Otra vez los partidos

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

Hablar de la crisis de los partidos políticos no es nada nuevo; de hecho, en este espacio he abordado en varias oportunidades ese tema.  Sin embargo, los acontecimientos recientes de la política nacional me obligan a mencionarlos de nuevo.

Todo empieza con el anuncio que hizo el presidente del Senado, Roy Barreras, quien  manifestó que existía una posibilidad de que el Partido Cambio Radical se uniera al Partido de la U, que valga la aclaración es el partido de Gobierno.  En este mundo de incoherencias, difíciles de entender, dicho anuncio me generó ciertas inquietudes: ¿Qué razón ideológica y acuerdo programático existen para que se dé dicha fusión? Rápidamente vino a mi cabeza la respuesta: en este país no existe una sola colectividad agrupada por ideas, todas ellas no son cosa distinta que empresas electorales.  Así que si se da esa unión, de tener la posibilidad jurídica, no obedecería a cosa distinta que al  riesgo que tienen los integrantes de Cambio Radical en el Congreso de no poder salir elegidos en los próximos comicios.

Pero la visión sobre lo nefasto que son los partidos políticos en Colombia se me agudizó después de observar lo sucedió con los candidatos a la Alcaldía del Cartagena y con el desarrollo judicial del escándalo de la contratación en Bogotá, especialmente.

La capital, como muchos saben, bajo el gobierno del alcalde Samuel Moreno se vio inmersa en un escándalo de corrupción en el que participaron la mayoría de las colectividades políticas que tenían representación en el Concejo de la ciudad.  Desde que se empezó a conocer este lamentable episodio, la ciudadanía y los medios de comunicación les reclamábamos a los dirigentes de cada uno de estos partidos políticos que tomaran medidas al respecto. Esto por supuesto no se dio.

Hoy, con ojos de ironía, los ciudadanos miramos cómo aquellos dirigentes, que en su momento cuestionamos por sostener en sus partidos a miembros que estaban siendo acusados de corrupción, están pidiendo perdón.

Perdón hoy ya para qué.  “Para sanar las heridas”, dirán muchos. Aunque me queda la duda de si esa petición de excusas se da porque no queda otra salida o porque es real.  Porque la explicación dada ayer y hoy, de la falta de actuación frente a estos integrantes corruptos de las colectividades, era que no contaban con las herramientas para expulsarlos.   Supongamos que nada se podía hacer, que evidentemente no tenían las herramientas legales para sacarlos o suspenderlos, ¿no creerían estos dirigentes que por lo menos tenían las herramientas éticas para no hacer política de nuevo con ellos?

Aquí, como dice un colega, hizo carrera la jurisprudencia del expresidente Uribe, quien en algún momento durante su periodo les dijo a los congresistas: “Voten mientras se los llevan presos”. Es decir, esa pedida de perdón me suena más bien a carreta y a la única salida posible, pues pedir perdón de verdad habría sido no volver a hacer campaña con quienes todos sabíamos que se venían robando la plata en Bogotá.

Y ojo, no crean que me refiero exclusivamente  a Juan Lozano, exdirector del Partido de la U, quien sin duda ha sido la figura más representativa de lo que estoy explicando. Aquí también le cae el mismo guante a Cambio Radical, al Partido Liberal, al Polo Democrático y al Parido Verde.

Con estos dos ejemplos que he querido traer a colación en este espacio estoy reafirmando una vez más  que aquí ni los partidos políticos, y mucho menos sus senadores, representan a la comunidad.

Como muchos me tildaran de negativa y poco propositiva por repetir y repetir lo mismo en esas columnas, quisiera responderles que no, que como colombiana, pero sobre todo como persona interesada en el acontecer político, me duele que esto sea así. Por eso me parece que es menester decirlo a viva voz cada vez que sea posible, para lograr despertar un sentimiento de proactividad ciudadana a través de la cual podamos encontrar una salida, o por lo menos  la concientización de la ciudadanía, para que frente a esta realidad algo podamos hacer.

Una cosa más: ¿En serio alguien llegó a pensar que el procurador general Alejandro Ordóñez tenía la intención de lanzarse a la Presidencia y renunciar a la Procuraduría? 

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