«¡No soy de los que renuncia!»: Alfonso López Michelsen

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Edición 0: 21 de enero de 1975
EL PUEBLO, con todo el poder de la información

Con ocasión del homenaje que se le hará al presidente López Michelsen con motivo de los cien años de su nacimiento, el próximo 20 de agosto en la Universidad Externado de Colombia, EL PUEBLO se ha querido unir a esta celebración reviviendo una de las entrevistas más recordadas que se hizo en la edición 0 de este medio, el 21 de enero de 1975.

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El presidente Alfonso López Michelsen, en diálogo exclusivo con el colaborador de EL PUEBLO Juan Lozano y Lozano, señaló a quienes temían que se retirara de la jefatura del Estado, y enfatizó que no era “de los que renuncian ante las dificultades”.

López indicó que, por el contrario, seguiría luchando aunque fracasaran las medidas económicas para contener la inflación. El presidente concedió a EL PUEBLO la más larga entrevista que sostuvo desde que se posesionó del cargo hacía cinco meses.

Entre otras declaraciones, López, quien inauguró las instalaciones de este diario de aquel entonces, expresó su idea acerca del periodismo, previó un descenso en algunos precios, anunció que pronto empezaría a aplicar la política de ingresos y salarios, criticó los manejos económicos del gobierno anterior, defendió la vinculación de un rector marxista a la Universidad Nacional, indicó que su gobierno había hecho más que cualquiera otro anterior por la mujer colombiana y elogió a su equipo de colaboradores.

«IMG_9241¡No soy de los que renuncia!»: Alfonso López Michelsen

Antes de dar respuesta a su cuestionario quisiera celebrar la aparición de EL PUEBLO, que, al lado de El Crisol, viene a servir los intereses ideológicos del liberalismo del Valle del Cauca. Es una necesidad que se venía sintiendo desde hace muchos años, y a la cual quiso suplir en su tiempo Harold Éder. Hoy, con el concurso de Luis Carlos Londoño, el partido ve colmada esa aspiración. La presencia de Mauricio Rengifo en la dirección de EL PUEBLO si bien es cierto que priva al país de un funcionario singularmente eficaz, es también garantía, para los militantes de las distintas corrientes políticas, de tolerancia, caballerosidad y probidad intelectual.

Como usted sabe, yo me he acogido siempre, en materia de periodismo, al aforismo anglosajón: “la información es sagrada. El comentario es libre”. Mientras un diario no abuse de los titulares, que muchas veces no corresponden al contenido, se está ciñendo a la más rigurosa ética, aun cuando, por apasionamiento en los editoriales y notas demuestre que tiene tomado un partido, o como dicen ahora, que está comprometido.

En el panorama contemporáneo es una empresa quijotesca fundar un periódico: yo diría más bien “un acto de altruismo con la comunidad entera”. Los periódicos, como el transporte individual, van desapareciendo en todas partes. Unas veces por razones económicas, en razón de los costos crecientes y la competencia noticiosa de la televisión y la radio, como en los Estados Unidos. Cuando yo estudiaba, en New York había 15 o 20 diarios. Hoy quedan tres. Otros, como en el Perú, porque los gobiernos los mantienen, en poder de cooperativas, como organismos al servicio de la ideología oficial. No entro a calificar los motivos que llevaron a un gobierno amigo a dar un paso tan trascendental, a primera vista, aun cuando en realidad parte de la “rebelión de las masas” viene siendo en el siglo XX autonomía frente al pensamiento de los periódicos. Las gentes quieren digerir por sí mismos las noticias. Me llamó, sí, la atención el argumento de un funcionario peruano que me decía: “Hay más libertad de prensa, desde el punto de vista de la opinión pública, cuando el periódico está abierto a todas las plumas que, cuando sucede, como ocurrió en el Perú (cosa que ustedes los colombianos no conocen), en donde lo que se llamaba libertad de prensa era la institución de unos periódicos de familias a los que solo tenían acceso los parientes y amigos de los propietarios, en una constelación de columnas plagadas de hermanos, primos, hijos y cuñados”. En este sentido, yo creo que las ventanas abiertas de la prensa colombiana, que muchas veces no se sabe si es gobernista o de oposición, lo cual ha fastidiado a más de un mandatario, es en el fondo una garantía de supervivencia.

