No creo que me vuelva a pasar algo tan importante como Escobar: Andrés Parra

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Dice que tiene algo de bipolar, que sus amigos siguen siendo los mismos que tenía antes de protagonizar Escobar, el Patrón del Mal, dice muchas cosas que me hicieron pensar que quien me hablaba no era un hombre de solo 35 años, sino alguien que ha vivido lo suficiente para estar más allá del bien y del mal. Me da la impresión de que así ha vivido casi toda su vida.

 

Claudia y Andres Parra

Claudia Palacios: Andrés, ¿cómo te vas a quitar a Pablo Escobar de encima?

Andrés Parra: Yo ya me lo quité, el público no sé, con tiempo será… ¿no?

C.P: ¿Pero te interesa que el público se lo quite de encima también? ¿Hay alguna estrategia para eso?

A.P: No, no, la juventud, es decir, esto no me pasó a mí a los 55 años.

C.P: O sea, que lleguen nuevos personajes….

A.P: Sí,  de aquí a 20 años tengo que hacer otra cosa… no tan importante. Yo veo difícil que algo más importante que lo de Escobar me pase a mí a nivel actoral, pero sinceramente no es algo que me preocupe. No creo que me quedé estigmatizado.

C.P: ¿Y cómo te lo quitaste de encima?

A.P: El día de la última grabación me afeité totalmente. Me quedaban las patillas y el bigote. Me los quite y ya. Me fui de viaje a descansar, a ver a mis hermanos, a Disney. Ayudó cambiar radicalmente de ambiente.

C.P: ¿Qué te dejo el papel, además de la fama y los aplausos?

A.P: Creo que es la primera vez que yo medio comprendo la historia de Colombia. Lo que no me dejó el colegio en ese sentido me lo dejó esta experiencia: un país que me cabe un poco más en la cabeza.

C.P: Y te dejó como pelión, al menos por lo que veo en tus tuits….

A.P: No, no, esa es una herencia de mi abuelo, mi abuelo materno era muy tropelero y yo soy a veces muy emotivo, muy impulsivo y me gusta decir las cosas por su nombre. Cuando me indigno lo digo y ya.

C.P: Pero estás indignadísimo últimamente, entonces…

A.P: Estoy muy indignado con Bogotá, que era una ciudad que yo quería muchísimo…

C.P: ¿Y ya no?

A.P: Hombre, la he dejado de querer mucho. Me da mucha tristeza ver  cómo acabaron con la ciudad a punta de demagogia pendeja. Es una lástima lo que pasó en las últimas tres administraciones, incluida esta.

C.P: Entonces, ¿estás que te vas?

A.P: Si a mí se me apareciera un genio y me dijera: “Lo dejo irse ya con su trabajo y puede ser actor en cualquier otra parte del mundo”, me iría y me iría ya.

C.P: ¿Y no me vas a repetir lo que me dijiste antes de grabar, que si te aparece un papel cualquiera, en Univisión o Telemundo, para allá te vas?

A.P: No, no sé. Tal vez lo que pasa conmigo es que como estuve todo el año pasado en Medellín, no viví la transición de ese nuevo pico y placa, de este tráfico. Y yo estaba, además, encerrado en un mundo de mentiras donde me recogían, me llevaban, no había estrés de tráfico.

C.P: ¿Y Cali es una opción para ti, que eres caleño?

A.P: No, Cali no, no, porque a mí no me gusta tanto el calor.

C.P: ¿Y por qué estás pensando en irte? ¿Acaso tu papel no te abrió una cantidad de ofertas y de posibilidades?

A.P: Por ahora, no.

C.P: No puede ser…

A.P: Así es esto. Bueno, tampoco puedo hacer mucho, porque yo tengo un contrato con Caracol. Por eso prefiero que no salgan cosas buenas ahora, para no tener que decirles que no.

C.P: Ya que me dices que ahora te cabe más Colombia en la cabeza, ¿qué opinas del debate sobre  la despenalización de las drogas?

A.P: Estoy completamente a favor. Creo que es muy difícil que una sociedad supere sus vicios. Y es que Colombia no es cocainómana. El vicio nuestro es el aguardiente y la cerveza. El problema es de los gringos. Habría que legalizarla y empezar a  tratar al adicto como un enfermo. Pero eso no pasará, como lo he dicho en Twitter, mientras Estados Unidos sea el mayor distribuidor y vendedor de cocaína.

C.P: ¿Esto lo pensabas antes de hacer el papel de Pablo Escobar?

A.P: Más o menos… no tanto. Pero con libros como La parábola de Pablo, de Alonso Salazar, el libro de Virginia Vallejo, el de Popeye, el otro libro que se llama El Patrón, Caída y Auge de un Gran Capo del Narcotráfico, el libro de Germán Castro Caicedo, la infinidad de artículos que yo me leí… una parte de la investigación fue la historia de la cocaína también…no me la exigía el libreto ni nada, pero yo quería enterarme de dónde venía el problema… yo me empapé de cocaína ocho meses.

C.P: ¿Probarla también?

A.P: ¡No, probarla nunca! No me ha llamado la atención… la he visto en persona, pero no la he probado. Entonces, sobre todo me cambió esa imagen… la postura de Estados Unidos me parece tan doble moralista, tan ventajosa y tan acomodada.

C.P: ¿Crees que haber encarnado ese papel de Pablo Escobar te da algún tipo de autoridad para acompañar la discusión mundial acerca de la despenalización de las drogas?

