Miguel Calero: La tristeza por su muerte hizo recordar la inmensa alegría de su vida

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Fue feliz. Reía y hacía reír. Provocaba a los contrarios y hacía lo que hacía con toda pasión. Nunca pasaba desapercibido y se hacía querer como pocos. A Miguel Calero lo idolatraban los hinchas de los equipos por los que pasó y le profesaban gran afecto los que desde las tribunas de detrás de las porterías lo insultaron sin descanso, partido, tras partido.

Miguel Calero tuvo su última temporada en Colombia con Atlético Nacional antes de irse en el 2000 a Pachuca

Miguelito, que había nacido en Ginebra, en el Valle del Cauca, a una hora de Cali, desafiaba a la hinchada contraria haciendo todo tipo de musarañas para llamar la atención. Fue uno de los mejores porteros en la historia del fútbol mexicano, un país que produjo a Campos que estuvo en cuatro campeonatos mundiales. Guardameta, pero decisivo en instancias vitales para anotar goles y dar alegrías a la afición en juegos importantes como un paso a una final. Así es recordado Miguel Ángel Calero Rodríguez por todos los seguidores del fútbol, cuya vida se apagó a los 42 años de edad.

La conmoción que causó su muerte resultó ser un sentimiento espontáneo de quienes desde la tribuna no salían de su asombro cuando volaba de palo a palo, y que se contagió hasta para quienes no lo vieron jugar. Un hombre que generaba tanta admiración, que producía tanto cariño, tenía que ser un hombre bueno.

Comenzó a jugar desde muy niño. Su hermano, Manuel, que también era arquero, lo llevaba a los entrenamientos, admirado de su agilidad para estar en el arco, a pesar de lo cual, Calero no comenzó su carrera en la “posición maldita”, sino en la de los ídolos que hacen los goles. En el Real Independiente de Ginebra se hizo profesional y se formó como tantos otros héroes del fútbol colombiano en la escuela Carlos Sarmiento Lora, para pasar unos años después a su equipo amado, el Deportivo Cali.

Miguel Calero llegó a ser considerado el sucesor de René Higuita por su vistoso fútbol como arquero tricolor

Perteneció a la más brillante generación de arqueros de fútbol que ha dado Colombia. Óscar Córdoba, Faryd Mondragón y él constituyeron un trío, nacido en el Valle del Cauca, formado en una sola escuela, uniformados los sentimientos alrededor del verde caleño, lo que fue una fortuna pero también una limitante. Calero tuvo que ver muchos partidos desde el banco de suplentes porque Oscar o Farid, con quienes prácticamente creció, tenían la titular indiscutible. Los tres ser hicieron ídolos en el rol de porteros, ese que la legenda dice que donde pisan nunca más crece el césped.

Su debut se presentó en el ya desaparecido Sporting de Barranquilla en la temporada de 1990, jugó un par de años y regresó a su casa, el Deportivo Cali, en donde finalmente se le abrieron las puertas para ser el guardián de ellas.

La afición caleña lo recuerda con emoción porque su genialidad en el arco aportó mucho para que la amenaza verde volviera a ser campeón en 1996, después de esperar 22 años para lograrlo. Los goles del Guigo Mafla y las atajadas de Calero resultaron ser la combinación perfecta para alcanzar la estrella.

Tuvo además un paso por el Atlético Nacional en donde también se coronó campeón en el año 1999.

Miguel Calero salió campeón con el Deportivo Cali, donde además marcó dos goles

Sus brillantes atajadas le sirvieron para ser llamado a la Selección Colombia de mayores en 1995 y participar en la Copa América. El ‘Show’, sobrenombre que llevó durante toda su carrera deportiva debido a sus arriesgadas salidas de la portería, alcanzó con el Cali una hazaña que ninguno otro ha podido repetir: ser el primer y único arquero en conseguir dos goles con balón en movimiento, de los cuales, uno hecho desde mitad de cancha.

Después de ser ídolo de Nacional se fue a México, a uno de los equipos más respetados del la liga azteca, el Pachuca. En el conjunto Tuzo, el ‘show’ mantuvo la jerarquía por la que se le conoció en Colombia, imponiendo orden en el equipo, evitando que su escuadra saliera vencida en cada jornada. Se hizo mexicano, se convirtió en ídolo y será el símbolo de un equipo al que también ayudó a ser varias veces campeón.

Con el pasar del tiempo Calero, o el ‘Condor’ como también era llamado, fue convirtiéndose en una de las figuras infaltables dentro del terreno de juego. Haciendo honor al sobrenombre, Miguel, como con grandes alas, volaba para defender su pórtico, sin importar los riesgos. Con el equipo mexicano disputó 395 encuentros, ganó 4 títulos locales, 4 Ligas de Campeones de las Concacaf, una Superliga y una Copa Sudamericana, convirtiéndose en uno de los colombianos más ganadores fuera de las tierras cafeteras.

La afición tuza considera a Miguel como un ídolo, escalafón que pocos pueden conseguir en un equipo de fútbol. El ex portero de la Selección Colombia, en una de las últimas entrevistas que otorgó, una de ellas a EL PUEBLO, mencionó que con el Pachuca tuvo muchos momentos inolvidables que lograron marcarlo, pero “creo que un momento que nunca voy a olvidar fue el día que tuve la oportunidad de marcar el gol de cabeza al equipo de Jaguares de Chiapas, para quedar al final empatados 3-3. Ese fue momento inolvidable”.

Contra Los Ángeles Galaxy, Pachuca tuvo en Miguel Calero una joya histórica al ganar la final de la Liga de Campeones de la Concacaf al atajar un penal a Landon Dónovan

Así mismo, el inolvidable guardameta vallecaucano comentó que en su vida profesional a pesar de haber ganado gran cantidad de títulos y reconocimientos, le hizo falta algo, haber participado en un Mundial de fútbol con la Selección Colombia, “eso me dejó un poco incompleto”, aseguró.

Con una gran capacidad física llevó una enfermedad que terminó haciéndole perder el partido definitivo. En el 2007, el ex portero colombiano había sufrido una trombosis en uno de sus brazos minutos antes salir a la cancha para disputar un encuentro de fútbol vistiendo los colores del Pachuca, por tal motivo, Calero tuvo que retirarse seis meses mientras avanzaba su recuperación.

Desde ese día nada fue igual. Calero no paraba de hacer reír y de mostrar su deseo de vivir pero tuvo que retirarse del fútbol activo a pesar de que él hubiera querido seguir tapando varios años más.

A pesar de estar conciente de la gravedad de su enfermedad seguía lleno de planes para el futuro. Se desempeñaba como director de porteros del Pachuca, tenía en mente conformar una escuela de proyección internacional, además, estaba preparándose para alzarse con un título más, en esta ocasión, el de director técnico; los cursos los adelantaba en el país mexicano, las clases las terminaba en noviembre y en el mes de marzo recibiría el ‘cartón’ que lo certificaría.

Ya había tenido conversaciones con su compatriota y también jugador de fútbol saliente de la cantera del Deportivo Cali, Mario Alberto Yépez para regresar al país y a la institución que los vio nacer como futbolistas e intentar ponerse al frente del equipo ‘verdiblanco’.

“La verdad me gusta enseñar, uno como hombre del fútbol no puede retirarse de las canchas y dejar a un lado todo lo que aprendió.” La hinchada tampoco lo quería lejos de las canchas, por eso lo lloró tanto, sin embargo Calero dio tantas alegrías que la profunda tristeza de su muerte sirvió para recordar tantas tardes maravillosas en el marco del “Show” del que fue gran protagonista.

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