Muertos, goles y culos

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@VillanoJair

jair villano

El sexto encuentro Nacional de Gestores y Redes Culturales dejó varias conclusiones. Unas obvias, otras por analizar. La perorata de Martín Barbero adormece, se queja más y argumenta menos, irónico, ¿no? Dicen que con los años se logra revertir esa aptitud adolescente.

Que en los grandes medios, o sea, los de más rating, no hay espacio para la cultura es claro. Amantes de la relatividad, no vale pena detenerse en la acepción antropológica, sociológica o biológica de la palabra cultura. De ser así, le asiste toda la razón a ustedes: pues claro que en los contenidos de los medios se refleja la cultura nacional, por eso el encabezado de esta columna: muertos, goles y culos, creo que eso me lo enseñó Germán Ayala Osorio.

Avancemos. Los telediarios no tienen periodistas culturales sino de farándula, chismorreo acompañado de la encuesta sobre si ellas o ellos creen que el tamaño importa, demandas contra el mal comportamiento de Bieber, la foto semidesnuda (y por la que uno se aguanta lo demás) de alguna de las Kardashian. Eventualmente, en CM& se acuerdan de tal evento o tal encuentro de teatro o de música, en Noticias Uno, en cambio, suele encontrarse uno con una crítica a esa homogeneidad de contenido: la cámara no muestra más que el bello rostro de la presentadora y los temas son revestidos de cultura, de cultura: el lanzamiento de tal novela, de tal disco, de tal obra. En fin. Son independientes, dirán algunos.

Dicen que a los que por cultural entendemos los 90 años de vida de La vorágine, las discusiones entre Camus y Sartre, el éxito de Murakami, los lugares comunes de nuestros críticos sobre la obra de Modiano y, desde luego, el arte, la música, el teatro y otras manifestaciones artísticas que son para “los cultos”, dicen que, a los que preferimos conocer detalles del premio que acaba de recibir Goytisolo (a quien habrá que leerlo) por las andanzas de la duquesa Alba, nos falta humildad. Algo de cierto tiene eso, los que hemos trabajado en periodismo cultural preferimos hacer una reseña sobre una nueva novela que una crónica sobre el origen del Ras, tas, tas, pero ese punto que es interesante y que se abordó en el encuentro no corresponde a este párrafo, así que a los que prefieren ver en la tele el booty de J-Lo por el momento en que Jose Eustasio decidió escribir su única obra, les propongo que sigan leyendo Tv y Novelas, que lo demás es para mamertos. Tocará seguir conformándose con el “Hay Festival”, donde se encuentra buen cubrimiento, pero que es una vez al año. (¿Soy lo suficientemente tácito?).

Corolario: en los telediarios la cultura ha sido pauperizada…

Obviamente, los que preferimos periodismo cultural por eso otro no vamos al televisor sino a revistas como La Gaceta, en Cali, o a Estravagario, ese histórico suplemento cultural que alguna vez auspició con fuerza el diario El Pueblo; sobra nombrar a Arcadia, El Malpensante, en fin, sobra decir que el contenido al que me he estado refiriendo no se espera hallarlo en la televisión sino en revistas o las secciones de algunos diarios.

Encuentra uno en estos espacios unos ‘conflictos’ más interesantes. La falta de apoyo económico, como le sucede al Malpensante (es que con ese nombre), y la forma como los periodistas conciben y presentan la cultura: el lanzamiento de La oculta, sí, pero también… es que ni siquiera sé, pero me puedo aproximar a esa especificidad diciendo que igual de cultural es la celebración de x comunidad o el festival de x artistas. Es lo que decía más arriba, uno prefiere hablar, digamos por no salir de Cali, de un libro de Benavides o de Londoño que de la ganadora del festival de Salsa o la incorporación de la salsa shocke en la ciudad. Ambas manifestaciones son culturales, pero depende de la perspectiva del periodista (y del medio) la importancia que se le otorgue a una o a otra. El reto, entonces, está en saber presentar los dos eventos, de tal forma que ninguno de los dos pierda relevancia. Bastante difícil, claro, pero como dijo alguien no hay temas buenos ni malos, hay abordajes buenos, regulares y malos.

Ahora, no nos digamos mentiras, en el periodismo cultural deambulan las mismas prácticas del periodismo político (publirreportajes, seudo-entrevistas…)

-Ahí mandaron ese libro, escriba algo–ordena peyorativo el editor que piensa si poner en primera página las declaraciones de Ordóñez o la andanada de las Farc–.

Y el periodista, al margen de si este es bueno, regular o malo, debe buscar la manera de regalar buenos comentarios. Y nadie se acuerda del escritor de editorial independiente que camina por las calles del país en busca de lectores. Sin duda, las grandes editoriales –al igual que los grandes poderes– lo pueden todo.

Mi conclusión es que hay que buscar espacio en ventanas independientes, donde el autor puede escribir de lo que quiera, sin dejarse llevar por coyunturas, donde la crítica –bien sustentada– se valore, donde haya producción intelectual, ¿y la comida? Oh Dios: ¡es verdad que los periodistas necesitan alimentarme!…conclusión: muertes, goles y culos.

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