Óscar Ramírez, el tumaqueño que murió en la protesta de los buseteros

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hgjOriundo de Tumaco, desde hacía un año vivía en la ciudad de Cali, en donde trabajaba como pregonero en la ruta 8 de Coomoepal. En medio de las protestas de los transportadores el 19 de marzo perdió la vida.

Por: Andrés Córdoba

Especial para El Pueblo.

El tiro que impactó en la frente de Óscar Mauricio Ramírez fue casi perfecto. Se incrustó justo  donde las cejas se encuentran. Un tiro seco, de sorpresa y que no falló. El cuerpo, el de Óscar Mauricio, se desplomó de inmediato, en medio de la revuelta de los dueños de los buses transportadores y los ayudantes que protestaban, para que los vehículos de servicio público no salieran de circulación. Era el medio día del miércoles 19 de marzo.

Muchos pensaron que Óscar Mauricio murió de inmediato. De hecho voces intermitentes entre murmullos anunciaron el asesinato.  Unos pocos, en medio del disturbio y la adrenalina sacaron su celular y se atrevieron a grabarlo, como evidencia de la anunciada catástrofe que ya sumaba su primer muerto.

Pero Óscar hizo el esfuerzo de levantarse. Así. Como si estuviera sucediendo un milagro ante los ojos de la multitud enardecida. Pero las fuerzas no le dieron el envión suficiente. Siguió bocabajo, con la mancha de sangre expandiéndose sobre el cemento.

Óscar hizo un segundo intento y logró voltear su cuerpo hasta que quedó mirando hacia ese cielo. Los gritos, los llamados de auxilio, los nervios, la rabia, la impotencia. Todo en un segundo.  La ambulancia que llega, se abre campo, recoge al herido. Se lo lleva.

Héctor Burgos, que presencia los hechos queda sin voz. Solo con la imagen  de uno de los policías, que desenfunda su arma y apunta a la multitud. Es entonces cuando se escucha el ruido que se pierde la entre la algarabía de la gente. Óscar, su primo, se derrumba a su lado.

Óscar y Héctor trabajaron juntos. Héctor, manejando una buseta de transporte público, la ruta 8 de Coomoepal que atravesaba casi toda la ciudad de Cali y una de las últimas que operaba de esta empresa. Óscar trabajaba en la misma ruta como pregonero.

Pero Óscar llevaba un año trabajando en Cali. Había llegado de Tumaco (Nariño) con la ilusión de cambiar su vida, la de sus hermanos y la de su madre. Las condiciones laborales y económicas no eran las mejores. Óscar no tenía un trabajo asegurado en su tierra  y se dedicaba al rebusque, a ser todero. A trabajar en lo que saliera. Cargando leña, bultos, en el campo, en lo fuera. El primer sueño fue ser vigilante y el segundo sueño, después de cumplir obligadamente el primero, era comprarle la casa a su madre y a sus tres hermanos menores.

Tenía 20 años de edad y hacía poco había prestado servicio militar. Siempre buscó el curso de vigilancia, pero los recursos no le alcanzaban para inscribirse. También quería terminar el bachillerato, pero necesitaba de dinero, ese que la tierra que siempre amó no le pudo dar.

Tatiana Rodríguez, prima de Óscar, espera el cuerpo de su primo en la morgue.Tomó la decisión de marcharse a Cali, donde Héctor Burgos hace más de un año le  había ofrecido trabajo como pregonero en la ruta 8 de Coomoepal. Y allí se quedó, trabajando con él todos los días, todo el día. Cumpliendo de a poco su sueño.

A las pocas semanas de llegar de Tumaco se fue de la casa de su primo. Aunque 20 mil pesos diarios que se ganaba no eran mucho, era suficiente para pagar el arriendo de la casa donde vivía, costear su alimentación, comprar su ropa cuando fuera necesario, y ahorrar para enviarle dinero a su madre cada 15 días. .

Otra prima suya Tatiana Rodríguez, lo describe como alguien alegre, pero calmado. Humilde, de pocas palabras, colaborador y respetuoso, sobre todo con  su madre. “Él nunca le levantó la voz”, aseguró su prima.

La última vez que habló con Karen Manales, su novia desde hacía seis meses, fue ese día en horas de la mañana. Acordaron verse en el almuerzo, como era costumbre entre ellos. Unos días antes, habían planeado cómo sería el cumpleaños de Óscar, su número 21, el 22 de marzo. Sería algo alegre, lleno de energía, con sus amigos y familiares.

Pero pasó el medio día y con él, la hora del almuerzo. Óscar no llegó.  Las cosas entre los transportadores y la policía en la ciudad parecía empeorar. En los noticieros se hablaba de la crítica situación. Ella sabía que su novio  estaba entre el tumulto, apoyando la manifestación, de la cual dependía su vida, pues sin trabajo la idea de traer a su madre y a sus hermanos se esfumaba.

A eso de las 4 de la tarde entró una llamada de Héctor Burgos.  Óscar había salido mal librado de la protesta y ahora estaba en el hospital  Carlos Holmes Trujillo en estado crítico. Su madre, Rosamelia García, al enterarse en Tumaco de lo sucedido quedó sin aire, sin aliento. Recordó que días antes le había dicho a su hijo que se devolviera a Tumaco por si la cosas salían mal. Sin pensarlo, armó su maleta y salió en el primer carro que la condujo a Cali. Tenía la esperanza de verlo aún con vida. No fue así. Cuando llegó a la ciudad en horas de la noche, Óscar ya había muerto.

El viernes en la tarde, Tatiana y Karen,  las dos mujeres que dan rostro a esta tragedia,  esperan el cuerpo en la morgue departamental del Hospital Universitario del Valle. Ambas son morenas. El sábado no hubo cumpleaños. La familia Ramírez García, tuvo que asistir al entierro de Óscar.

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