Participación política de los guerrilleros: ¿qué se les puede otorgar? (Primera parte)

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Floro Hermes G.
Floro Hermes G.

Por Floro Hermes Gómez

Twitter: @Florohermes

El segundo punto de los diálogos en La Habana, que es la participación política de los guerrilleros, debe examinar las diez “propuestas mínimas de participación política” de las Farc-EP, a saber:

Primero, los guerrilleros quieren una Asamblea Constituyente para hacer cambios institucionales definitivos como la “eliminación permanente de cualquier prohibición o impedimento que pueda afectar el pleno ejercicio de cualquiera de las investiduras”.

Sin embargo, esto es inconveniente porque permitiría a los guerrilleros intentar ir más allá de lo acordado en La Habana y facilitaría a los enemigos del proceso (el Puro Centro Democrático) intentar anular lo acordado; luego, ¿para qué el desgaste de unas negociaciones en la capital cubana?

Segundo, desean crear las condiciones para convertirse en un partido político, solo con su inscripción e independientemente de un umbral, al que se le asigne un número de curules en el Congreso y en las asambleas y concejos, sin perjuicio de crear una “circunscripción especial de paz” para “partidos o movimientos políticos y sociales que surjan como resultado de la firma de un eventual acuerdo de paz”, la cual operaría durante el tiempo, con el umbral y las curules que se definan en el acuerdo final.

Pero, esto significaría romper con la regla de oro de una liberal-democracia: “elecciones libres y competitivas”; implicaría acabar con el umbral para todas las agrupaciones políticas y, con ello, haría incierta la financiación de partidos que surjan solamente con llenar un formulario, cosas todas estas que se convertirían en el primer problema del postconflicto.

Tercero, abogan por un estatuto para la oposición que reformule la política de seguridad del Estado y su doctrina militar y policial; por el derecho de réplica cuando el Gobierno atente contra el buen nombre de la oposición; por la participación en la conformación de todas las mesas directivas del Congreso; por la última palabra antes de la conclusión en los debates del Congreso; por participación en la vigilancia de procesos electorales; por consulta previa en asuntos de interés nacional como las relaciones exteriores, la seguridad y defensa o la justicia.

Quiere decir que las Farc-EP pretenden constitucionalizar la institucionalidad política extractiva mediante el reemplazo del clientelismo y el compadrazgo por el (nada liberal) privilegio de casta.

Cuarto, piden para su partido una financiación estatal complementaria, a la que poseen los partidos y movimientos de oposición, igual a un 10 % del total de los recursos públicos asignados para la financiación de los partidos políticos y movimientos sociales.

En otras palabras, un superpartido frente a unos partidos regulares, un inconcebible liberal y democrático, máxime teniendo en cuenta que las Farc-EP cuentan con un acumulado obtenido ilegalmente que, obviamente, no entregarán ni declararán.

En conclusión, quieren una poco estratégica Asamblea Nacional Constituyente, que les podría arrebatar lo pactado, una democrática que suprima las “elecciones libres y competitivas”, una constitucionalización de la institucionalidad política extractiva y convertirse en un superpartido. En fin, no ingresar al sistema.

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