EL PUEBLO: ¿Cuándo cree usted que, en el próximo futuro, empezará a ceder la Inflación y a bajar el costo de la vida, como resultado de las medidas impertinentes tomadas por su gobierno? ¿En agosto, en octubre, en diciembre?

Alfonso López Michelsen: Hay que distinguir dos etapas dentro de la lucha contra la inflación y la carestía. Primero, va a descender el ritmo de las alzas como ya está ocurriendo. Yo quisiera señalarle un fenómeno interesante a este respecto: entre 1970 y 1971 hubo un paso en el ritmo de la inflación, pasando el costo de la vida para empleados de 7.2 % a 12.6 %, es decir, un salto de 5.4 puntos. Entre 1972 y 1973 se repitió este fenómeno, pues saltó de 14.1 % a 22.1 %, o sea, 8 puntos. En cambio, entre 1973 y 1974 el ritmo de la inflación subió solo 3 puntos, pasando de 22.1% a 25.2%, o sea que ya ha comenzado a bajar el ritmo de las alzas. Más tarde yo confío en que se registrarán bajas en algunos renglones. Es inexplicable, por ejemplo, que cuando la carne en pie ha bajado tan espectacularmente, estos beneficios no le lleguen al consumidor. En los textiles –se me informa– se está produciendo igualmente una baja, como consecuencia de la acumulación de existencias. El arroz debería también señalar un proceso semejante, dada la excelente cosecha de este año y los avances en materia de productividad, con las variedades de la ·revolución verde”. Yo considero que habrá una baja moderada en el curso de unos seis meses, pero, simultáneamente, tenemos que buscar que no se presente, como fenómeno paralelo, el desempleo, como está ocurriendo en otras partes del mundo. Es la razón por la cual estamos tratando de agilizar el programa de ciudades dentro de las ciudades, empezando por Barranquilla, en donde ya se adquirieron los terrenos para el multicentro, y Bogotá, en donde se adelantan aceleradamente las negociaciones entre las distintas entidades interesadas. Igualmente en Bucaramanga, con los terrenos del antiguo aeropuerto, para no citarle sino unos casos. Quiero, además llamar a usted la atención sobre cómo fallan los pronósticos en estas cuestiones económicas. Se creía que el sistema de las UPACS se acabaría, como el año 1974, a las 12 de la noche del 31 de diciembre. Ha resultado todo lo contrario: que, no obstante haber señalado como tope de la corrección monetaria un 20 % y reducido también la exención tributaria a un 8 % de la corrección, en los primeros días del año se han recogido más de $440 millones, con menos costo para el fisco y para los usuarios de lo que se consideraba indispensable para obtener este ahorro.

EL PUEBLO: Las gentes temen que en caso de no producirse ese resultado y de pasar un año, digamos, de dictados los decretos de la emergencia con un ritmo de incremento igual o superior al actual, usted renunciaría a la Presidencia de la República. ¿Usted comparte ese temor?

A. L. M.: Le confieso que su pregunta me cae de sorpresa. Yo sabía, desde la campaña presidencial, que algunos de mis malquerientes vaticinaban como el pronóstico reservado de que se habla en medicina, que yo dejaría vacío el sillón presidencial por mi muerte inminente. Es un tema que parece ha perdido actualidad. El cáncer, que me debía llevar a la tumba, no es ya tema de los mentideros políticos. Me dice usted que ahora lo que temen es que yo renuncie a que me engañe con las dificultades con que iba a tropezar.

EL PUEBLO: ¿Qué hecho inesperado o nuevo determinó a usted a echar por la borda, como ha dicho el doctor Joaquín Vallejo, su política de precios y salarios, en el preciso momento en que se instalaba, ante las cámaras de televisión, el mecanismo que había ideado para ponerla en marcha?