A.P: No, no, me daría mucha pereza irme allá con todo esa mano de gente para perder el tiempo… porque es que no se va a legalizar.

C.P: O sea, la máxima militancia es por Twitter…

A.P: Sí, yo no creo que me lance a apoyar así ninguna causa. Tal vez la causa de los homosexuales sí me gustaría mucho apoyarla.

C.P: ¿Por qué?

A.P: Porque me encantan, porque el miembro más importante de mi familia fue un homosexual. Murió hace como dos años de noventa y pico de años, creo que fue de los primeros homosexuales que salió del closet. Un tío abuelo. Creo que a partir de ahí no soporto un homofóbico. Me parece ridículo que a estas alturas todavía estén pensando que si dos maricas se pueden o no casar… claro que se pueden casar, ¿qué daño nos están haciendo?

C.P: ¿Y adoptar hijos?

A.P: Hombre… no sé hasta allá, eso ya es más delicado, pero hogares violentos heterosexuales hay miles. O sea, no se necesita ser homosexual para dar un mal ejemplo.

C.P: A propósito de tu familia, me da curiosidad saber cómo tus papás vivieron esa decisión tuya de dejar el colegio para dedicarte al teatro…

A.P: Ellos, gracias a Dios, lo han tenido muy claro: yo no me salí del colegio, yo dejé ese gran colegio…

C.P: ¿Y validaste el bachillerato acelerado que llaman? ¿Eso no fue un drama familiar?

A.P: No, los del apellido Medina, la parte de mi mamá, están locos todos, son muy liberales, muy abiertos, pero mi papá es un hombre muy fresco también. Yo creo que a ellos a lo mejor les daban nervios y no me lo decían.

C.P: ¿Pero cómo fue?

A.P: En el Campestre me dicen: “Váyase, valide dos años en uno, noveno, que ya no me lo dejaban repetir otra vez, y décimo, y vuelva para graduarse en once, pero no haga más teatro”. Entonces, yo dije que no y validé todo con un examen. Me dijeron que si sacaba 250 era bachiller, y si sacaba un poquito más me servía para no hacer Icfes. Saqué 317 y para entrar al Teatro Libre necesitaba 288. Ssí que eso fue un combo tres en uno.

C.P: ¿Harías eso con tu hijo?

A.P: Totalmente. Que él no lo vaya a saber, pero es que los grandes artistas que hubo en la época del renacimiento en Europa tenían un mecenas, vivían en grandes castillos, no pagaban cuentas de luz, ni de agua ni de nada, solo pintaban. Eso, de alguna manera, hicieron mis papás conmigo para que yo me concentrara en el teatro. Yo haría eso con mi hijo. A él le gusta la  música.

C.P: Ese mecenazgo, en los tiempos modernos, se llama que a uno le encanta el ‘hotel mama’.  Tú no has salido de él a tus 35 años…

A.P: ¡Si uno no tiene que irse para qué se va! Claro que ya me voy el 3 de enero a vivir con mi novia. Pero yo soy muy independiente, solo que tengo una excelente relación con mi mamá y la casa siempre está sola porque ella viaja.

C.P: Hablemos de Cali. ¿Vas mucho?

A.P: No, solo a trabajar. Yo solo viví tres días en Cali. Nací ahí por accidente. Mis papás habían ido a una exposición de caballos de paso. Mi mamá tenía ocho meses de embarazo y el médico le dio permiso para viajar, pero reventó fuente en el hotel. Entonces, les tocó a unas monjas ponerme pañales de trapo e inventarse una incubadora porque yo nací sin nada, como el Niño Dios.

C.P: Caleño por accidente, ¿pero hay algo de Caleño en ti?

A.P: Yo sí creo que tengo un poquito el swing, tengo el tema de la salsa, me gusta  un montón. Y tengo una relación muy estrecha con la Universidad del Valle, con su Facultad de Teatro, pero nunca he ido a una Feria de Cali siendo un enfermo por los toros. Veo por internet al menos una corrida diaria.

C.P: Y además de ver toros, ¿qué haces cada día?

A.P: Ahora que estoy de vago me levanto temprano, tipo 7:00 a.m. Voy a pie a un lugar que se llama Dynach, donde hay un entrenamiento en una máquina que se llama ‘Power Play’ para bajar de peso, porque yo como mucho, para no recuperar los 16 kilos que bajé para hacer Escobar.  Estoy en 95 y quiero llegar a 85 kg. Y vuelvo y digo, por ejemplo: “Ay, tengo que mandar a enmarcar el afiche de San Andresito”. Salgo, veo los trancones, entro en cólera y me devuelvo a mi casa y ya. Y veo televisión. Muy de vez en cuando voy a cine.

C.P: ¿Pero cómo así, un actor no va mucho a cine?

A.P: Un actor debería ver mucho cine. Yo no veo nada de cine, ni leo, ni me gusta ir a teatro tampoco.

C.P: Me sorprende, porque tremendo papel, premios… ¿No se supone que uno está todo el tiempo cultivando ese talento?

 A.P: Yo pienso que cuando trabajo le meto tanto la ficha y me descerebro de tal forma, que cuando no estoy trabajando no quiero hacer nada. Soy súper anti-actor en mi vida normal. Ni le voy a un lanzamiento, ni le voy a un coctel, ni le voy a que me regalen botas en un almacén. Y ya no me toca hacerlo. En principio lo hacía porque. “ay, mira, es bueno que te vea la gente». Entonces, iba a lagartear, pero cuando vi que ya no se necesitaba me encerré.

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