Para cuerpos colegiados, el voto en blanco es ineficaz

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Por Floro Hermes Gómez PinedaFloro Hermes Gómez Pineda
Twitter: FloroHermes

El escritor Gustavo Bolívar, el activista Alejandro Riaño y la colega profesora Mónica Pachón, de la Universidad de los Andes, han venido promoviendo el voto en blanco sin unidad alguna. Los dos primeros, Bolívar y Riaño, tienen una mirada ingenua, mientras que la profesora Pachón tiene una posición ilustrada.

Para el escritor Bolívar y el activista Riaño el voto en blanco expresa cansancio respecto a los partidos y sus representantes, así como un despertar de los colombianos. No alcanzan a apreciar que tal voto en blanco obedece a situaciones coyunturales específicas de poblaciones dentro de marcos territoriales: un asunto de geografía y poblamiento.

En cambio, la mirada ilustrada de la profesora Pachón lo señala en su real dimensión: el voto en blanco es la expresión coyuntural de fuerzas lideradas, con nombre propio, casi imposibles de cohesionar dentro de Colombia, porque carecemos de una cultura de la movilización.

Por su elemental concepción, la  mirada ingenua ha venido permeando las redes sociales, sin dejar ver la realidad del voto en blanco frente a los cuerpos colegiados.

Las personas que ingenuamente siguen a Bolívar y a Riaño ignoran que de acuerdo con el Acto Legislativo 01 de 2009, artículo 9, “deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando el total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras que en las corporaciones públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral”.

¿Qué queda de lo anterior? Que tratándose de cuerpos colegiados, “no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral”; es decir que si el objeto es perseguir a los partidos tradicionales (que tanto molestan a Bolívar y a Riaño) cuyo umbral es sobrado, el voto en blanco sólo golpea a las minorías (que tanto agradan a Bolívar y a Riaño).

En otras palabras, el voto en blanco es el mecanismo para eliminar los que estorban a las grandes mayorías, porque en la segunda elección, en donde solo participan los fuertes, de nada importa el voto en blanco, lo cual tiene una consecuencia: sembrar el desánimo en los miles de electores que apoyen las listas que no pasen el umbral, porque serán eliminadas de tajo, y desencantar los miles que voten en blanco, porque verán que su propósito se les volvió en su contra.

En conclusión, para los cuerpos colegiados el voto en blanco es ineficaz: si gana solo servirá para debilitar nuestra frágil liberal democracia, una demostración de cómo hemos venido redactando textos constitucionales sin la menor ingeniería constitucional, porque aquí se cree que escribir un texto constitucional es un asunto jurídico.

Pero, de otro lado, deja claro lo peligrosa que es la ignorancia dotada de iniciativa y lo grave que es no escuchar los ilustrados.

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