A. L. P.: Yo lamento que, entre los vicios nacionales, que son muy pocos, al lado de las virtudes colombianas, sea notorio el de hablar de oídas sin referirse a los textos. Durante la campaña electoral, el doctor Álvaro Gómez dijo una y otra vez que él no entendía ni yo explicaba en qué consistía la política de ingresos y salarios (wages and incomes policy), que es un tratamiento para la inflación de costos, puesto en vigencia en los países industrializados, con distintos resultados, desde hace unos diez años. En las cámaras de televisión aparecí con volúmenes en inglés, en francés, en alemán sobre el tema, e informes del Banco Mundial sobre como venía aplicando esa política en los distintos países, e inclusive de la propia O.E.A., sobre su viabilidad en América Latina. Fueron muy pocos entre mis copartidarios quienes me acompañaron a explicar en qué consistía esta política, pero, una vez pasadas las elecciones, me resultaron una serie de autoridades en la materia, que la conocían y dominaban desde chiquitos.

¿Por qué no me acompañaron a divulgarla si, según parece, no era ninguna novedad en la teoría ni en la práctica? Yo, en cambio, dije, y la frase corrió con bastante fortuna durante la campaña electoral, que aplicar de inmediato una política de ingresos y salarios, como correctivo de la inflación cuyo origen era eminentemente monetario, era “como aprender a nadar en un naufragio”. Desde luego, este enfoque del fenómeno no era mío. En un manifiesto de algunos profesores de economía ingleses se había hecho una consideración semejante, es decir, la de que la política de ingresos y salarios no era aplicable mientras el gasto público constituyera un factor de desorden monetario, como acelerador de la inflación. Lo dije repetidamente en muchos de mis discursos, pero como no tengo la fortuna de contar con lectores asiduos, no obstante haberlo repetido tantas veces, inclusive en la ocasión a que usted se refiere, frente a las cámaras de televisión, todavía se me pregunta por qué cuando salí retratado al lado de los voceros de sector laboral y del sector empresarial no puse en práctica la política de ingresos y salarios. Tendré que repetirlo porque había que comenzar por la estabilización, corrigiendo la expansión económica. Pronto comenzaremos la política de ingresos, empezando por el sector oficial.

EL PUEBLO: ¿Le parece ahora tan estrambótica como antes la teoría o excusa de la “inflación importada” del expresidente Pastrana o empieza a hacer concesiones?

