¡No nos están haciendo un favor!

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Por Camila Zuluaga

Somos uno de los países más atrasados en términos de infraestructura. Según el último informe de la CEPAL, Colombia es, después de Perú y Bolivia, el país más atrasado de América Latina en ese sentido. Nuestro país tiene un puntaje de 3.6, en promedio, en una escala del uno al siete. Además, tiene aproximadamente 26 % menos de los kilómetros con los que deberíamos contar. Una calificación y un panorama paupérrimo, por no decir más.

Se han expuesto muchas razones para explicar lo mencionado, y, entre otras, la más notoria es la corrupción. El robo de dineros públicos en licitaciones y obras de infraestructura, que ha involucrado tanto al sector público como al privado, ha sido casi que una constante en Colombia. Porque ese cuento de que la corrupción está solo en los funcionarios públicos es un cuento chino que la corruptela de los consorcios privados nos han querido meter.

Por eso ahora, después de haber vivido durante años escándalos que incrementaron la percepción ciudadana sobre la factibilidad de que en Colombia se pudiera hacer una obra sin que se robaran los dineros, presenciamos una nueva forma de contratación conocida como APP, Alianza Publico Privada.

La APP nos la han pintado como una gran opción para la nación. Y si bien es una alternativa válida en un país de instituciones deficientes, es pertinente hablar claro de lo que significa para no creer en todo lo que nos pintan.

La idea general que existe frente a las APP es que las organizaciones privadas se encargan de construir una determinada vía, en la que hacen la inversión en su totalidad y, posteriormente, recuperan el dinero y obtienen ganancias con peajes y con el pago del Gobierno. El caso más notorio y nombrado es el de la llamada Vía al Llano, realizada por Coviandes, consorcio que cuenta con la participación de la organización Sarmiento Angulo, entre otras.

Nos alegramos por que la vía se terminara exitosamente y por que quienes ya tuvieron la oportunidad de conocerla mencionen que es de talla internacional. Pero debemos hablarlo claro: el dinero con el que se hizo dicha concesión no es tan privado ni del todo de los inversionistas, como nos hacen verlo. Los dineros utilizados son del ahorro público, es decir, suyo y mío. Estas empresas no cuentan con las cantidades líquidas de dinero necesarias que requiere la construcción de la carretera, por esa razón las buscan en las corporaciones bancarias, que son aquellas en donde los ciudadanos guardan su dinero. En otras palabras, la plata no es realmente de los consorcios privados –como es el caso de aquel encargado de la construcción de la vía al Llano–: ellos tienen acceso al ahorro público, que es bien diferente.

Los bancos son administradores del dinero puesto por la gente y lo utilizan, entre otras maneras, para fondear empresas de las cuales hacen parte, y aplicarlo en las APP; por eso es que el dinero no es tan privado como nos lo hacen creer.

Además de eso, al final el negocio es rentable, ¡bien rentable! En el mundo de los negocios nada es un favor. Quienes transitan por aquellas vías tienen que pagar lo estipulado por el consorcio constructor, sin importar el precio. En casos como el mencionado en esta columna, el de la vía al Llano, tenemos: Primero, no hay una ruta alterna, lo que obliga su uso y a pagar el peaje, cueste lo que cueste. Segundo, el costo del peaje lo sentirán no solo las personas que utilicen la vía, también, de forma indirecta, aquellas que no, ya que los transportadores se lo transfieren a los consumidores. Por esa vía, en particular, ingresan muchos alimentos destinados al interior del país, lo que quiere decir que muchos, sin usar esa carretera, la costearán lo quieran o no.

Por esto, a pesar de emocionarnos por el avance en infraestructura que nos pueda brindar el modelo APP –pues lo necesitamos–, las cifras no necesariamente apoyan esa alegría. Por lo tanto, es menester hablar con la verdad y que las empresas privadas no nos digan que nos están haciendo un favor.

Una cosa más: ¿De verdad hay quienes creen que el procurador Alejandro Ordoñez va a sancionar al senador Gerlein por sus declaraciones ofensivas a los homosexuales? ¡Permítanme dudarlo!

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