Mujeres dispuestas a no obedecer

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Por: MiguelJ MondragónD

 Twitter: @Miguel_Mondrag

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Defensor de DDHH, Administrador de Empresas, Especialista en Gerencia Social, Gestor Social y Comunitario con experiencia en procesos de intervención social con población víctima y vulnerable en situación de pobreza extrema.

Datos que arrojan cifras proyectadas por el DANE para cerrar el 2015 muestran que en Colombia alrededor de 23.042.000 habitantes serían mujeres, en el Valle del Cauca unas 2.486.000 y en Cali, un poco más de 1.256.000 de la población correspondería a mujeres. Al contrastar cifras con el total de la población se evidencia que sin ser gran mayoría las mujeres llevan la delantera y seguirán cogiendo ventaja.

Crecen en número de población, las mujeres multiplican su incidencia positiva en bien de la sociedad, aún siguen siendo minoría en espacios de poder tradicionalmente reservados para los varones, criados para mandar, en medio de mujeres más preparadas y dispuestas a no obedecer. No se trata de una guerra de sexos o una puja de poder, sí de entender que mujeres y hombres se complementan, iguales en capacidades, en dignidad humana y por supuesto en derechos y oportunidades.

Siempre presentes las mujeres en los acontecimientos importantes de la vida: en la creación, en la preservación evolución y cuidado de la especie, en batallas para la conquista de la tierra, en las guerras por el poder, en las fundaciones, desarrollo y catástrofes de pueblos, en el crecimiento, expansión y fortalecimiento de la iglesia, en la construcción y transformación de la sociedad. Son muchas las mujeres protagonistas invisibles o relegadas a segundo plano por la presión de una sociedad machista anacrónica, ya en vía de extinción.

Prosperan los tiempos de alcanzar la paz, se habla de verdad, justicia, reparación integral con reconciliación y perdón con no repetición, de estar preparados en la era del postconflicto. ¿Y las mujeres dónde están? Medios de comunicación se han ocupado de mostrarlas como la cara triste de la guerra, el rostro de las víctimas; madres, compañeras, esposas, hijas, que lloran de dolor por la pérdida y el despojo. Ellas personifican la desgracia ¿A qué mujeres identificamos hoy como lideresas protagonistas del proceso de paz? ¿Qué mujer escuchamos en medios en primera línea, decidiendo temas fundamentales del proceso, si hay o no plebiscito por ejemplo?

Las mujeres no son solo el rostro triste de la guerra, las mujeres son mucho más que eso, merecen reconocimiento, ubicarlas en el escenario como lo que son; víctimas y victimarias, son insurgencia, son fuerza pública y son Estado, son mujeres de paz y también de guerra. Son mujeres reales, con poder o sin poder, con reconocimiento o sin él, con marido o sin él, con prole o sin ella, muchas formadas por la vida, no tantas como quisiéramos por la academia, conciliadoras y

guerreristas cuando toca. La paz duradera necesita más mujeres en cargos de poder, muchas maestras en los territorios enseñando la pedagogía para la paz.

Mujeres de la base apostándole a la paz, como las mujeres de la Fundación Paz y Bien en el oriente de Cali, Distrito de Aguablanca y Potrero Grande, ejemplo vivo del desarrollo social e integral de la mujer, con arduo y reconocido trabajo en la construcción de paz, por tres décadas consagradas al servicio comunitario, semillero de transformación con justicia social; ellas con la Hermana Alba Stella Barreto, y tantas otras mujeres ejemplo de construcción de paz en Cali deben replicar sus experiencias de opciones para una vida digna en toda la ciudad, por toda la región, en la Cali social de ahora, la Cali del postconflicto, la Cali justa e incluyente. Dígalo como quiera!

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