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López Michelsen

A. L. M: Sobre la inflación importada quiero repetirle algo que dije también, en el curso de la campaña y, posteriormente: las alzas en los artículos importados pueden manejarse bien o mal. No es una excusa decir que el alza en lo interno es un reflejo de las alzas en lo internacional. La incidencia cuantificada de la inflación importada no justifica las alzas espectaculares de los años que le señalaba al comienzo de este reportaje. Países como Panamá, en donde casi todo es importado, nunca sufrieron el impacto de las alzas semejantes a la nuestra. ¿Por qué? Lo repito: porque el alza no tuvo su origen en los precios internacionales sino en el desbordamiento del gasto público. Más aun, lo que hubo no fue inflación importada sino inflación represada. Es cierto, por ejemplo, que el precio del trigo en el mundo, como todo los artículos alimenticios, sufrió un alza imprevista, pero el impacto de esa alza no ha venido a sentirse sino hasta ahora cuando este Gobierno le quitó el subsidio al trigo. En plata blanca, se gastaron unos $1.500 millones el año pasado en subsidiar el trigo norteamericano. ¿Será esto importar la inflación? Otro tanto ocurre con el petróleo. La gasolina de Colombia es la más barata del mundo, ¿pero a costa de qué? De desalentar la inversión en las perforaciones con precios muchas veces por debajo de los niveles mundiales. ¿Es esto importar la inflación? El azúcar colombiano –y esa es la causa principal del contrabando– está a precios muchas veces por debajo de los de nuestros vecinos, que reflejan el nivel internacional. ¿Es esto importar la inflación? No. Lo que este Gobierno encontró y trata de remediar, lo cual no es fácil para este ni para ningún gobierno, es sustraerse a un cúmulo de precios artificiales, subsidiados generalmente por el Estado, obligado a saldar el déficit proveniente de tales subsidios con emisiones que envilecen la moneda y encarecen el costo de la vida. Usted, a quien la providencia dotó de tan gran sentido común y tuvo la suerte de estudiar economía, cuando la profesión no existía en Colombia, dígame qué piensa de la deuda de $1.600 millones del IDEMA en el año antepasado y de la de USD$133 millones en cartas de crédito, en el pasado, como complemento de la monetización de la deuda anterior, proveniente del subsidio del trigo. Nosotros no somos Venezuela para darnos esos lujos con nuestros modestos recursos fiscales y cambiarios. Son en números redondos, $5.000 millones de pesos que inciden sobre la economía, aumentando el torrente monetario y generando en cabeza de un solo instituto descentralizado un gigantesco incremento de los medios de pago, es decir, poniendo más pesos a cazar el mismo número de mercancías. Entonces yo diría, con más propiedad, que las barreras que se establecieron para no importar la inflación incidieron sobre el costo de la vida con mayores repercusiones que la llamada “inflación importada”, la cual solo se refleja en ciertos bienes de capital y otros productos, que no determinan en  Colombia los niveles de precios de los artículos de primera necesidad, en la cuantía en que  estos subieron. Posteriormente, es decir, en el último año, hemos tenido el problema de los fertilizantes, los pesticidas y los fungicidas en la agricultura, que sí tienen una influencia decisiva, pero tampoco los campesinos colombianos han tenido que pagar la inflación importada en este aspecto, sino parcialmente. Tanto la Caja Agraria como la Federación Nacional de Cafeteros estuvieron y están vendiendo los fertilizantes por debajo de los precios de adquisición, incurriendo en la correspondiente pérdida.

EL PUEBLO: Usted se precia de estar cumpliendo estrictamente las promesas que hizo al país en su campaña, y gracias a las cuales obtuvo espectacular y nunca visto triunfo electoral. Es el mandato claro. Desde luego que nadie exige que todas ellas se cumplan en un mismo día; y todos vemos que usted trabaja seria e infatigablemente con su equipo de gobierno. El nuevo régimen tributario y el estatuto de la mujer dan fe sobrada de la trascendencia y seriedad de sus propósitos. Pero hay actos suyos que las gentes reputan contradictorios con sus ideas y programas. Así la solicitud, ya acordada de contraer ulterior deuda externa hasta por mil millones; así los pagarés para cubrir gastos de funcionamiento, que son una emisión; así otras medidas. Se ve que usted ha visto que la necesidad tiene cara de hereje. Pero esa necesidad, con esa cara, se presentó también a anteriores gobiernos, a los cuales usted hizo acre reproche. ¿Querría usted hacer una breve explicación sobre ese punto?

