Naim Darrechi: hablemos sobre el consentimiento

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Por Valentina Bradbury

Esta semana Naim Darrechi, el tiktoker mallorquín con más seguidores de España -26 millones- y uno de los más populares del mundo hispanohablante, dio unas polémicas declaraciones en entrevista con el influencer Mostopapi. Darrechi relata que le cuesta tener relaciones sexuales sin preservativo, por lo que nunca lo utiliza y hasta el momento, después de varios años, le ha parecido extraño no haber recibido ninguna noticia de embarazo. Como consecuencia de esa “extrañeza” decide entonces eyacular siempre dentro de las mujeres para comprobar, si en efecto, tiene alguna condición que lo hace estéril.

El entrevistador algo sorprendido con sus declaraciones, le pregunta si las mujeres no le hacen algún tipo reclamo cuando esto sucede. Él asiente, diciendo que aunque sí pasa, les responde que está operado o que es estéril, y que por tanto se encuentra impedido para tener hijos. Ante la respuesta de Naím, Mostopapi se ríe nerviosamente pero de manera cómplice, se toca la frente como reprobando las acciones del tiktoker pero considerando cómica la forma en la que logra librarse de los reclamos de sus parejas sexuales.

Es preocupante que este popular influenciador declare con la mayor naturalidad que tiene relaciones sexuales con múltiples parejas sin protección sin siquiera mencionar los riesgos de contraer una ETS o transmitirla a alguien más. Parece una verdadera ironía que ante la sospecha de ser estéril, el joven no realice unos exámenes médicos que le permitan obtener un diagnóstico fiable sobre su salud sexual y reproductiva, y en cambio mienta sistemáticamente a las mujeres poniéndolas en riesgo de un embarazo no deseado.  Lo más grave, es la violencia sexual ejercida contra sus parejas vulnerando lo más fundamental en una relación sexual, el consentimiento. Y por último, todas estas declaraciones son expuestas ante una  audiencia joven, de 27 millones de seguidores, que lo ven, lo escuchan y seguramente lo consideran un referente.

La noción del “consentimiento” y su significación política, viene cuestionando y replanteando muchas de las relaciones sexuales, afectivas y eróticas entretenidas entre los distintos géneros. Reconocer el consentimiento con quien me dispongo a relacionarme de manera sexual y/o afectiva, implica todo lo opuesto a la cosificación sexual padecida históricamente por las mujeres y de manera diferenciada por las mujeres lesbianas, las mujeres trans y las mujeres afrodescendientes. En el primer escenario existe un entendimiento que esa otra persona, es un ser humano, es un ser pensante, autónoma en las decisiones sobre su cuerpo, sobre su sexualidad, sobre su deseo y su placer. En el segundo, se genera una reducción al sexo, un desconocimiento en la dignidad humana, una vulneración a sus derechos, una negligencia frente al intelecto y a su voluntad. En apariencia, la diferencia es sencilla, pero para muchos, los matices son difíciles de entender.

He venido escuchando en diversos escenarios, una demanda por parte de hombres y mujeres frente a la necesidad de pedagogizar acerca de las violencias basadas en género y los múltiples matices dentro de los discursos y las acciones machistas. Estas solicitudes no están ausentes de polémica. Algunas posturas críticas consideran que quienes han ocupado históricamente un lugar de privilegio racial, social o de género tienen la responsabilidad de cuestionarse a sí mismos, informarse e indagar acerca de sus acciones y discursos, y no correspondería  a las feministas o a quienes hayan sufrido esa forma específica de opresión dicha labor. En derecho existe un principio denominado Ignorantia juris non excusat el cual indica que el desconocimiento de una ley o una norma no es justificación válida para su incumplimiento.

Cierto también es que cuando se develan relaciones de dominación profundamente naturalizadas en las significaciones y prácticas culturales, pueden existir dificultades en el reconocimiento y comprensión de las mismas. La violación sexual entre parejas, es aún un escenario difícil de entender para muchas personas, cuando de hecho, en las estadísticas son quienes representan uno de los principales agresores de esta forma de violencia. Ha sido igualmente revelador reconocer que el consentimiento no es libre cuando una mujer cede a tener relaciones sexuales con su pareja producto de la insistencia y no del deseo. El reconocido vídeo que compara el consentimiento con el ofrecimiento de una taza de té, es un recurso político y pedagógico extremadamente valioso que permite caracterizar las situaciones en las que el consentimiento está limitado o ausente.

Sin embargo, el problema aquí, al menos para Mostopapi, no es el de la incomprensión o la ignorancia. De manera posterior a las críticas generadas por el vídeo, él plantea que nunca estuvo de acuerdo con las declaraciones dadas por Naím y que incluso al final de la transmisión le pide a su audiencia no reproducir estas prácticas sexuales. ¿Por qué no se lo dijo directamente a él, en el momento en que el influenciador dio esas cuestionadas declaraciones?

Ya lo decía un periodista que para denominarse feminista no bastaba únicamente con reconocer la desigualdad de género, ni con intentar transformar su propio ser machista, sino también, romper con el pacto patriarcal, con el silencio cómplice frente a las prácticas y los discursos machistas que se generan entre quienes ocupan ese lugar de poder patriarcal.

 

 

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