Paz, democracia y partidos

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 Por Oscar Gamboa

oscargamboaz1@hotmail.com

@Osgazu 

Luego de más de 50 años, Colombia, aunque con tropiezos, avanza hacia la búsqueda de una paz estable y duradera, pero no hay duda que esta requiere de unos soportes sobre la cual se pueda sostener. El principal soporte de esta paz, es una democracia igualmente estable y duradera que brinde las garantías políticas, jurídicas, administrativas e institucionales para que los ciudadanos puedan sentirse como sujetos de derecho y objetivos del desarrollo.

Lo anterior demanda la existencia de partidos políticos fuertes y en sintonía con los nuevos desafíos que nos plantean los actuales momentos de nuestra historia.

El libro “porque fracasan los países” de los Sres. Robinson y Acemoglu el principal mensaje que nos entrega es que ese fracaso se debe a la falta de instituciones. Yo quiero entonces parodiar y preguntarme, ¿Porque fracasan los partidos políticos? Y me respondo, porque dejaron perder progresivamente su institucionalidad, sus ideas, su coherencia, su talante y su polenta y este conjunto de realidades les hicieron perder sintonía con la gente de a pie que ya no encuentra en ellos ese motor que les mueva realmente sus emociones, pasiones y sobre todo sus sueños.

Los partidos políticos en lo externo, se fueron dejando “secuestrar” de la mecánica política, del trade off, de las “alianzas” y de todas esas prácticas que les arrastró al escenario que hoy padecen. En lo interno, en Colombia, fueron perdiendo autoridad para hacer cumplir los estatutos y mandatos de ley porque también los fueron “secuestrando” las alianzas internas, los ismos internos, donde la prospectiva de crecimiento y éxito de los nuevos liderazgos dependen de los padrinazgos internos que se alcancen.

Actores corporados que toman sus propias decisiones cuando se trata de definir los apoyos a candidatos de sus partidos y nada pasa, otros que dependiendo de lo competitiva que sea una lista a una corporación deciden mejor buscar otros partidos por donde “puedan” salir y viceversa, otros que de una manera cínica han dejado tirado a su partido, pero luego retornan reclamando los lugares de privilegio, mando y hasta candidaturas. En fin, de todo se encuentra.

Los retos que tenemos para organizar nuestra democracia de cara a la paz son enormes. Yo como liberal de cuño, espero ver, sentir y sobre todo contribuir con la resiliencia del histórico Partido Liberal para que vuelva a ser el Partido de las grandes transformaciones sociales, que entienda que así como en lo personal nos vamos envejeciendo por nuestra misma naturaleza humana, también se debe evitar que se envejezcan nuestras ideas y se promuevan entonces nuevos liderazgos incluyentes y que hagamos esa pausa histórica para redefinir los nuevos rumbos, que serán los rumbos de nuestra amada Colombia.

 

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