A. L. M.: ¡Por Dios! Cíteme usted una línea mía en donde yo hubiera declarado que no iba a contratar préstamos externos para el desarrollo. Por el contrario, como candidatos, estuve en los Estados Unidos hablando con el BID y el Banco Mundial, explicándole al señor MacNamara los planes de gobierno, y luego en Rumania y Francia, a los gobiernos respectivos, para que nos ayudaran a financiar planes como los de electrificación, el gasoducto de la Guajira, la ayuda a los minifundistas y a la pequeña industria, etc. No hay nada nuevo en que este Gobierno haya solicitado, como los anteriores, un señalamiento en el tope de endeudamiento. Contra lo que yo hablé, no una sino muchas veces, fue contra los préstamos en eurodólares para gastos de funcionamiento. Yo se que usted entiende la diferencia, pero expliquémosela a los lectores aquí, en el Valle, en donde corrió con fortuna aquello de que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Una cosa es endeudarse para electrificar el país, pavimentar las carreteras, terminar las obras del INCORA, o fortalecer la petroquímica nacional, con préstamos de bancos de fomento de carácter internacional, fundados con ese propósito que conceden plazos muertos, en intereses por debajo de los de mercados internacionales y otra cosa es aumentar la burocracia y contraer préstamos, en eurodólares, a corto plazo y con intereses fluctuantes, por encima de la tasa del mercado de Londres, como lo hizo el gobierno anterior, inclusive, hacia el final, y para atender compromisos urgentes, como en el caso de la CVC sin el pleno de los requisitos legales, que este gobierno ha tenido que poner al día, ratificando lo actuado, sin que ello implique que haya abandonado su filosofía de que los préstamos en eurodólares para funcionamiento son nocivos. Precisamente, el problema de los pagarés para cubrir esta clase de gastos, a los que usted se refiere, abonan mi aseveración. En 1973 se utilizaron préstamos en eurodólares para cubrir gastos de funcionamiento del presupuesto nacional. Y en el presupuesto de 1974 se incluyó una partida de $ 1.170 millones provenientes de un préstamo en eurodólares que no fue contratado por la administración anterior ni por la actual en vista del alto costo que tenían para el país esos recursos (del orden de 24% anual) y por su impacto negativo sobre la balanza de pagos. De ahí que optáramos por emitir pagarés en pesos, que no van a afectar nuestras reservas y con un interés conocido, en forma de descuento, y para ser recogidos con el producido del impuesto sobre las ventas. Evidentemente es una emisión, como usted lo afirma, pero es una emisión contemplada en el presupuesto nacional del gobierno anterior, aprobado por el Congreso. La cuestión está en saber si es igual o mejor para el país que la emisión provenga de la venta de los eurodólares al Banco de la República, que tiene que emitir billetes para comprarlos y devolverlos, dentro de siete años en dólares, o permitir que con el encaje bancario, rebajado en unos pocos puntos, los bancos comerciales suscriban los pagarés directamente en pesos Colombianos. Por lo demás, es curioso cómo, en cierto modo, la emisión de estos pagarés evitó un estrangulamiento de la economía, por una contracción excesiva. Con una tasa de inflación del 26 % para 1974, un aumento de los medios de pago de solo el 15 %, hubiera podido tener consecuencias desastrosas.

Tal como han ocurrido las cosas, el aumento si bien no es igual a la inflación, sino que está por debajo, ha permitido que Diciembre no fuera el mes que algunos pronosticaban como sombrío, porque la gente no iba a tener con qué ir a pasar sus vacaciones ni comprar regalos. En este sentido, los datos del Gobierno no coinciden con los de los voceros de los gremios. Parece ser que, con excepciones, como los electrodomésticos, los automóviles, las ventas de este año superan a las del año pasado en 30 %, 40 % y 50 %.

EL PUEBLO: Usted ha hablado, con cierta jactancia, de la poca importancia que da a las voces discordantes de los liberales sobre su gobierno, ya que 3.000.000 de ciudadanos lo favorecieron con su voto. Pero también se habla por parte de los Conservadores del robustecimiento que le está dando a la extrema izquierda marxista.  ¿Tampoco hay que darle importancia?

