Mujeres, violencia y medio ambiente

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Elizabeth GomezPor Elizabeth Gómez Etayo

Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

 Desde la postura teórica llamada ecofeminismo, liderado  por la científica, filósofa y escritora de la India, Vandana Shiva, se considera que la naturaleza, la tierra y el agua son femeninas, tienen esa condición porque así como la mujer y las hembras de casi todas las especies, todas las anteriores están relacionadas con la posibilidad de dar vida o de permitir que ella nazca y fluya. En contraste con lo anterior, el modelo de desarrollo que explota, modifica, somete, aprovecha y transforma esa naturaleza, la tierra, el agua y hasta las propias mujeres y hembras de todas las especies, corresponde a un modelo cuyo carácter es masculino. Esto es, un modelo que arrasa, expolia, no conserva y no propende por la protección de la vida. Puesto así, parece una división bastante taxativa y determinista que en gracia de la discusión no pretende polarizar, sino ir al fondo de la cuestión. ¿Cómo podemos calificar nuestro proceso y nivel de desarrollo, cuando a diario llegan noticias cada vez más atroces de violencias contra las mujeres? ¿Será que siempre fue así? Creo que no. Este modelo de desarrollo debe cambiar, debe orientarse para privilegiar la vida, la vida buena y la vida armónica entre las distintas especies.

La relación de las mujeres y el medio ambiente parece lógica y hasta natural. Las mujeres y la naturaleza femenina propenderían por una relación con el medio ambiente que no  arrasa, sino que conserva. En nuestra sociedad hemos llegado a tal punto de degradación, que las mujeres, como una manifestación explícita de las dadoras de vida en potencia, son, en ciertos contextos, absolutamente ultrajadas. Las situaciones de extrema violencia a las que son sometidas las mujeres son un indicador de la degradación socioambiental en la que nos encontramos. Así como se arrasan las selvas y bosques para implantar monocultivos, se secan los ríos buscando oro, se contamina el aire con los gases de efecto invernadero y se usa y abusa de la naturaleza superando sus propios límites de resiliencia, así también se usa y se abusa de las mujeres desde que son pequeñas, como si fueran un objeto que va de mano en mano, generalmente de hombres, hasta que ya no les sirve más y las desechan.

El 25 de noviembre se conmemora una vez más el Día Internacional de eliminación de todas las formas de Violencias contra las Mujeres y, de nuevo, tenemos suficientes hechos para engrosar las listas de denuncias de esta triste conmemoración. En el Eje Cafetero los hombres apuestan y juegan la virginidad de las adolescentes. En Tumaco, las usan a destajo para satisfacer un apetito sexual voraz, que parece insaciable, aupado por una cultura machista. En las ciudades capitales las violan y las arrojan a rincones oscuros. Al interior de los hogares la violencia cotidiana se presenta como el pan de cada día. En los hospitales son juzgadas por abortar, pero también por dar a luz. En las empresas son remuneradas por debajo de sus colegas masculinos. Los actores armados las violan, matan, desplazan y usan como mulas. ¿Qué sociedad es esta que les da tal trato a sus mujeres? ¿Cuál es el futuro de una sociedad donde las niñas son violentadas desde que nacen?

En contraste con este panorama asustador, nuevas mujeres se erigen y nuevas propuestas surgen. Tenemos en la arena política la posibilidad de encauzar los destinos de la nación por las rutas de las verdaderas y profundas reformas sociales que nuestro país necesita. Es preciso construir un modelo de desarrollo completamente distinto al que hemos tenido y tal vez sea una mujer quien lo puede y debería liderar.

Nota: Ingeniero Victor Gallo, Alcalde de Tumaco, declare en situación de emergencia social y de género a su ciudad y pida ya protección especial para las mujeres.

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