Obras sin reconocimiento ni prestigio

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Por Álvaro Guzmán Barney Director CIER cier@uao.edu.co
Por Álvaro Guzmán Barney
Director CIER
cier@uao.edu.co

Por Álvaro Guzmán Barney

Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiano, CIER

Universidad Autónoma de Occidente         

Hace unos días se publicaron los resultados de una encuesta de Gallup con la calificación de los gobernantes de Cali y el Valle, que subió en veinte puntos para el Alcalde y en diecisiete para el Gobernador. Este aumento se les atribuye al reconocimiento por el túnel de la Avenida Colombia, por la cumbre Alianza del Pacífico y por los próximos Juegos Mundiales.

Hay varias cosas para comentar sobre un cambio tan importante en la calificación. En primer lugar, se debe tener en cuenta que la encuesta es muy endeble. Los resultados para Cali y el Valle se estiman a partir de doscientas encuestas telefónicas, a mayores de dieciocho años de todos los estratos socioeconómicos, con niveles de confianza del 96 % y márgenes de error del 5 %. Esto quiere decir que la encuesta mide asuntos muy generales de las percepciones ciudadanas. Si se hace una desagregación, para buscar mejores explicaciones de las opiniones, la encuesta deja de ser válida. La encuesta estima asuntos tan generales como un “estado de opinión coyuntural”, precisamente en un contexto de inauguraciones en la ciudad. La representación numérica del reconocimiento ciudadano es fácilmente desvirtuada si se profundiza en su explicación.

En oportunidades anteriores, el alcalde Guerrero tuvo un bajo desempeño en las mismas encuestas. Habría sido oportuno argumentar en ese momento que no se debía afanar por ello y que, finalmente, la opinión pública lo iba a valorar y estimar por cosas más importantes como los resultados globales sobre su gestión en la ciudad o por tener un estilo de gobierno y una conducta política diferente a la de muchos de sus antecesores, tan mediáticos.

Siempre tengo en mente un caso paradigmático de la distancia abismal que puede haber entre la opinión expresada en un momento dado sobre un personaje de la vida pública, sus ejecutorias concretas, y lo que se le reconoce con cabeza fría, más adelante, cuando se hace una evaluación de su gestión. Es el caso del expresidente Virgilio Barco. Durante su Gobierno, pero especialmente en los últimos meses, los medios y la opinión pública fueron implacables con él a partir de un hecho visible y era que mostraba dificultades de comunicación, seguramente en un preámbulo de su enfermedad. Cuando se evaluaron los resultados de su mandato, en aspectos políticos y económicos, la crítica tuvo que ser mucho más indulgente. Hoy en día prestantes académicos, nacionales y extranjeros escriben valorando su gobierno, sus ideas y sus ejecutorias.

Pero lo que quiero comentar tiene que ver con lo siguiente. En Cali y en el Valle hay temas de fondo que se requiere resolver, que no dan prestigio coyuntural alguno, que han sido aplazados por pasados gobiernos y que a la opinión pública mediatizada no le interesan. No son ni más obras viales, ni reconocimiento por la promoción de nuevos mercados, ni aplausos por las competencias deportivas por venir. Me refiero a los temas que relacionan la ciudad y el departamento con el medioambiente. En el futuro este será un criterio de evaluación de los distintos gobiernos. En nuestro medio es especialmente preocupante la situación de los ríos, comenzando por el Cauca, y el aprovisionamiento de agua para la ciudad. Orientar la inversión pública a la sostenibilidad ambiental a largo plazo va a ser oneroso y seguramente no va a tener un reconocimiento acorde con la “opinión pública”.

Hay que distinguir dos problemas que están relacionados: uno es contrarrestar la erosión de los suelos por el uso que tienen, reforestar intensivamente, conservar las cuencas de los ríos y, de esta manera, mejorar la cantidad y calidad del agua para el consumo humano; y el otro es manejar el agua de la manera más eficiente posible en la ciudad, para su consumo y para después de él. Sobre lo primero, es sencillamente estremecedor el espectáculo que se puede estar mirando en estos días: el color y el volumen que llevan las aguas del río Cauca y sus afluentes. Son un indicador de una enfermedad grave. Sobre lo segundo, no es claro el papel jugado por Emcali en el pasado y tampoco la estrategia que se tiene contemplada para el aprovisionamiento de agua y para ampliar la PTAR y su justificación, técnica y ambiental. Es cierto que son varias las entidades encargadas de afrontar estos problemas: el Dagma, la CVC y Emcali. Es cierto también que están desarrollando programas y acciones al respecto, pero de manera dispersa.

¿Pero existe una estrategia coherente para proteger las fuentes de agua, para proveer a Cali del precioso líquido y para devolverlo tratado a la naturaleza? Públicamente no se conoce. Técnicamente hay desacuerdos y políticamente no debe ser rentable, en términos de la opinión pública coyuntural, apostarle a una solución de largo plazo sostenible ambientalmente. Pero la ciudad necesita este tipo de soluciones.

En Cali y en el Valle hay temas de fondo que se requiere resolver, que no dan prestigio coyuntural alguno, que han sido aplazados por pasados gobiernos y que a la opinión pública mediatizada no le interesan

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