¿Nuestra educación va de mal en peor?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez
Twitter: @Florohermes

El pasado martes conocimos que, según el Informe PISA (Programme for International Student Assessment), llevado a cabo por la OCDE, los 9073 estudiantes quinceañeros evaluados en Bogotá, Medellín, Cali y Manizales obtuvieron el deshonroso puesto 62 entre 65 países.

El resultado de estas pruebas, las cuales se basan en el análisis del rendimiento de estudiantes, ha sido interpretado por los funcionarios públicos encargados del sector como una verdadera hecatombe para el sistema nacional de educación colombiano, lo cual nos hace preguntar por qué tan desastroso resultado.

La más común de las respuestas, según reconocidísimos expertos, apunta a la mala calidad del profesorado colombiano que, como bien sabemos, en muchos casos son maestros que tratan de enseñar lo que nunca aprendieron; pero olvidan ellos que esos educadores han sido formados por las universidades del país, y de ellas no se dice nada.

En tal sentido, la señora ministra de Educación Nacional cree que “los resultados de estas pruebas son un llamado de urgencia a todo el sector educativo para redoblar y mejorar los esfuerzos y las políticas, y seguir mejorando la calidad de la educación en el país, especialmente en matemáticas”.

Sin embargo, los reconocidísimos expertos y la ministra tienen un pequeño vacío cognitivo: el Informe PISA es una prueba muy parecida a los exámenes de inteligencia; por lo tanto, cuando se dice habilidad lectora, matemáticas y ciencias, son ítems posibles de deducir, aun careciendo de conocimientos del currículo escolar.

Esto explica, en primer lugar, que los resultados del Informe PISA puedan ser correlacionados directamente con los cocientes intelectuales por países y sean difíciles de correlacionar con la eficiencia de los sistemas de educación, como lo pretenden interpretar los reconocidísimos expertos nacionales y la ministra.

En segundo lugar, pudiendo ser correlacionados directamente estos resultados con los cocientes intelectuales por países, ello quiere decir que el Informe PISA pone en escena factores que en nada tienen que ver con la escuela: la alimentación prenatal e infantil, el servicio público de la atención de la salud, el saneamiento ambiental, el cuidado general de la población y la genética.

Finalmente, estos factores que nada tienen que ver con la escuela explican por qué a los países de bajos ingresos (Colombia es un país de ingreso medio), o con minorías étnicas (Colombia tiene varias minorías étnicas) les va tan mal en el Informe PISA; mientras que a los países de ingresos altos y sin minorías étnicas les va tan bien.

Por lo tanto, podemos concluir que es válido hacerse la pregunta que la semana pasada estuvo de moda: “¿la educación colombiana va de mal en peor?”. ¡Mi respuesta es no!

Los resultados del Informe PISA nos hablan de otra cosa, nos están mostrando los resultados de la institucionalidad política y económica extractiva de Colombia, que excluye y que detrae rentas, generando una deuda social que se expresa en el rendimiento del cociente intelectual general de la población, con el cual lo maestros, antes que victimarios, son víctimas, pues ellos ordinariamente proceden de los estratos menos favorecidos.

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