Ni coro áulico ni del comité de aplausos

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Por: MiguelJ MondragónD

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@Miguel_Mondrag

Twitter: @Miguel_Mondrag

Defensor de Derechos humanos, convencido de que sin justicia social no hay paz. Administrador de Empresas, Especialista en Gerencia Social – Líder apasionado con experiencia en procesos de intervención social con comunidades de base empobrecidas y excluidas.

Arrancamos ya este bisiesto o año intercalar 2016, año de 366 días en el que febrero tiene 29 en lugar de 28 días, salvo cuando el año acaba en dos ceros. Seguramente muchos ya tienen el Almanaque pintoresco de Bristol, para saber de predicciones sobre fases lunares para la siembra, épocas de pesca abundante, todo en cuanto fechas y festividades del país, y muchos más daticos interesantes; almanaque del que las nuevas generaciones poco o nada conocerán, en su mundo más práctico e instantáneo para qué Bristol, si el maestro Google todo se los da. Y si de hablar de predicciones se trata, las cabañuelas nos han mostrado que tendremos un 2016 caluroso, con verano y sequías, poca agua y muchas restricciones más. Incluida la del bolsillo, con un salario mínimo de hambre de $689.454, injusto, inequitativo, excluyente, que no aporta a la paz, y hasta poco legal. Dejemos a Bristol y las cabañuelas allí donde siempre estarán, como el legado de nuestros antepasados abundante en sabiduría, lógica y sentido común, cualidades que parecen negadas a gobierno y dirigentes del país.

Inició el 2016 con cambios, incluidos los cambios de gobiernos, nuevos gobernadores, alcaldes, diputados –excepto los de la Asamblea del Valle del Cauca aún no posesionados, un absurdo, vergonzante, pero aquí no pasa nada– concejos municipales, y supongo que las JAL también, nadie las menciona, nada se sabe, habría que mirar en medios comunitarios y alternativos a ver si algo dicen. Frenesí con avalancha de nuevos nombramientos, se escucha de cuotas políticas, representación burocrática, concursos de méritos, pago a favores de campaña, compromisos adquiridos con financiadores y aportantes, la lógica del “tu mes das y yo te devuelvo”. También abunda la fauna, los lagartos, muchos lagartos hasta de dos colas, vienen y van, corre que te alcanzo, van detrás persiguiendo a los nuevos dueños del poder. No dudo que en todos estos nuevos equipos de gobierno hay gente muy valiosa, capaz, inteligente, comprometida y responsable, algunas de las cualidades y características que deben asistir a todo un equipo de gobierno, ”al gabinete” y sus asesores. Una recomendación para ellos: lo que menos necesitan los gobernantes son áulicos serviles, temerosos e incapaces de hacerles ver debilidades, carencias y falencias, propias de la condición humana.

“Quien no está conmigo esta contra mí” parece ser la frase que identifica a muchos gobernantes y su séquito de funcionarios y asesores. Tremendo lío en el que se

mete quién se atreve a pensar y expresar diferente, igual ocurre en el plano personal, amigos o cercanos –muchos convenidos–, para quienes se convierte en afrenta personal y ataque directo contra sus ambiciones y proyectos, si se osa diferir de sus opiniones que hacen públicas en redes o cualquier medio de comunicación, opiniones que se convierten en verdades absolutas y reveladas.

“Yo te alabo y tú me alabas” es la consigna, requisito para merecer lisonjas y alabanzas, ser reconocido, y ojala “lo más farandulero posible”, porque el beneficio para sus propósitos es mayor, y si se tiene la fortuna de estar recién nombrado en cargo de primer nivel, ni se diga, ¡a alabar se dijo!

Gozamos de derechos y libertades, supuestamente. Se defienden ideas, valores y principios, la lealtad, lealtad ante todo por uno mismo, ante lo que se es, lo que se piensa, y lo que lo mueve a uno en este mundo. Al amigo, a la amiga –incluidos aquellos que no toleran crítica alguna– se le quiere, se le valora, respeta, y se le admira, pero también se le habla con la verdad, con respeto y decencia, se le dice la verdad, esa que pocas veces nos gusta escuchar, la misma que pocos se atreven a pronunciar. Preferible aparecer como el conflictivo, contestatario, frentero y del “amigo incómodo del hay que alejarse”, que pasar siempre de agache, como el buena gente, ahuevado y simplón, que nada dice y nunca contradice.

Pues no, tanto en la sociedad, como en los escenarios de poder, y en nuestra cotidianidad, necesitamos menos coros áulicos, menos comités de aplausos, necesitamos más gente que exprese, que corrija, que cante la tabla y que diga la verdad, esa que nos molesta tanto escuchar.

A propósito, arrancó Gardeazábal de nuevo en este 2016 con su lucidez característica, publicando sus visionarias y muy polémicas columnas del Jodario.

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