No es la forma ni la salida

0

Camila-ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

El microtráfico, la violencia y la ilegalidad tienen cooptadas en cierta medida las ciudades latinoamericanas, de las que no se escapan las colombianas. Esta semana precisamente el presidente Santos hizo dos anuncios para combatir esos aspectos en Bogotá y otras urbes del país.  Por un lado, anunció la entrada de militares a ciertos puntos de la capital, para apoyar el trabajo de la Policía y, por el otro, advirtió la demolición de las denominadas “ollas”, como se les conoce a aquellos puntos de expendio de drogas.

Esta semana coincidencialmente se lanzó el libro Violencia Urbana, Radiografía de una región, un trabajo realizado por ocho académicos investigadores convocados por Fescol, en el que se analizan y estudian los fenómenos de violencia de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Río de Janeiro. En dicho trabajo, en el que se plantean diferentes hipótesis para explicar las razones de la violencia en nuestras urbes, los autores coinciden en que el tratamiento del fenómeno de la violencia y el microtráfico no se subsana con el aumento de la fuerza y la represión.

Las decisiones tomadas y echadas a andar por el presidente son rebatidas, no intencionalmente sino coincidencialmente, por el texto que menciono. En él se plasman experiencias de política pública y social que evidencian de manera clara que el expendio de droga y la criminalidad han mutado, siendo hoy dinámicas muy distintas a las que se experimentaban en el pasado. Hoy en día las estructuras criminales funcionan con jóvenes pandilleros a quiénes se les contrata para distribuir estupefacientes en puntos estratégicos de las ciudades, lo que hace difícil combatirlas de la manera en que las autoridades estaban acostumbradas. El trabajo hoy debe hacerse con inteligencia policial, y por supuesto con educación y rehabilitación social. Ofreciéndoles a estos jóvenes y ciudadanos oportunidades distintas al hampa y dándoles alternativas de crecimiento y realización personal en diferentes áreas. Más que aplicar la violencia institucional, se debe aplicar el trabajo social.

Lo que sorprende es que en medio de una política liberal como lo son los diálogos de paz en La Habana con la guerrilla de las Farc, hoy tengamos   anuncios de combatir las ollas con experimentos autoritarios fracasados en países como Estados Unidos. Esa es a todas luces una contradicción que tiene como única explicación el desespero electoral.  Pero ya bastante hemos hablado de las actitudes del candidato presidente y los problemas que eso le trae al manejo del país. Lo realmente grave de esto que se vivió la semana que termina es que cale nuevamente en Colombia y en los ciudadanos la creencia de que la represión es la salida y no la educación y las oportunidades.  La tentación de caer en la política de mano dura es difícil de resistir para los dirigentes, siempre es más fácil aplicar esa práctica popular.  Sin embargo, las evidencias y experiencias de nuestras ciudades y otros tantos ejemplos en el continente nos demuestran que no es la salida.

En conclusión, veo que una vez más estamos ante las decisiones del candidato y no del presidente. Sinceramente no lo culpo, cuando se busca la ratificación de un mandato es difícil separarse de esa condición y disyuntiva, por eso es que el mayor daño que se le hizo a nuestra Constitución y a la dinámica política del país fue la aprobación de la reelección. Nos ha dejado políticos que toman decisiones distantes de su ideario social simplemente por el interés electoral, al menos espero que ese sea el caso de Santos, me parecería más grave que de verdad pensara que tumbar muros es la salida.

Una cosa más: Sería bueno que el presidente del Senado, Juan Fernando Cristo, respondiera y diera la cara ante las delicadas denuncias que hizo en su contra el también congresista Juan Manuel Corzo.

Comments are closed.