Minería y medioambiente

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Álvaro Guzmán BarneyPor Álvaro Guzmán Barney
Director del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Recientemente se llevó a cabo un Foro sobre la situación de la minería en Colombia en la Universidad Autónoma de Occidente. A manera de introducción, se presentó un video del periodista Mauricio Gómez, realizado para el Noticiero CM&, con el que le otorgaron el premio de Periodismo Simón Bolívar. Este trabajo, de muy buena calidad técnica y periodística, presenta una visión crítica de la gran minería y de su impacto sobre el medioambiente. Especialmente se refiere a la minería agenciada por empresas multinacionales y al caso del carbón y del níquel, aunque toca también el tema de los hidrocarburos y del oro. En el documental hay argumentos en varios sentidos: las grandes compañías imponen sus reglas ante un Estado débil que no regula los intereses nacionales, económicos y sociales. Se trata, ante todo, de procesos extractivos y de exportación de riqueza que tienen un impacto muy bajo sobre la economía regional y nacional, en términos de incentivar procesos de acumulación y desarrollo locales y fomentar el empleo.

Esto se refleja, además, en las condiciones de bienestar de las poblaciones locales, especialmente las condiciones de salud. Pero, siguiendo el documental, el impacto ambiental de las grandes explotaciones mineras es muy grande, altamente desfavorable para la sociedad y no tiene reversa. El aire, los bosques, los ríos y la calidad del agua, las capas vegetales y la misma conformación geológica varían sustancialmente y de manera negativa para la fauna, la flora y los humanos. Terminado el documental, el espectador queda con un sentimiento de indignación e impotencia ante un problema de tal magnitud. En el fondo, se cuestiona que una locomotora para el desarrollo nacional se pueda pensar desde una minería de este tipo, que recuerda hoy lo que se llamó en la época de la sociología de la dependencia, economía de enclave.

En un punto distinto de la agenda del Foro se presentó un grupo de mineras y mineros  del municipio de Buenos Aires, Cauca. Este es un caso muy distinto que también debe verse críticamente. La minería que desarrollan se dedica a la extracción de oro, es de baja tecnología y la vienen haciendo, desde tiempos coloniales, en Reales de Minas, por parte de grupos étnicos negros con rasgos familiares. Pero han tenido amenazas con la llegada de compañías de extranjeros, desde las primeras décadas del siglo XX; también se han vinculado recientemente empresarios nacionales conocidos como “los paisas”.  Al lado de estos últimos, que cuentan con tecnología avanzada, se ha organizado una “cooperativa de mineros”, en general conformada por hombres afros, aunque no exclusivamente, que desarrollan una  minería de socavón en condiciones técnicas y de seguridad precarias. El material extraído que se deja a un lado como deshecho, es trabajado por las mujeres en una  dura labor en la que utilizan mercurio. El daño ambiental también es incalculable. En gran medida, por la utilización de dragas y de tecnología por los empresarios nacionales, pero también por las formas artesanales de explotación minera. Las mujeres argumentan que ellas limpian el río y siembran árboles. Mineros y mineras dicen que, con la asesoría de la Corporación Regional del Cauca (CRC), construyen depósitos adonde conducen el mercurio  “…para evitar que llegue al río Cauca”. En este caso, como asistente del Foro, quedé con la sensación, en relación con este tipo de explotación minera, que se trataba de una actividad muy diferente desde el punto de vista socioeconómico, pero que no se estaba haciendo bien, que requería de apoyo y de asesoría del Estado.

Finalmente, pudo llegar al Foro, en medio del caos del tráfico aéreo, el profesor Guillermo Rudas quien hizo una excelente exposición, sobre los enormes costos económicos y fiscales que representaba la minería a nivel nacional.  El profesor Rudas cuestiona con cifras el aporte de la minería al desarrollo regional. También cuestiona la participación del Estado en las rentas mineras y pide reformas urgentes a la situación actual.  Indudablemente, una vez más, se puede afirmar que los estudios académicos van adelante en el análisis de los problemas nacionales. Pero éstos no se reconocen en las instancias de poder y, menos, se difunden entre la opinión pública con efectos prácticos. Queda una enorme tarea para las universidades, no sólo en hacer investigación sobre el tema, sino también en difundir los resultados y el conocimiento para que pueda ser apropiado por la sociedad y por el Estado como política pública.

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