No tenía mandato para la paz, ¡y qué!

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

@zulagacamila

A pesar de que  hace mucho tiempo en Colombia, y en el mundo católico en general, la Semana Santa  dejó de ser un momento de reflexión y reconciliación  para convertirse en período de vacaciones playeras, en el fondo, en el imaginario colectivo,  todavía creemos que no es tiempo para agarrarse de las mechas.

Por lo anterior ha sorprendido, a pesar de que ya pocas cosas  logran hacerlo  en Colombia, el enfrentamiento entre expresidentes y el gobierno actual,  pues se supone que lo que todos anhelamos  es la paz.

Comenzando la semana,  en día festivo, el expresidente Andrés Pastrana le otorgó una entrevista al periódico El Espectador en la que  evidenció su indignación con el gobierno Santos y lanzó dardos que lo dejaron plegado a la posición Uribista, algo que jamás hubiéramos pensado posible. Pero en el país del realismo mágico y del sagrado corazón todo es factible.

“Santos no tiene un mandato para la paz”, fue la frase más contundente del expresidente Pastrana, para argumentar que Colombia eligió al presidente Santos sin saber que en sus planes estaba sentarse a negociar con las Farc. Esto por supuesto, a diferencia de lo sucedido en su momento, en donde la foto con  Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo   llevo a  Pastrana a ganar las elecciones, para así ser el jefe de la casa de Nariño durante el periodo 1998-2002.

Es  cierto que cuando el país eligió a Pastrana lo hizo con la ilusión de que gracias a esa foto él podría llegar a obtener una salida negociada al conflicto con las Farc. Como también es cierto que cuando el país eligió a Álvaro Uribe como presidente, lo hizo con la firme convicción de querer acabar el conflicto, no con diálogo sino con metralleta. Era lo que quería el electorado en su momento, aburrido y decepcionado de lo sucedido en el Caguán. Colombia votó por estos dos presidentes teniendo claros los planes que tenían para el país, en eso Pastrana no se equivoca.

Así como tampoco se equivoca en decir que Santos sorprendió con su plan de gobierno. Convenció en campaña con la promesa de ser la continuidad de Uribe, con seguir cuidando sus tres huevitos y mantener la seguridad democrática.  Tanto es así, que sus primeros comerciales de televisión para presidente tenían como eje principal el miedo, al mejor estilo gringo con las campañas antiterroristas. No olvidemos que a pesar del fracaso del gobierno Bush, este logró reelegirse gracias a que la sociedad estaba asustada, los norteamericanos preferían un gobierno bélico por el temor de volver a vivir la experiencia de las Torres Gemelas. Asimismo, fue como comenzó  la campaña de Santos presidente.

Pocos imaginaron, porque hay que decir que algunos sí avizoraron su “talante traidor”, que su eje de gobierno sería una salida negociada al conflicto. De haber sido así, nadie hubiera votado por él. Uribe no le habría dado su apoyo y los nueve millones de votos no habrían sido heredados.

Todo lo anterior es verdad, no le falta razón al expresidente Pastrana. En lo que sí se equivoca es en la importancia que esto tiene para el país. ¿Hoy a quién le interesa eso? Lo que nos interesa a los colombianos es que ese proceso por el que el presidente Santos ha arriesgado tanto, salga adelante. Lo relevante es que podamos ponerle fin a un conflicto que, de lo viejo, se nos olvida de vez en cuando.

Que no se le olvide al expresidente Pastrana la existencia de uno de los libros base de cualquier político, pero que pareciese sobre todo el principal referente del presidente  Santos: El Príncipe, de  Maquiavelo. No en vano en el pasado Hay Festival, en Cartagena, cuando el periodista Juan Gossaín le pregunto al presidente qué libro estaba leyendo, este respondió que El nuevo Maquiavelo, de Jonathan Powell.

El fin justifica los medios y así lo ha aplicado Santos, no importó que la forma y  las promesas de campaña fueran de cierta forma mentirosas; su objetivo era llegar al poder para entablar un dialogo con las Farc. Y si me preguntan a mí, pienso que hoy no importa el método.  Hoy estoy convencida de que lo importante es que ese proceso de paz salga adelante. Por esta vez creo que esa desprestigiada frase del pensador florentino es perfectamente válida: el fin justifica los medios. ¿No les parece?

 

 

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