¿Para qué sirve un desarme parcial en Cali?

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leo quinteroPor Leo Quintero

“Para mucho”, responderán los voceros de las autoridades militares, que extrañamente en Cali se han empecinado en no aplicar la medida en su plena extensión, como sí ocurre en otras ciudades del país como Medellín y Bogotá, en donde hay desarme total desde hace casi un año y se extenderá por un periodo similar en este 2014.

Muchos de los amigos del desarme, encabezados por el propio arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, quieren que haya una medida permanente en una ciudad tan compleja como Cali. Porque el Desarme se aplica en 16 de las 22 comunas, en las que, según el muertómetro que manejan las autoridades, más víctimas produce la violencia en la capital del Valle.

Las comunas  que están por fuera de la restricción son  la  8,  con barrios como El Troncal, Villacolombia; la 9, con sectores como Alameda, San Bretaña, Guayaquil; la 10, con el Olímpico, el Dorado; la 17, con El Limonar, el Ingenio; la 19, con San Fernándo, El Lido; y la 22, con áreas como Ciudad Jardín y Pance. Todas están en tres corredores básicos, la calle Quinta, la Autopista Oriental y la carrera Quince, como parte de su eje vial. Pero qué pasará, por ejemplo, con un ciudadano armado que pase de un lado a otro de la calle Quinta, del barrio Las Vegas al barrio Meléndez, que quedan uno enfrente del otro? ¿O quien vaya de Villacolombia a la Nueva Floresta? ¿O quien transite de los barrios como el Lido al otro lado, a Siloé? ¿O en cuál de las calzadas de la calle Quinta se aplica la operación desarme: en la de la calle Quinta que va de norte a sur, y eso quiere decir que al otro lado no hay problemas para el porte de armas?

El tema tiene una connotación sencilla para ajustarla a la realidad: quien llegue al cantón de Nápoles no puede portar armas, está en el lado de la calle Quinta que tiene restricción, porque está en la comuna 18, que tiene vetada la movilización con cualquier elemento de fuego.

Más compleja es la aplicación en los límites de la comuna 8, en el perímetro entre Vilacolombia, Chapinero con Santafé, El Rodeo, las Asturias. Uno al otro lado de la Autopista Oriental, con la misma condición. Los que vayan en el sentido sur – oriente tienen restricción. Quienes están en el sentido contrario no.

Son los límites de una normatividad que solo en Cali se aplica de esa forma, y aunque de dientes para adentro todos conocen que es impracticable en muchos sectores de la capital del Valle, todos se aguantan porque saben, según ellos, que el gran problema está en las seis comunas con mayores indicadores de muertes violentas. La mayor parte de ellas, ubicadas en el Distrito de Aguablanca y en la ladera occidental de la capital del Valle.

Todos los regímenes de excepción como este, planteado por el Estado para frenar el accionar de grupos de delincuencia común que han extendido un negocio lucrativo como es el consumo de estupefacientes, llámese microtráfico, lavaperrismo o como se quiera llamar, necesitan una sociedad civil que entienda sus razones.

Porque al muertómetro lamentablemente hay que sumarle el crecimiento de las cifras de otros delitos; aunque el Estado y las autoridades aseguran que los números de las denuncias son diferentes, la realidad es que el número de quienes no lo hacen es creciente. Porque no encuentran como hacerlo, porque desconocen dónde hacerlo y porque el Estado mismo no lo facilita.

Se requiere una sociedad civil que denuncie todo lo que ocurre en su entorno: los robos, los asaltos, los atracos callejeros convertidos hoy en día en el real dolor de cabeza y la mayor sensación de inseguridad en los barrios de la ciudad, que no tienen identificada una pandilla o bandita criminal, porque en donde estos dos fenómenos existen las cosas son a otro precio.

Así crecerá y se visibilizará este problema mayor, convirtiéndose en una real urgencia, que debe ser atendida por el Estado desde lo local hasta lo nacional.

Por eso, decisiones como el desarme desempeñan un papel determinante, aunque para muchos es una medida que termina por quitarle un elemento de defensa a los civiles y se la deja en las manos de los delincuentes, que nunca se han desarmado.

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