Momento histórico

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cesar lopezPor. César López

@cesarlopez_

Es una lástima que la política, algo tan importante y fundamental, la hayamos convertido en lo más asqueroso y repugnante que tenga Colombia. Y las próximas elecciones presidenciales son un claro ejemplo, con la demostración del alcance que tiene la clase política tradicional al espantar a los votantes de opinión, polarizarlos y reducirlos, para ellos garantizar que no van a perder el poder y que sus maquinarias y estructuras, armadas de corrupción, politiquería y clientelismo, saldrán triunfadoras el próximo 25 de mayo.

Consiguieron dividir a los colombianos entre Santos y Uribe, a partir de escándalos que se convirtieron en grandes shows mediáticos que atrajeron la atención de todos, caímos como tontos útiles a los propósitos de detener cualquier posibilidad de ascenso de candidatos de opinión como Enrique Peñalosa. La fórmula fue la de cambiar el debate, las ideas y la discusión sobre el futuro de Colombia, por peleas básicas e insultos, llevando todo al plano personal, apartándose de un tema serio y crítico que es la presidencia de nuestro país.

Sí, volvimos a caer en la trampa, la misma que acabó con la Ola Verde hace cuatro años, cuando el sentimiento de cambio y desprecio por esa clase política tradicional que viene robando a los colombianos, se convirtió en una gran movilización de ciudadanos que de forma libre se identificaron con un partido y un candidato presidencial. Pero los políticos de siempre una vez más triunfaron a través de guerra sucia y tergiversando las declaraciones de Antanas Mockus. De nuevo, el país cambió al candidato decente y honesto, por el político mentiroso y falso. Hoy podemos evidenciar que algunos temas que le quitaron votos al candidato Verde fueron los de reactivar las relaciones de Colombia con Venezuela y de manifestar que se necesitaban más impuestos; y ahora nos damos cuenta que Santos hizo todo lo que dijo que no iba a hacer: se convirtió el nuevo mejor amigo de Chávez y subió los impuestos, a pesar que había dicho que juraba no hacerlo, hasta se comprometió a escribirlo en piedra.

Somos una sociedad sin memoria, nos gusta que nos mientan, decimos que necesitamos como presidente de nuestro país a un candidato distinto, honesto, que sea parte del cambio; pero cuando ha llegado alguien así le hemos dado la espalda. Esto en gran parte porque somos presa fácil de las encuestas y campañas de desprestigio, con las que logran espantar más al electorado de opinión y distanciarlo de la política.

Hoy el tema se repite con otro candidato de opinión como Enrique Peñalosa. Un técnico, no político, no mentiroso; un hombre que dice lo que piensa y responde sin calcular respuestas populistas. Que no promete nada incumplible y que no se aprovecha de las debilidades de los otros candidatos para su provecho. Un hombre decente que no participó de las peleas entre Santos y Uribe para su beneficio, que no puso vallas en las ciudades principales por un tema de principio de Partido, que es la contaminación visual. Donde en el manejo de su discurso y publicidad fue honesto, transparente. Fue él, así no fuera el más popular.

Estamos frente a un momento histórico, que al igual que hace cuatro años invita a la ciudadanía a participar de unas elecciones donde la clase política tradicional hace hasta lo imposible por conservar el poder. Pero afortunadamente todavía hay un candidato como Enrique Peñalosa que puede significar el cambio real. Para lograr resultados distintos hay que cambiar lo que hacemos, es posible que dentro de otros cuatro años a ninguna persona con un perfil como el de Peñalosa y Mockus se midan a la presidencia, porque saben que ser competentes, estar preparados, ser honestos y participar no es suficiente; que el tema hasta ahora ha sido de plata, corrupción y narcotráfico. El llamado es a votar, y a hacerlo con conciencia, no caigamos otra vez en la trampa, este 25 es el día decisivo. #Podemos

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