No a los límites de la libertad de opinión

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Floro-Hermes-bandaFloro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

En mi columna de EL PUEBLO, de veintitrés de agosto de 2014, titulada “¿Imprudencia de la representante Cabal?”, escribí sobre el desafortunado trino, nada asertivo, de la señora Representante a la Cámara, por el Centro Democrático, la politóloga María Fernanda Cabal Molina y el riesgo de la materialización de una “conducta imprudente”, por parte de ella.

Como resultado, muchas personas me han enviado correos-e y mensajes privados a mi cuenta de twitter, invitándome a una campaña que procure como resultado final una legislación reguladora de la opinión en redes sociales, que no en prensa, pues sobre este asunto la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dejado, a mi juicio, las cosas bien claras.

Lamento contestar por este medio, a quienes han tenido la gentileza de escribirme, que me es imposible adherir a una campaña en tal sentido porque soy liberal. Consecuencialmente, creo en la libertad de los modernos, en el goce pacífico de la libertad privada; es decir, la libertad de “hacer lo que me dé la gana, incluso dañar, pero respondo”.

Por ello, creo pertinente retomar al liberal Stuart Mill y repetir: “la única parte de la conducta de cualquiera, por la cual es responsable a la sociedad, es aquella que involucra a otros. En la parte que únicamente le concierne a él, su independencia es como su derecho, absoluta”, pensamiento que complementa Norberto Bobbio (quien aunque no es liberal) con la idea liberal de “igualdad en la libertad”, la cual pregona que debe “tanta libertad como sea compatible con la libertad ajena y puede hacer todo aquello que no dañe la libertad de los demás”.

Con esto quiero decir, que me opongo a cualquier norma que limite o establezca el escribir en las redes sociales, pues comparto con ese gran liberal que es Tocqueville que “cada hombre trae consigo al nacer un derecho igual e imprescriptible… a disponer como le parezca de su propio destino”. De aquí defiendo que quienes escriban puedan hacerlo como a bien quieran, y en ejercicio de disponer del propio destino, que responden. Para eso existen las normas penales y procesales penales.

Me avergüenza tener que aceptar, ante propios y extraños, que me representa en el Congreso de la República alguien de pensamiento tan elemental, fundamentalista y nada democrático, como es la politóloga María Fernanda Cabal, pero no por ello, puedo caer en la tentación de atentar contra las libertades, las cuales considero que debemos ampliar mucho más dentro de nuestro país.

En conclusión, que en nombre de ese liberalismo (que tanto aborrece el Centro Democrático) me declaro tolerante de cuando diga o exprese la señora representante Cabal Molina, así vaya más allá y llegare a utilizar un lenguaje agresivo, provocador e, incluso, insultante, y me opongo a que se le coloque una mordaza, pues la libertad prima sobre todo.

Ya si trasgrede la frontera del Código Penal, que lo decidan los competentes, pero dejemos que ella disponga de su destino como le parezca. Al fin y al cabo, la libertad no quiere decir impunidad.

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