Partes de guerra

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ana-mariaPor: Ana María Ruiz

Twitter: @anaruizpe

Hemos visto cómo es la guerra y escuchado por años los partes de guerra, y sabemos que las dos cosas no son lo mismo. Desde chiquitos hemos escuchado por los medios el trepidar de palabras que justifican la violencia, la misma discordancia repetitiva entre la realidad del hecho sucedido y el parte que del hecho dan sus causantes, noticias que entre parte y parte se llevan nuestra mejor parte: la posibilidad de construir con nuestras propias manos una agenda ciudadana para el futuro.

Las millones de personas que no creemos en justificación alguna para la guerra, estamos como amarradas viendo pasar la muerte desde la ventana. Tres generaciones sin capacidad de torcerle el cuello a su realidad es mucho tiempo, sobre todo cuando sabemos de sobra que la guerra no sirve para nada y que, como el ácido, todo lo que toca lo desfigura.

Demasiadas preguntas sin respuesta hemos acumulado en años de escuchar comunicados plagados de lugares comunes de unos guerreros que botan enrevesados argumentos teóricos que nadie entiende y menos encuentra que diablos tienen que ver con las acciones criminales que intentan justificar. Los guerreros mascullan sus ideas fijas y cuando intentan decir algo no les sale nada diferente de un parte de guerra que habla de no sé qué país, uno en el que no existen el Cauca, ni sus muertos, sus emboscadas, sus atentados, su ley del monte.

De otra parte, el lenguaje primario del chafarote a la cabeza del Ministerio de Defensa en nada ayuda a avanzar en la confianza que como ciudadanos deberíamos depositar en las Fuerzas Armadas.

Es apenas natural que cada quien cargue con su volquetada de odios envenenados, que bien quisiera ir y vaciarles en La Habana. Cuando los colombianos sentimos el traqueteo de metralla, e intuimos los llantos desgarrados, la desesperación y el desarraigo, ya sabemos que una vez más, como siempre, se nos viene esa cadena que empieza en la indignación, pasa por la frustración, en ocasiones por el miedo, y muere en la impotencia.

En eso han contribuido, cómo no, los periodistas que todo nos lo muestran con narrativas fijas, que igual informan un partido de fútbol, un premio de literatura y un atentado criminal. En medio del marasmo en que nos dejan las explosiones, los asesinatos a bala, a palo o a pique, lo único claro es que ninguna de las partes quiere rendir cuentas y, entre tanto, sigue siendo cosa de todos los días recibir partes de guerra que dan cuenta de falsos y reales positivos y negativos.

Cuántas veces Caldono, cuántas veces Jambaló, hasta cuándo contra la Panamericana, quién responde por Timbiquí, por El Tambo, por Morales. Nunca ha habido una respuesta, nunca han rendido cuentas. El momento de exigirles respuestas es ahora, que están sentados en la Mesa, y el cómo lo vamos a hacer debería estar en el centro de las preocupaciones de alcaldes y gobernadores, de los candidatos presidenciales, de los círculos académicos, de las organizaciones sociales, del sector productivo.

Entre tanto, que les quede claro a los guerreros, que las cuentas se las vamos a exigir sobre lo que han hecho, no sobre lo que han dicho en sus partes de guerra, apenas eufemismos y pinceladas de la realidad que nos ronda.

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