvó de la violencia…

F.M.: De cierto modo. Yo he sido calmado, pausado, hasta en mi modo de hablar.

C.P.: Ya que habla de la forma de hablar, veo que usted ni habla como el estereotipo del acento del negro, ni camina como negro, ¿Cómo le va con esos estereotipos?

F.M.: Las personas se sorprenden cuando les digo que soy de Buenaventura y me dicen que no parezco colombiano, que parezco cubano o brasilero. Con los estereotipos, me ha afectado únicamente en los aeropuertos en España ya que me ponen problema para entrar por ser colombiano. Más allá de eso nunca he sentido la presión del tener que actuar o comportarme de determinada manera por ser de Buenaventura.

IMG_2256C.P.: Pero usted no se parece al prototipo porque decidió no parecerse a eso que lo rodeaba?

F.M.: Recuerdo que cuando estuve en Cuba ellos tienen una forma particular de hablar. La puedo imitar pero nunca tomé ese acento. Por ende pienso que es un tema de identidad en el que yo soy como quiero ser. Con lo del acento pienso que es por haber estado en varios países por lo cual trato de ser neutro, pero si voy a Buenaventura un mes seguro se me pega nuevamente el acento.

C.P.: ¿Volvería a Buenaventura para vivir?

F.M.: No sé si a vivir ya que Londres, donde vivo, es el lugar idóneo para mi carrera. Frente a Buenaventura siempre tendré lazos muy fuertes. Ahora mismo trabajo con Findeter para crear un centro de arte que hoy no se tiene en la ciudad. Con el trabajo social que desarrollo encuentro que hay mucho talento y muchos deseos. Uno puede ver el deseo de los niños de ser alguien en la vida y si se les proporciona un medio para que hallen su talento en música, arte o drama, y fundamentalmente con el dominio del inglés, podrán salir adelante. Ya hice una pequeña donación con el proyecto, y el gobierno ya lo aprobó. Sería muy satisfactorio ver progresar a uno de estos jóvenes que uno ayuda.

C.P.: ¿Nunca se ha sentido inseguro o con temor en Buenaventura?

F.M.: A pesar de que mis visitas son cortas, puedo decir que me siento más bien emocionado y no asustado en estar allí. Uno siempre tiene reservas de todas maneras por lo que se escucha de allí, pero pienso que, como con otras partes del mundo, hay exageración de los medios con ese tema.

C.P.:  Ahora hablaba de la importancia de hablar inglés ¿Qué experiencias vivió por no saber el idioma?

F.M.: Los primeros dos años fueron muy duros. Menos mal quienes hacemos ballet tenemos el francés como lengua universal, para la terminología del baile. Y hablo italiano porque viví en Italia. Pero en Londres fue especialmente difícil cuando al inicio me daban indicaciones de hacer giros a la derecha o a la izquierda y yo respondía con movimientos contrarios chocando con los demás bailarines, me daban qué miradas!!! Me costó dos años comenzar a expresarme mejor con los demás. Mi mejor forma de expresión es la danza pues estando en escena olvido el dolor y las cosas malas que me han pasado.

C.P.: ¿Qué fue lo último que le dijo su mamá?

F.M.: Recuerdo que ella en vida me decía que ojalá fuera Fernando el ‘Grande’.

C.P.:  Usted habló por teléfono con ella cuando estuvo enferma…

F.M.: No. Cuando ella estaba así no quería generarme preocupación. Ella era muy joven, tenía 45 años. Tenía lupus pero se lo detectaron tardíamente y le dieron dos fallos en el corazón. En una semana sucedió todo y nunca la pude ver. Un día me llamaron y me dijeron que llamara a la casa. Quedé en shock. Afortunadamente la compañía me brindó mucho apoyo para venir lo más pronto posible, pero por ser colombiano fue difícil ya que en todos los países nos exigen visa y encontrar vuelos que me sirvieran no fue fácil. Ya habían pasado tres días de la muerte de ella y me decían que ya no podían mantener más el cuerpo de mi mamá. Al final encontramos un tiquete que salía de Londres, iba a París, luego a Sao Paulo, de allí a Bogotá y finalmente a Cali. No la pude ver finalmente pero me quedé con el recuerdo de una mujer alegre y fuerte…

C.P.: Pensando en todas las posibilidades que da el arte para sanar, ¿no ha tenido un contacto posterior con ella a través de su danza, a manera de despedida?

