Mujica se va ligero de equipaje

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Uruguay es hoy un país con una amplia clase media, que llega al 68% de la población. Solo hay un 11% de pobreza y 0,5% de indigencia
Uruguay es hoy un país con una amplia clase media, que llega al 68% de la población. Solo hay un 11% de pobreza y 0,5% de indigencia

El paso de José Mujica por la presidencia de Uruguay ha marcado una época y ha despertado la curiosidad y la admiración en todo el mundo.

nuevatribuna.es |

Crónicas de América Latina |

Javier M. González 

 

El presidente de Uruguay, José Mujica, empieza a despedirse del cargo, después de 5 años al frente del mismo. Este domingo, 26 de octubre, se celebran las elecciones generales, aunque habrá que esperar al 30 de noviembre para saber a quién le entrega el mando, el 1 de marzo de 2015. Si no hay sorpresas, la elección está entre Tabaré Vázquez, del Frente Amplio, o Luis Lacalle Pou, del Partido Blanco o Nacional.

El paso de Mujica por la presidencia ha marcado una época y ha despertado la curiosidad y la admiración en todo el mundo. Se convirtió en una celebridad, como nunca antes un presidente de un país pequeño -3,3 millones de habitantes-, allá en el fondo de Sudamérica. La revista británica The Economist, declaró el año pasado a Uruguay como el país del año, y eso gracias a su presidente. Periodistas de todo el mundo han peregrinado a Montevideo para entrevistar a un jefe de Estado cuya filosofía de vida es andar con lo justo y necesario.

Cuando fue elegido presidente, hace cinco años, decidió seguir viviendo en su chacra (granja) en Rincón del Cerro, a las afueras de Montevideo, donde él mismo maneja el tractor y cultiva flores y hortalizas. Sin hijos, lo acompañan su mujer, la senadora Lucía Topolansky, y su perra Manuela, sin raza definida y con una pierna amputada. La chacra es casi su única posesión, además de dos viejos coches Volkswagen, y dona casi todo su sueldo. Su estilo de vida austero lo llevó a aclarar que no es pobre, ya que necesita poco.

Siempre defendió su forma de vida sencilla y campechana. Recordó algunos ejemplos que lo inspiraron: el general vietnamita Giap, que vivía en una aldea perdida después de la guerra, y el israelí Moshe Dayan. “Llega un momento en que tenés que morir como figura política, porque si no estás estorbando a otros”, afirmó.

En su recordado discurso en la ONU, hace poco más de un año, se refirió a su historia personal, su juventud persiguiendo el sueño de una sociedad libertaria y sin clases, pero sin olvidar sus errores, hijos de su tiempo. “Pero hay veces que me grito, quién tuviera la fuerza de cuando abrevábamos tanta Utopía”, señaló.

Partidario de un socialismo con un fuerte tono autogestionario y participativo, crítico con el capitalismo, también admitió en el libro Pepe, Coloquios, de su amigo Alfredo García: “todos los que fuimos jóvenes hace treinta, cuarenta años, vivimos aquella discusión: reformismo, revolución, todo lo demás. Resulta que las revoluciones, en general, se fueron al carajo, no quedó ni ceniza. Con la reforma no construyeron ningún país excepcional. Ahora, en general, se come mejor y se duerme mejor en donde hicieron reforma. Para los que abrazamos el credo revolucionario, no es muy placentero decir esto”.

Aunque empezó de militar en el Partido Blanco, en la década del 70 integró la guerrilla de los Tupamaros, siendo uno de sus fundadores. Fue herido y detenido varias veces, pasando 14 años en la cárcel. Protagonizó dos sonadas y cinematográficas fugas. Durante la dictadura estuvo sometido a un severísimo régimen de aislamiento y fue uno de los nueve rehenes del gobierno militar, con la amenaza de morir si había nuevas acciones terroristas.

Al recuperar la libertad en 1985, gracias a una amnistía, volvió a la militancia política en el Frente Amplio, donde recalaron la mayoría de los tupamaros. Con el tiempo sería diputado, senador, ministro de Agricultura y presidente. Y contribuyó a acabar con el tradicional bipartidismo, cuando el Frente Amplio se impuso a blancos y colorados, que se habían turnado en el gobierno del país.

El país que deja Pepe Mujica está en línea con el progreso general de los últimos años. Preguntado en los últimos días cuál sería el balance de su gobierno, contestó que no le gusta hacer ese tipo de análisis, porque “eso es una cuestión de almacenero (tendero) y yo soy un luchador social”. Pero no pudo ocultar que su mayor orgullo es haber logrado disminuir la pobreza. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que Uruguay es hoy un país con una amplia clase media, que llega al 68% de la población. Solo hay un 11% de pobreza y 0,5% de indigencia.

La economía creció, entre 2010 y 2013 a una media de 5,95%. La inflación está en poco más del 8%. El desempleo en torno al 6%. Y el PIB per cápita es de 16.351 dólares.

Seguridad y Educación fueron los puntos más flojos de su gobierno. Aunque hay que matizar: Uruguay tiene una de las tasas de inseguridad más bajas del continente, pero hay un deterioro que ha llevado a que sea el segundo país en percepción de inseguridad. En las pruebas PISA, y comparando con otros países latinoamericanos, Uruguay solo estuvo detrás de México y Chile en calidad educativa, y por delante de Costa Rica, Brasil, Argentina, Colombia y Perú. Pero obtuvo el peor resultado desde el 2003, lo que llevó al ministro de Educación a presentar su renuncia.

En las difíciles relaciones con Argentina, tuvo una paciencia infinita, consciente de que necesita de sus vecinos. Eso sí, quedó clara su opinión cuando dijo ante un micrófono que creía cerrado: “esta vieja es peor que el tuerto”, en alusión a Néstor Kirchner y a su viuda y sucesora, Cristina Fernández.

Su iniciativa más polémica es, seguramente, la de la legalización de la marihuana, que muchos otros países están ahora observando. Medida impopular, según las encuestas, así como la idea de acoger a algunos presos de Guantánamo. La polémica lo llevó a anunciar que esperaría a conocer la opinión del próximo gobierno. En los últimos días llegaron al país un grupo de refugiados sirios, estos sí con la opinión pública a favor, haciendo honor a la historia de un país compuesto en su totalidad por inmigrantes.

Una encuesta de Cifra del mes de septiembre, muestra que Mujica dejará el gobierno con un grado importante de popularidad. Un 62% de los uruguayos consultados manifestaron su simpatía por el presidente, y un 58% aprobó su gestión, cifras que han ido oscilando a lo largo de su mandato, pero siempre con índices envidiables para cualquier presidente.

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