Pablo Escobar mi padre

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Por Patricia Suárez

pablo escobar libroAdjetivar el pasado y el impacto social del narcotráfico es reducir y frenar la posibilidad analítica que dé como resultado la compresión histórica que tiene sus raíces en la base económica de un sistema cuya práctica olvida al ser humano en sus necesidades más urgentes, induciendo al consumo y generando múltiples adicciones de su sistema adictivo.

Razón suficiente para pensar, creer y esperar, que desde el conocimiento se hallen respuestas y el rigor de aplicar los correctivos o transformaciones que la episteme desde la Intertransdisciplinariedad concluya… dando el giro económico, político, social y ecológico que se requiere y por supuesto  “ Proscribiendo el poder político que nace del crimen”.

El libro  Pablo Escobar mi padre, del hijo del capo de los capos entre los carteles de la droga de la geografía nacional, se yergue en su rotunda verdad y obliga a pensar el mal y el  comportamiento despótico y perverso del mafioso a sus lectores saturados de vivir bajo la presión sociopática de una sociedad enferma.

Las consabidas acciones del “crimen organizado” y su consecuencias; la global ostentación de poder y la inducción al exceso y desborde de todos los impulsos dentro de un sistema cuya fatua-corona derrota la civilización del pensamiento y el saber alcanzados en el trasegar humano en aras de una supuesta libertad que esclaviza la sociedad a la oferta compulsiva de mercados legales y no legales.

“…sólo aquel sistema que permita todos los vicios será el que prevalezca” dijo, si mal no recuerdo en su libro La filosofía del tocador, el Marqués de Sade, referencia en el mundo actual llamado sadiano .

Occidente vencido por sus vicios, mundo postrado por la enfermedad degenerativa que en la jerárquica piramidal de un sistema veloz y disociante adopta la droga de la resistencia física y el…

Money, money, money, money, money

In the rich man´s world

Ante la privilegiada posición geopolítica de perspectivas extratégicas que pueden aún sorprendernos (sino estamos ya sorprendidos) y ante el marasmo institucional donde la ausencia de verdaderas políticas económicas y sociales con leyes (no sólo escritas sino aplicadas) que frenen la disgregación de un Estado que a la deriva de su seudo-democracia intenta o simula una cohesión institucional, vale la pena recordar:

“…vinieron los encuentros y los desencuentros, los compromisos y garantías en medio de un Estado permeado de vandalismo y corrupción, donde los dineros de la droga financiaban, y las finanzas internacionales se fortalecían. Nada, según decían los expertos, se libra del narcotráfico: ni la gran especulación de la finca raíz, ni gobiernos, ni guerras, ni los lienzos de artistas que se prostituyeron a la luz de los narco dólares,  ni los cuadros políticos de la aristocracia criolla…”.

Coca, heroína, éxtasis y otras sustancias y los niños del mundo amenazados…

Juventud amordazada por el consumo y la media que forja la opinión, informa-desinforma y la TV de puño, puñal, bala, trampa, bombas, mentira, exterminio, guerra y el tráfico de órganos, la prostitución infantil, el hambre, la miseria… y las archisabidas y saturantes películas de mafias “el crimen paga y enseña a la población acorralada” más la esquizoide excitación hollywoodiana ante los ídolos y las divas que en los entierros de las víctimas de sobredosis de actores y actrices, lucen sus mejores galas y contagian al  mundo de su narcisa existencia…

¡Y qué decir de las canchas del balón-pie de dueños y señores!

En La Catedral estaba en construcción una cancha de fútbol (…) listo el escenario deportivo, mi padre organizó intensos partidos con invitados especiales (…)”.

Y el sumado de la belleza nacional en la anual fiesta de Cartagena bajo el patrocinio  (algunas veces) de los barones de la droga.

Y por qué no decir que en el congreso de la república se respira el olor y la historia del narcotráfico y del buen pecunio gracias a los sueldos y prebendas (no obstante el ausentismo)  extendiendo la iniquidad de sus acciones   a la sociedad vulnerada.

Y como dijo el poeta:

El dinero es el vil metal con que se compran honores, voluntades y conciencias. Y si el puñal del asesino es de oro el juez se levanta, se arrodilla y besa el puñal…”.

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