No sienten vergüenza

0

Camila-ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: ZuluagaCamila

Uno de estos días de Semana Santa estaba sentada en un lindo café de Bogotá, charlando con quien es quizás la mejor amiga que me ha dado la vida. Los temas de conversación pasaron por todos los campos: la política, la física, la filosofía, el amor y nuestro país. Nuestras conversaciones suelen terminar allí, en Colombia, y en las condiciones sociales en que vivimos. Numerosos son los cuestionamientos que nos hacemos; sin embargo, los de esta cita se enmarcaron en esta pregunta: ¿no sentirán vergüenza los gobernantes y legisladores colombianos de estar a la cabeza de un país donde aún existe la miseria, niños sin oportunidades e incluso algunos que se mueren de hambre?

Esa tarde llegamos a esa pregunta después de hablar y comentar una entrevista que hoy ya poco nos sorprende debido a los acontecimientos que estamos acostumbrados a vivir a diario, pero que aún debería aterrarnos. Era una entrevista radial al senador del partido conservador Efraín Cepeda, quien respondía con gran desparpajo sobre las denuncias hechas por el exministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, quien aseguró haberse ido del cargo por la presión de sus copartidarios para que les diera puestos y les repartiera mermelada.

Durante años el partido Conservador ha sido dueño de las entidades responsables de la política agraria en el país, y los resultados han sido muy poco alentadores. El campo colombiano es uno de los más atrasados de América Latina, las diferencias entre el sector rural y el urbano son abismales en todos los sentidos. No obstante, señores como el senador Cepeda no sienten la más mínima vergüenza de ser responsables del desastre y salen con el pecho hinchado a decir que retiran el apoyo político a ministros que estén en el Gobierno, porque, según él, no estaban inyectando el programa ideológico conservador, que a todas luces, por lo que hemos vivido este siglo, se basa exclusivamente en obtener cupos burocráticos.

Paralela a esta conversación sobre el descaro de los políticos de este país, mi amiga, con los ojos aguados, me relataba la vida de un pequeño niño de tres años, con la inquietud e inteligencia características de esa edad, que por los sorteos de la vida pertenece al hogar de una madre soltera que no tiene ningún futuro que ofrecerle a él ni a su hermano de un año, razón por la cual, con el dolor de su alma, quiere entregárselo a una familia que quiera darle amor y alguna posibilidad. ¿Es realmente esto un sorteo de la vida? ¿O la consecuencia de políticas equivocadas y de políticos como el mencionado en esta columna?

¿Cuántas historias como la de estos niños existen en Colombia? ¿Cuántas así en el campo colombiano? Miles. Son el pan de cada día. Y sin importar que los vean en sus correrías políticas, niños descalzos, desnutridos y con un panorama de futuro poco alentador, nuestros dirigentes siguen más preocupados por su mermelada y por los beneficios personales que por tener un país mejor.

Alcanzar la paz de esa forma es imposible. Mientras ese tipo de historias se sigan viendo cada vez más en Colombia, es utópico pensarlo. Seguramente se firmará la paz con un grupo guerrillero, que cuenta con aproximadamente ocho mil hombres, pero los problemas estructurales permanecerán, los millones de niños en precarias condiciones seguirán presentes.  No se puede hacer la paz cuando solo unos pocos se benefician y se tiene una multitud segregada y sin futuro. Como dice la senadora de la alianza Verde Claudia López: “No pueden vendernos el cuento del mal menor de la corrupción simplemente para hacer la paz”.

Una cosa más: Y finalmente el Gobierno, a través del ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, le prorrogaron a Fedegán el contrato del manejo de la parafiscalidad de los lecheros y ganaderos. ¿Se asustaría el Gobierno con las amenazas del señor Lafaurie de paralizar el país?

Comments are closed.