F.M.: Aún no, pero siempre que salgo a escena le pido que me proteja.

C.P.: Seguramente donde esté lo protege a usted. Por otro lado, ahora que le veo su cuerpo perfecto y con músculos marcados, ¿cómo es su rutina de cuidados?

F.M.: En el Royal Ballet iniciamos la clase a las 10:30 de la mañana, dura una hora y quince minutos. Hacemos una pequeña pausa y al medio día hacemos ensayos de repertorio. Si tenemos espectáculo terminamos los ensayos a las 5:30 p.m. para descansar dos horas antes del evento que fácilmente puede durar este unas tres horas. En general el ballet es intenso.

C.P.: Todos los días baila por largas horas…

F.M.: Sí. El único día que tengo libre es el domingo y uno que otro sábado. En el verano tenemos cinco semanas libres y una en el invierno.

C.P.: ¿Cómo se cuida con la alimentación?

F.M.: Mi instrumento es mi cuerpo, lo cuido para tener una carrera larga. En las mañanas consumo té verde antes de desayunar para limpiar el organismo. Luego desayuno 4 vitaminas y frutas. Al almuerzo como ensaladas, carnes y básicamente proteínas y carbohidratos. Para la cena lo mismo pero un poco más ligera.  No como mucho pan.

C.P.: Los tiempos del hambre en Cuba ya no volvieron…

F.M.:  (Risas) Afortunadamente no. Cuba fue una gran escuela para mí porque me fortaleció en muchas áreas como artista y como persona. Primero por la educación y luego por la calidad de la gente que me acogió. Tengo otra familia allá, mi abuelita Aidé, con quien cosíamos y pegábamos botones para tener con qué comer. Eso nunca se olvida.

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C.P.: En esas épocas duras ¿Qué se decía a usted mismo como trabajo mental para poder bailar a pesar de tener el estómago vacío?

F.M.: Me lamenté muchas veces por la situación tan dura. Pero el sentir que mientras bailo hallo la libertad total me resulta gratificante.

C.P.: Entonces de Cuba solo hay recuerdos positivos…

F.M.: No, hubo muchos momentos difíciles, de crisis. A veces cuando me toca esperar el bus tres horas me preguntaba “¿qué estás haciendo aquí?” Gracias a la fortuna de tener el ballet me sobrepuse y eso es el motor que me hace seguir continuamente.

C.P.: ¿Hasta dónde va a llegar con tu carrera?

F.M.: Mi gran sueño es ser primer bailarín en el Royal Ballet. Ahora me han promovido a solista y estoy a solo un paso de lograrlo. Otro gran sueño que tengo es ser embajador de la Unicef. Espero el próximo año incursionar en el cine con el director de Harry Potter quien es, junto a su esposa, uno de mis más grandes admiradores. Eso ya está en planes.

C.P.: ¿Para hacer un papel bailando?

F.M.: No, en el rol protagónico. Estas son cosas que nunca esperé pero que creo en que es debido aprovechar las oportunidades que la vida te da.

C.P.: O sea que ahora sí va a ser su Billy Eliot, que es como lo llaman algunos.

F.M.: Sí, así me dicen a veces, y aunque hay muchas semejanzas también hay diferencias entre mi historia y la de él.

C.P.: ¿Algo más que quiera agregar?

F.M.: Es importante para los jóvenes fijarse metas en la vida y tener mucha disciplina, perseverancia y constancia. Siempre habrá momentos buenos y malos que lo llevan a uno a preguntarse si vale la pena o no lo que se está haciendo. Por ello es importante estar muy seguros de sí mismos y de lo que quieren.

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