No perdamos la esperanza

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Por Camila Zuluaga

No tienen por qué sorprendernos las declaraciones de Iván Márquez y del secretariado de las Farc en la rueda de prensa llevada a cabo en Oslo. No hay por qué envenenar el proceso y perder la esperanza en unos diálogos que venimos esperando desde hace mucho y que, para mí, son la única salida que tenemos al conflicto armado en nuestro país.

Pocos son aquellos analistas, y certeros en sus opiniones, que pensaron que la guerrilla se iba a sentar en la mesa de diálogo con un discurso cambiado y distante de lo que han sido desde que surgieron, pues las Farc habían hecho fuerte énfasis en que ellos no tenían  nada que negociar y que no iban a hacerlo. Pero eso no significa que la mesa no vaya a ser exitosa. Muy bien lo dijo Humberto de la Calle, aquí no se pretende que ninguna de las partes deponga su ideología para adoptar la del otro, lo que se busca en esta oportunidad es que se pueda llegar al final de un conflicto, que cada uno cumpla lo pactado y no se termine nuevamente en traiciones de parte y parte, como ha sucedido a lo largo de nuestra historia.

El debate sobre las ideas y el modelo de país que queremos tener en Colombia debe darse en las urnas, pero para ello debe haber unas garantías mínimas que lamentablemente hoy nuestro país no tiene.  Tristemente, tenemos un sistema electoral precario y en distintas oportunidades, corrupto; tanto es así, que en el mundo político es muy conocida la frase de que las elecciones no se ganan en las urnas y que los “voticos”  tienen que cuidarse en el conteo. No son pocas las denuncias que hemos registrado los medios de comunicación de candidatos a gobernaciones, alcaldías y al Congreso, que dicen ser víctimas del robo electoral.  Debido a eso es fundamental que se le les garantice a las partes involucradas en la mesa que la exposición de ideas en la arena democrática sea  trasparente y que haya un buen funcionamiento del sistema.

No tiene sentido que nos desgastemos en sentimientos y emociones frente a las declaraciones de las Farc, no se trata de sentirnos indignados a raíz  de su cinismo, de lo que se trata es de saber que ese es precisamente el ejercicio que como nación estamos empezando a afrontar. No nos dejemos sacar del camino por los detalles de forma; aquí lo que tiene que importarnos realmente es lo de fondo. Y lo  de fondo empieza  en noviembre en la Habana, Cuba. Es allí en dónde se decidirá el futuro de los diálogos. Lo sucedido en Oslo fue una simple formalidad y la oportunidad para las partes de hablar en público para el mundo.

Hay que ser consientes de que hay disparidad de pensamiento en la mesa. De hecho, por eso se está convocando; si estuviéramos de acuerdo en todo, no estaríamos en guerra. Hay puntos en los que como país tendremos que ceder por el bien de la nación; de eso se trata el ejercicio, no podemos cerrarnos a que nuestras posiciones son las únicas válidas y verdaderas.

No permitamos que la poca ilusión y esperanza que hoy genera este proceso que empezamos se vean apagadas por aquellos enemigos de la paz y por los sentimientos naturales que producen pronunciamientos que no compartimos. Estamos frente a una ventana diferente a la guerra, y siempre será  mucho mejor que elegir las armas. Miremos más allá de lo obvio, entendamos que estamos frente a un conflicto largo y profundo que requiere de nuestra colaboración como sociedad y de que no decaiga el interés ante el primer obstáculo.

Una cosa más:   ¡Qué vergüenza siento de quienes se han ganado las licitaciones de infraestructura en nuestro país y lo único que buscan es, a través de artimañas jurídicas,  ganarle unos dineros a la nación y no realmente  terminar las obras!

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