A. L. M.: Es cierto que durante la campaña electoral rechacé toda tentativa de debilitar mi candidatura diciendo arrogantemente que no quería el Cámpora de nadie. De que tal posición de seguridad en el triunfo dio sus frutos no me cabe duda. Con posterioridad a las elecciones, dije en rueda de prensa, delante de los corresponsales extranjeros, que una victoria tan abrumadora me infundía un sentimiento de temor, porque la experiencia enseña que es más fácil administrar una victoria con márgenes no tan decisivos como los que los norteamericanos llaman “cataclismos”. Tenía en mente algunos ejemplos, sobre todo de mi último viaje a Londres, cuando el Primer ministro Wilson acababa de ganar por unos pocos escaños, que confirmaron mi tesis, diciéndome que los partidos se dividen cuando adquieren un sentimiento de excesiva seguridad. De ahí en adelante no he hecho otra cosa que mantenerme en esa posición. Cuando vivieron los representantes de las iglesias evangélicas a felicitarme les dije “que había sido elegido no para cuidar mi popularidad sino para cuidar el interés público, y que mi conciencia me ordenaba tener en cuenta mis deberes y compromisos por encima de las consideraciones del volumen electoral”. En mi último reportaje para Cromos, expresé que el Partido Liberal era una “coalición de minorías”, en donde se daban cita distintas religiones minoritarias, gentes apolíticas, descendientes de inmigrantes y por el cual votan seguidores de los partidos que no pueden llegar al poder y que quieren tener garantía para sus derechos”. También agregué que el partido no se puede inclinar por ninguna minoría que hay a su interior, pues si lo hace queda reducido a una condición minoritaria, lo cual lo obliga a mantener el equilibro entre sus componentes.

La libertad y el derecho van a estar estrechamente unidos. Solo hay libertad donde hay una norma jurídica que la tutele y ampare. Cuando dicen que yo estoy robusteciendo la extrema izquierda marxista, porque se le reconoció la personería jurídica a la CSTC o porque se designó al doctor Luis Carlos Pérez como rector de la Universidad Nacional, se está aventurando a un juicio ligero. Examinemos los dos casos: las leyes de Colombia señalan los requisitos que se deben llenar para obtener una personería jurídica de una confederación sindical. No hacerlo es potestativo del gobierno concederla o abstenerse de hacerlo. La CSTC es de inspiración comunista y me ha traído muchos dolores de cabeza, pues siempre ha aspirado a sustituirme en el gobierno por alguien de más agrado. Entonces yo pregunto: ¿podía negarle la personería no obstante llenar los requisitos, simplemente por tratarse de gentes que no comparten mis ideas y me combaten? Lo liberal es cumplir la ley, garantizando la libertad de asociación no solamente para estar de acuerdo sino para estar en desacuerdo. Si la doctrina liberal consistiera en tolerar el aplauso y el respaldo y excluir la censura y el ataque, no habría corrido con tanta fortuna en el mundo.

En el caso del doctor Luis Carlos Pérez, me ocurre algo semejante. Durante el Frente Nacional fue escogido para magistrado de la Corte Suprema de justicia, el más alto tribunal para interpretar para aplicar e interpretar el derecho en el país. Nadie protesta. Pero cuando el doctor Durán y yo lo escogimos para rector de la Universidad Nacional parece que hubiéramos buscado a un representante de la China Roja o un miembro del Polilt Buró Soviético. Nadie recuerda que salió de la corte para la universidad. Concluimos así en la paradoja de que lo que se podía hacer sin crítica bajo el régimen rígido del Frente Nacional se vuelve nefasto, marxista y contrario a los intereses del liberalismo y del conservatismo bajo el régimen del “desmonte”, cuando van adquiriendo mayor carta de ciudadanía corrientes distintas de las tradicionales, que hoy pueden participar con sus hombres en las elecciones para el Congreso, asambleas y concejos. De esta suerte, se traiciona al electorado nombrando para el cargo de rector, bajo un régimen más amplio, a la misma persona a quien el Frente Nacional le había confiado la integridad y guarda de la Constitución.

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EL PUEBLO: Usted habla con optimismo del ambiente de cambio que dice respirar el país. Para usted el cambio es una cosa deseable en sí misma. Pero en Chile, por ejemplo, se han registrado cuatro cambios en los últimos tres lustros. ¿Cuál cambio le parece a usted que ha traído mayores beneficios a ese país: el de Frei, el de Allende, el de Pinochet o el próximo?

