Nueva carta de Uribe: la renuncia

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Por: Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

El pasado martes 18 de agosto de 2020 a las 18:00 el señor ex Presidente de la República, hoy Senador de la República, Álvaro Uribe Vélez comunicó a través de su cuenta en twitter la presentación de su renuncia al Congreso de la República de Colombia, la cual podría ser interpretada como una contradicción con respecto a su tweet de 25 de julio de 2018 a las 10:20 horas.

En dicho trino escribió: “Nunca he eludido a la Corte Suprema para que ahora inventen que la renuncia al Senado es para quitarle la competencia. La acusación sobre testigos que me hacen la basan en hechos realizados a tiempo que ejerzo como senador, lo cual mantiene la competencia de la corte”.

Para romper la idea de contradicción entre los dos trinos, al leer su renuncia Uribe Vélez alegó “la violación de ocho garantías procesales, con interceptaciones ilegales y dolosas, también a uno de los abogados, filtraciones selectivas a adversarios políticos y periodísticos en lugar de publicar todo el expediente, detenido por inferencias, sin pruebas directas, sin recibir varias declaraciones, con compulsa a testigos a favor, sin que mis abogados hubieran podido contra interrogar, con el magistrado que advertía de posible auto incriminación para ayudar a la contraparte a esconder mensajes (pruebas)”.

A primera vista, Álvaro Uribe Vélez es otro congresista más que alega falta de garantías, renuncia y abre nuevamente la discusión de quién asume la competencia: la Corte Suprema o la Fiscalía. Pero, él no es comparable con su primo Mario Uribe Escobar, Luis Alberto Gil, Jairo Enrique Merlano o Zulema Jattin Corrales, por su liderazgo de tipo carismático y su marcada influencia política.

Entonces, ¿qué persigue el señor ex Presidente de la República? Se propone demostrar que la Corte Suprema de Justicia está parcializada, que su decisión no está fundamentada ni es de calidad; en fin, que no es un tribunal confiable y que está guiada por una animosidad contra él que le impide ser transparente.

En conclusión, su objeto no es cambiar de juez como ingenuamente se debate. Así lo deja entrever cuando afirma: “Hago votos por una reforma a la justicia que la despolitice al cambiar el sistema de elección de magistrados. Estos deberían llegar a la alta corte en edad madura que haya disuelto las vanidades y afianzado el apego a la rectitud”.

Su propósito es demostrar que la Sala Penal de Instrucción y de Juzgamiento de la Corte Suprema de Justicia está integrada por magistrados inmaduros que tienen un ánimo prejuiciado, predispuesto y parcializado; por lo tanto, carente de objetividad e influido por cuestiones de distinto orden. En otras palabras, cuestiona la seguridad jurídica y, tácitamente, califica a su juez de ilegítimo.

Y, ¿qué efectos puede tener este propósito? Primero, reforzar su discurso como víctima; segundo, si su proceso es trasladado a la Fiscalía, le significará una victoria política; tercero, allanar el camino a su partido para una reforma a la justicia; y, cuarto, preparar el terreno para la campaña presidencia de 2022.

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