No coman cuento

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Por Mábel Lara

La historia comienza tras la primera rueda de prensa del presidente de los Estados Unidos Donald Trump en medio de la incertidumbre por conocer los detalles de uno de los mandatarios más xenófobos, racistas y machistas de nuestra época. Apareció en los debates, en los análisis y en las tertulias. El mandatario señaló con su ya reconocido chasquido de dientes y su dedo inquisidor a un periodista de Cnn mientras se negaba a escuchar su pregunta y vociferaba fake news, noticias falsas. Desde entonces se ha dedicado a desvirtuar a poderosos medios de comunicación como New York Times y la misma CNN sobre los escándalos de espionaje, intereses económicos y alteración de las elecciones que lo rodearon.

Las fake news o noticias falsas no aparecieron por primera vez en la campaña presidencial de Trump, la estrategia se remonta incluso a la segunda guerra mundial y bajo el mandato de Hitler quien apoyado en la prensa y los movimientos nazis consolidó el poder de Alemania con propaganda que alimentaba los odios por los judíos y fortalecía su proyecto de expansión de la raza aria, la cual debía convertirse en la nueva raza de Europa.

Obama no nació en los Estados Unidos, el Papa apoya a Donald Trump, Hillary Clinton vendió armas a ISIS o recientemente la frase en twitter del Presidente electo donde señala que cualquier encuesta que califica negativa su labor es una noticia falsa, hacen parte de los incontables titulares que desde el 2016 han aparecido en las redes sociales, terreno fértil para la divulgación de cualquier tipo de información.

Sin irnos muy lejos, y más allá de la polémica de unos chuecos acuerdos de paz, en Colombia en plena campaña por el plebiscito miles de electores decidieron su voto gracias a la expansión de información a través de las redes sociales. Historias inverosímiles que alimentaron los odios y el desasosiego que siempre ha acompañado al colombiano en medio de décadas de conflicto armado. Los errores, la impredecibilidad del futuro, la desconfianza en las instituciones por hechos de corrupción, la inseguridad, hoy por hoy tienen minada la confianza de gran parte de las audiencias en nuestro país. Incluso lectores formados, educados están cayendo en la trampa de las fake news.

La ecuación es muy sencilla desde portales y redes como Facebook y twitter los lectores se conectan con sugestivos titulares como ¨en exclusiva vea la bruja que ronda las noches en Seattle¨ ó ¨la verdad sobre las salchichas que nunca le contaron¨. Cuentos creados para engañar, como por ejemplo el de alguna celebridad que respalda a un candidato, bromas que saturan los medios de comunicación, anécdotas fuera de contexto, episodios de ciencia ficción o nutrición, desprestigio en general. Lo que asusta es la mutación de las fakenews que desborda cualquier tipo de control. El termino ya ha sido coaptado por políticos y comentaristas para significar cualquier cosa con la que no están de acuerdo, incluso para atacar a sus opositores o los medios de comunicación convencionales.

Muchos me dirán que la cruzada contra los medios es válida, que están cansados de las mentiras de los políticos, que algo de cierto traerán esos rumores convertidos en noticias y mi propuesta hoy más que nunca es a desempolvar ese oyente, ese lector, ese televidente crítico que valore las preguntas fundamentales de la democracia informativa: ¿esto que estoy leyendo a quién beneficia? ¿Qué experiencia tiene la persona que me cuenta esta información sobre el tema? ¿De dónde salió esta información, quién lo publica? La duda, la incertidumbre, el no tragar entero que nos enseñaron desde pequeños.

El triunfo del Presidente Donald Trum ha disparado la preocupación por las noticias falsas y la muy mala noticia es que inteligentemente su grupo asesor ha disparado el transmisor de las convicciones previas, el sesgo de información que llevamos dentro. La explicación psicológica a todo esto es que como seres humanos tenemos una incapacidad para ser 100% objetivos y damos el mismo valor a todos los puntos de vista. Nuestro cerebro es hedonista y las noticias falsas responden a esas convicciones previas que poseemos: los políticos son corruptos, los medios nos manipulan, la comida esconde otros misterios, en general nos están engañando.

El esfuerzo es inmenso en la era de las fakenews, el reto para los reporteros proviene de derribar las mentiras de uno y otro lado; ya no solo nos vemos abocados a contar la verdad, a relatar lo que está pasando, ahora la tarea es desvirtuar las noticias falsas. En estas pocas líneas mi invitación es a no tragar entero, a hacer valer nuestro derecho y deber de estar bien informado y asumir la histórica responsabilidad de filtrar tanta basura informativa.

 

 

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