A. L. M.: No se trata de que el cambio sea deseable o no deseable en sí mismo. La pregunta sería más bien la de si se puede escapar al cambio y mantener el statu quo. Lo uno y lo otro engendran problemas. Pero yo creo que es mejor tener problemas por hacer el cambio que tenerlos por dejar de hacerlo. En el caso colombiano es claro que después de 16 años de congelación, el cambio de las personas, de las actitudes, de las orientaciones es inevitable. Lo importante es propiciarlo dentro de un marco de seguridad y legalidad, aún para aquellos que no lo quieren. El caso de Chile para mí es típico. Pinochet responde como cambio, al que Allende llegó demasiado tarde, cuando Frei había despertado demasiadas esperanzas. ¿Por qué será que en los países anglosajones de estirpe liberal desde hace siglos no se presentan cambios bruscos en forma de golpes de Estado y, en cambio, las grandes revoluciones del siglo XX han ocurrido en Rusia, China y Cuba, donde imperaban las dictaduras? Será demasiado ingenuo pensar que el cambio gradual es el antídoto contra el cambio brusco,  hijo del estancamiento.

EL PUEBLO: ¿No nota usted mismo una incongruencia entre su mentalidad liberal de hombre de cultura y sus complacencias continuadas o saltuarias con la extrema marxista? Usted sabe, por ejemplo, porque lo ha visto con sus propios ojos, que en los países regidos por la ideología marxista, no existe oposición, ni se toleraría, no existe cátedra libre, no existe prensa libre, no existe intimidad de hogar, libre. ¿Cómo le puede venir en mente crear esa perspectiva para nuestra universidad, que es nuestra próxima sociedad?

A. L. M.: Tal vez esta pregunta ya está contestada. Quiero, sin embargo, aclararle que yo soy Liberal porque estoy convencido de que la convivencia social se garantiza mediante la aplicación de la tolerancia, con las ideas ajenas. Yo no entiendo el liberalismo como un totalitarismo más, sino como el único sistema filosófico en que tienen cabida los contradictores. Entre tales contradictores está el marxismo. La pregunta sería, entonces, si la correcta aplicación del credo liberal implica la exclusión de ideologías distintas o si la filosofía liberal se defiende sola, por sus propios méritos, en el mercado de las ideas, enfrentándose a otras cuya existencia permite.

No es la primera vez que la Universidad Nacional se califica de marxista, inclusive por las mismas personas y con los mismos raciocinios y contra los mismos profesores, con veinte años más a las espaldas. Alguien decía que lo más difícil del mundo era mantenerse al corriente de lo que ya pasó. La perspectiva para nuestra universidad de crear una generación marxista, porque han regresado a los claustros Gerardo Molina y Antonio García, es una experiencia ya vivida. No creo que haya más o menos marxistas en el futuro en razón de la reaparición de los distinguidos catedráticos que acabo de mencionar. No es imposible que sea en las universidades privadas, a donde asisten los hijos de familias acomodadas, en donde posiblemente esté prendiendo la simiente marxista, que al cabo de un cierto número de años acaba siendo un semillero de liberales.

EL PUEBLO: Usted ya es un viejo gobernante. Tiene seis meses de conducir al país, siempre con las riendas en la mano. Dígame tres cosas que usted haya iniciado en este lapso, que juzgue que incidirán mayormente en la futura vida de los colombianos.

A. L. M.: Es difícil escoger, entre tantas cosas como se han hecho, tres que puedan calificarse como las de mayor incidencia en la vida del país. “Hemos vivido tanto tiempo en tan pocas semanas”, como decía uno de los soldados de Cromwell. Pero sí quiero señalarle, dentro del concepto de cambio, los factores que han tenido mayor incidencia:

a). Haber cumplido rigurosamente un programa político, con el carácter de un mandato y dentro de las naturales circunstancias, que escapan muchas veces al control del gobernante. Es algo que desconcierta, por trivial que parezca, ver las promesas electorales ejecutadas en serio; más aun, es algo que irrita. Muchas personas parecen decirse: “apoyamos la candidatura”, pero el significado de lo que se decía era para conseguir votos, pretendiendo que todo iba a seguir como antes. Esto de prescindir de ciertas figuras tradicionales, de trasladar las cargas tributarias de la rentas de trabajo a las rentas de capital, de no intervenir en la confección de los directorios del partido, no nos gusta.

