Nelson Mandela y su relación con la revolución cubana

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Por Alejo Vargas Velásquez
Twitter: @alejovargasve

Hay un aspecto de la lucha de Nelson Mandela y del Partido Congreso Nacional Africano contra el apartheid que es poco conocido y menos en América Latina, y que en justicia debe darse a conocer: el apoyo solidario de la Revolución cubana y al presidente Fidel Castro.

Claro que Nelson Mandela merece todos los homenajes que se le hagan y muchos más, porque fue un luchador consecuente con sus ideales y un líder que fue capaz de conducir a su pueblo a un proceso de reconciliación, y eso que parece tan fácil de decir es supremamente difícil de hacer, porque choca con la pequeña mezquindad que siempre acompaña a los seres humanos.   

Mandela no se puede desligar de su historia de luchador político y social, fue un dirigente importante de su partido político, el Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés), que había sido creado a comienzos del siglo XX para luchar contra la segregación racial y social de los negros, lo que se conoce como el apartheid. Mandela inició su vinculación al ANC en 1942, y fue uno de los fundadores de la Liga Juvenil del ANC en 1944.    

Mandela dirigió a partir de 1961 el recién creado brazo armado de su partido, el ANC, denominado Lanza de la nación, con el cual desarrolló la lucha armada contra el régimen del apartheid.     

En 1962 salió de su país para recibir entrenamiento militar y buscar apoyos para su lucha y fue detenido por primera vez y condenado a cinco años de prisión por incitar a la violencia; enviado en 1963 a la cárcel de alta seguridad de Robben Island, donde se le inició el proceso de Ravonia, donde junto con otros nueve líderes de su partido, el ANC, fue condenado a cadena perpetua por sabotaje y, por supuesto, catalogado como terrorista.     

En el discurso que pronunció Nelson Mandela en su visita a  Cuba el 26 de julio de 1991, agradecía la solidaridad cubana no solo en la lucha Surafricana, sino en la lucha de Angola y Namibia y especialmente en la derrota del ejercito racista de Pretoria en la batalla de Cuito Cuanavale, todo ello interrelacionado con la solución del caso surafricano:

África tiene una gran deuda con Cuba.

”Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?

”¿Cuántos países del mundo se benefician de la obra de los trabajadores de la salud y los educadores cubanos? ¿Cuántos de ellos se encuentran en África? ¿Dónde está el país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? ¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba?

Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola —en una escala tal que nos era difícil creerlo— cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.

”Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.

”Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad.

”Sabemos que las fuerzas cubanas estaban dispuestas a retirarse poco después de repeler la invasión de 1975, pero las continuas agresiones de Pretoria hicieron que esto fuera imposible.

”La presencia de ustedes y el refuerzo enviado para la batalla de Cuito Cuanavale tienen una importancia verdaderamente histórica. ¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África! ¡Esa contundente derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía! ¡La derrota del ejército racista le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia! ¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco!

¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!

”Debo decir que cuando quisimos alzamos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda y solo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba fuimos recibidos por los más altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que queríamos y necesitábamos. Esa fue nuestra primera experiencia con el internacionalismo de Cuba.

”Aunque nos alzamos en armas, no fue esa la opción de nuestra preferencia. Fue el régimen del apartheid el que nos obligó a tomar las armas. Nuestra opción preferida siempre ha sido la de encontrar una solución pacífica al conflicto del apartheid.

”La lucha combinada de nuestro pueblo dentro del país, así como la creciente batalla internacional contra el apartheid durante la década del 80 abrieron la posibilidad de una solución negociada a dicho conflicto. La decisiva derrota infligida en Cuito Cuanavale alteró la correlación de fuerzas en la región y redujo considerablemente la capacidad del régimen de Pretoria de desestabilizar a sus vecinos. Este hecho, conjuntamente con la lucha de nuestro pueblo dentro del país, fue crucial para hacer entender a Pretoria que tenía que sentarse a la mesa de negociaciones”.

Nelson Mandela, como sabemos, permanece en prisión veintisiete años hasta que es dejado en libertad en 1990, luego de que su partido político, el ANC, ha sido legalizado ese mismo año.   

Pero lo importante para destacar en la vida de Nelson Mandela es cómo un líder que estuvo estado dirigiendo la lucha política y armada contra un régimen de minorías blancas, que ha pasado un buen trecho de su vida en las prisiones de su país, logró convertirse en el gran líder que va a conducir el proceso de negociación de su partido con el régimen del apartheid y lograr dirigir la transición hacia un régimen político que deja atrás ese pasado de exclusión; para ello no va a permitir que la lógica de la venganza y el odio se impongan sobre la del perdón y la reconciliación.   

En 1993 recibió el premio Nobel de Paz con el presidente De Klerk, y en 1994 fue elegido como el primer presidente negro de una Suráfrica democrática y justamente acompañado como fórmula vicepresidencial con De Klerk. Extraordinario ejemplo de reconciliación de esos dos dirigentes. Luego como presidente de su país logró que la Copa Mundo de Rugby de 1995 se convierta en un factor para consolidar la unidad nacional de su pueblo.    

Justamente la grandeza de Mandela está en que pese a su condición de líder político de las luchas de su país, incluido el uso de la violencia y de haber pasado un largo tiempo en la cárcel, tuvo la capacidad para dejar atrás el odio y el deseo de venganza y logró conducir a las mayorías negras de su país a refundar un nuevo Estado, en el cual tanto negros como blancos pudieran vivir sin matarse, y para ello fue fundamental el proceso de verdad y perdón que se adelantó usando como instrumento fundamental la Comisión de Verdad y Reconciliación, que les permitió a los surafricanos hacer la transición política y social hacia una sociedad verdaderamente democrática.

No hay duda de que tenemos muchas cosas que aprenderle a Mandela y al proceso surafricano; pero no se trata de pretender calcar a Mandela y la historia surafricana; lo que debemos es aprender las lecciones de cómo los surafricanos liderados por Mandela pudieron superar la exclusión y la violencia, y hacer nuestra propia tarea, con nuestras especificidades.

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