Mujeres en la historia oculta del pensamiento humano

0

Por Katherine Esponda Contreras

Creo que debemos cuestionar cuáles son los criterios que se utilizan para reconstruir la historia de la humanidad. Cuestionarlos es una de las maneras que tenemos de revisar los grandes dogmas que definen la forma en que entendemos el mundo y cómo nos disponemos frente a él. La pregunta por el lugar de las mujeres en dicha historia es, ahora más que nunca, fundamental. Y lo es porque potencializa una ola de reflexiones sobre las mujeres que han sido excluidas de los sistemas clásicos del pensamiento universal: artes, filosofía, ciencia, tecnología, deporte.

Sin embargo, el proyecto cuestionador apenas comienza. Se abrió la compuerta y a través del pliegue entreabierto nos asomamos a un salón gigante de posibilidades de reencontrar otras historias, otras formas de pensamiento, otras manifestaciones culturales. La pregunta que una debería hacerse es por qué. ¿Por qué tanta insistencia en ocultarnos, en deslegitimarnos, en disminuirnos?

Tal vez las mujeres no hemos sido consideradas como sujetos históricos porque la historia y la concepción colectiva que se tiene del pasado mantiene una connotación masculina. Tal vez es porque la historia la contaron desde una sola mirada. Tal vez no resolvamos el porqué, pero si nos acercamos al cómo: de hecho, hay que insistir en que esta participación no solo es desconocida, sino también silenciada, y cuando las mujeres aparecen bien sea de manera individual o de manera colectiva en las referencias culturales más tradicionales, su presencia viene acompañada de un halo de maldad, temor, negatividad e incluso desconfianza. Se trata de una sospecha permanente que planea sobre nosotras y nuestros comportamientos. Y parece que debemos estas apreciaciones a las bases fundantes del pensamiento occidental. Baste con mirar dos ejemplos de la literatura clásica para reforzar esta premisa.

El primero de ellos aparece con Hesiodo, cuando recuenta los engaños de Prometeo y los castigos que suministra Zeus frente a estos: aparece Pandora descrita como el “bello mal”, un mal necesario para los hombres, que implica tanto lo deseable como la desgracia, pues es Pandora el segundo castigo que procura Zeus ante la insolencia de Prometeo. En otra obra de Hesiodo es la culpable directa de los males de la humanidad al abrir el ánfora que contenía las desgracias posibles. Este bello mal tiene nombre propio y representa la causa de todos los males que acarrean a los humanos. Se le reconoce a Pandora su acentuada belleza, su habilidad en labores, sensualidad para hacerla irresistible en cuanto regalo, y un carácter cínico y voluble.

La mitología griega constituyó la base fundante del sistema educativo antiguo. Homero reproduce en sus mitos algunos personajes que reflejan en cierta medida estas cualidades ‘originarias’ de las mujeres: la figura de Helena como objeto de deseo y de disputa que causa el conflicto original y el desarrollo de la guerra contra Troya; Penélope, por su parte, con su ingenio malicioso demora la decisión de elegir un nuevo pretendiente en ausencia de Odiseo.

El segundo ejemplo lo encontramos en Aristóteles, quien establece una diferencia biológica entre hombres y mujeres y, sobre esta base, una jerarquía de valor entre sus capacidades y responsabilidades a nivel colectivo. Específicamente, cuando explica la naturaleza de la polis, Aristóteles señala que el emparejamiento se da entre quienes deben subsistir de manera conjunta con vistas a la reproducción de la especie. La distinción ya no biológica, sino en el orden cognitivo o racional aparece cuando afirma que unos y otras gozan de aspectos distintivos, asociando lo masculino con la mente y la gobernanza y lo femenino con el cuerpo y el servicio. La asimilación de la mujer con el esclavo dentro de la misma estructura organizativa jerárquica de la polis griega deja entrever que, en la misma línea de Hesiodo, la mujer es necesaria pero subalterna.

Hesiodo y Aristóteles forjan gran parte del pensamiento filosófico occidental. Algunas de sus ideas se reproducen más adelante. Constituyen un germen de disociación que ha hecho que las mujeres sigan siendo excluidas e invisibilizadas. Dicho esto, nos queda seguir formulando la pregunta de siempre: ¿cuál es la historia oculta que no nos han querido contar? Existen grandes esfuerzos por visibilizar el trabajo de mujeres en distintos ámbitos del pensamiento y desarrollo humano. Grandes artistas, literatas, músicas, filósofas siguen a la espera de ser reconocidas y estudiadas en los currículos universitarios. Brillantes científicas sociales y naturales, investigadoras, doctoras, deben salir del desconocimiento y la opacidad a la que han sido sometidas por tantos años por figuras masculinizadas que se aprovecharon de sus lugares de privilegio para obtener reconocimientos que a veces no merecían. Fuertes deportistas, atletas, jugadoras merecen el mismo trato y consideración en el ámbito deportivo por parte de directivas, clubes, medios de comunicación y patrocinadores.

Preguntémonos por las ausencias, a ver si desmontamos la estela enjuiciadora que le debemos al pasado. A ver si deconstruimos el mito fundante de la debilidad, de la falta de creatividad, de las limitaciones, de la sensibilidad excesiva. A ver si logramos tener el lugar en la historia que nos debemos, no como lo otro o lo secundario, sino como lo uno, lo propio.

 

 

Comments are closed.