b). Entre las promesas cumplidas me enorgullezco de haber podido cancelar la deuda del Partido Liberal con la mujer colombiana. No solamente ha tenido una participación, que se le prometía y no se le cumplía, sino que toda la legislación ha reflejado ese vuelco contra el “machismo”, con la reforma de todas las disposiciones discriminatorias del Código Civil. Al mismo tiempo, la Ley de Sala cunas y Protección Preescolar es, en cierto modo, de protección a las madres, como lo es la Ley de Adopción. Yo confío en que las mujeres recordarán este gobierno por haber sido en 1974 cuando cristalizaron sus apariciones, aplazadas en muchos lustros.

c). Es indudable que el mundo entero atraviesa por una época de transición en donde es muy difícil predecir la clase de sociedad que se está gestando. Algunos comparan esta época con los años de la gran crisis mundial de 1930. Otros consideran que estamos viviendo los estertores del capitalismo. Desde el punto de vista colombiano, yo creo que estamos llegando al fin de nuestro aislamiento, de nuestro parroquialismo, y que muchos de nuestros males provienen de esa adaptación de lo que era un Tibet a las corrientes mundiales de la economía y del pensamiento. Yo he tratado de rodearme de un equipo con más imaginación que recuerdos. Hacerle frente a la emergencia mundial con mentalidades creadoras, con una visión mundial de los problemas, en lugar de quienes por la experiencia de 30 o 40 años, tienen fresca en la memoria nuestra historia del siglo XX. Pero lo hago porque yo creo que la época en que vivimos es más para la imaginación que para la recordación. Para la creación con elementos nuevos, con soluciones a la colombiana, con gentes familiarizadas con el mundo contemporáneo y no como ocurre no solamente aquí, sino en otros países “espiritistas” en política, quienes ante los nuevos acontecimientos evocan lo que hizo Roosevelt o Poincaré o Chamberlain, cuando se enfrentaron a una crisis hace medio siglo. Yo creo en estos casos, como en el de la propia experiencia colombiana, que el mérito reside en haber hallado soluciones para los problemas de su tiempo. No haber pensado Roosevelt en cómo se había tratado la crisis a raíz de la guerra civil americana, sino cómo tratar la que le tocó a él. Otro tanto con Esteban Jaramillo o López Pumarejo. No haber pensado en lo que había hecho el general Reyes con el problema cambiario o el tributario en 1905, sino que les tocaba hacer a ellos en su tiempo.

El haber tenido como equipo de gobierno a quienes no están tan preocupados sobre qué pasó, sino sobre qué va a pasar, forzosamente tendrá una gran incidencia en la vida nacional.

IMG_9242¿Quién nos hubiera dicho hace tres meses, sin tantas gabelas ni exenciones, que con el propio plan de “las cuatros estrategias”, que condenaba en su literatura pero aplicaba en su práctica, conseguiríamos $300.000.000 en solo dos días de enero de 1975 como  muestra del crecimiento de las cajas de ahorro? ¿Quién hubiera sospechado que estaríamos con un incremento de más de $2.000 millones en aumentos de las cajas de ahorro en lo que va corrido de este Gobierno? ¿Quién hubiera calculado el incremento de los depósitos a término en más de $2.000 millones de agosto a diciembre?

EL PUEBLO: Después de haber presenciado de cerca la lucha de su padre, la suya propia, la de sus más o menos contemporáneos que rigieron el país, ¿usted vería con agrado que alguno de sus hijos luchara por la Presidencia de la República?

A. L. M.: Nunca he querido interferir en las aficiones o aspiraciones de mis hijos. Ustedes, los Lozano, que ya van en la tercera generación de políticos, saben cómo muchas veces no es tanto una ventaja sino una limitación que el abuelo haya sido un hombre público, los hijos también lo hayan sido y los nietos sigan los mismos pasos.

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