Pancho Cuevas

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POR  PATRICIA SUÁREZ

La mañana prolonga su hacer en el ir y venir de Pancho Cuevas, personaje del llano, biografiado por el  escritor araucano Umberto Amaya Luzardo,  quien, con el tono y el ritmo en la cadencia poética de su vuelo, hace de su narrativa un canto a la naturaleza, al ser y sus penurias, donde el color y la fábula entretejen saberes y costumbres, dejando al lector en un silencio piadoso y agradecido con el escritor que en cada palabra, en cada frase nos enseña la geografía de esta tierra de belleza y necesidad.

afiche (1)La singularidad del personaje, confronta valores,  creencias y es en la prosódica irreverente de una vida zanjada en las variaciones de múltiples resonancias donde se resuelve la vida andariega de un hombre sin ley ni Dios que cabalga bajo la canícula  llanera, de hato en hato, montado sobre el lomo cerrero de los caballos salvajes que galopan de sol a sol por la llanuras del Casanare, y en la riveras del Arauca se mira seguro y dueño de su destino, para saltar al Apure y desde la soledad de las espuelas arreciar los ijares del caballo  que une su fuerza y valor a la necesidad de su dueño.

Pancho Cuevas, leyenda  viva en los recodos y las  vertientes de los  ríos caudalosos y sagrados del  oriente colombiano,  palpita ante la belleza e imán de las hembras ardientes y deja a la noche para entrar en las luminosidades del amor y el deseo, besa las arenas de su llano montado en las planicies de sus morenas y catiras.

Las amarras,  los oteadores y el  sonido del poleo golpean las cienes de los guerreros, cruzando  días, semanas, meses, bajo las lluvias queridas en lo reseco del llano,   domadores  y asiduos a la pelea de  gallos y a los giros del lenguaje de los  raizales vibrando al cante teñido de las arpas y el zapateo, la región que se desborda en el arraigo de su gente curtida de pasión y trabajo donde los saberes se heredan bajo los calores del sol y  lejana, la obediencia es un recuerdo de niños asustados, para intrépidos, hacerse hombres al galope de sus propios deseos… y es allí, en lo indómito de su carácter donde yace la trama de Pancho Cuevas quien desde las páginas de Amaya Luzardo canta la necesidad  insumisa del domador no domado…

“El relato de Pancho Cuevas, tiene la gracia de ser el libro más llanero que se ha escrito sobre el llano, hecho con realismo, con fantasía, con crudeza, con finura, con desparpajo en una palabra con singular estilo¨

O como dijera Florence Thomas “…la magia de una región cuya memoria se  adivina  desde los recuerdos y peripecias de este personaje, construidas en un tono que juega entre el tiempo cíclico del mito y la imaginación…”

En Pancho Cuevas, los brujos y la brujería toman cuerpo en la imaginación colectiva  y es en la orfandad del hombre, que mira de frente la adversidad y la vida,  donde  la superstición que deja el abandono toma fuerza.

“…la palabra es bendita, yo vengo por lo que habíamos acordado, envuelve la criatura en un trapito y se los lleva a los Dividivis…¨”

“…llorando porque aquella ´le rajó la cabeza´ por quemársele las tajadas”

“…y el profesor de historia cansado de darle palo a los españoles, se ensañaba con los alumnos…”

Imaginación y juego en la cultura llanera y los chinchorros del descanso en los morrales con polvo cuelgan en las paredes  de las estancias llaneras, donde la carne y el marrano, y el vuelo de las garzas es el himno del natural de las arenas y los cocuyos alumbran desde la botella de vidrio que carga Pancho Cuevas quien nos dice: “Muchos año nuevos me cogieron con una mujer en la hamaca, otros en la sabana arriando o velando el ganado, otros años nuevos me cogieron jugando naipes o gallos y la mayoría en bailes, contrapunteos y parrandos, pero es la primera vez que un año nuevo me coge cagando detrás de un topochal”.

Y el decir de Tomás González “Pancho Cuevas es ´una mina de historias”

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