Petronio Álvarez

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Mabel LaraDesde hace 18 años un festival irrumpió en la vida de los caleños para cambiar el destino de cientos de músicos que durante años estuvieron escoltados por la espesura y humedad de la selva del pacífico colombiano.


Por Mabel Lorena Lara

@MabellorenaLara

Con el padrinazgo de Germán Patiño, entonces secretario de cultura de Cali, investigador de la gastronomía caucana y amante de la biodiversidad del litoral, el Festival de Música del Pacífico Petronio Alvarez llegó al mundo, en honor al cuco, aquel hombre que inmortalizo el currulao de la voz de Marquitos Micolta y el muy sonado mi Buenaventura.

Petronio Alvarez

Pero su visión no sólo hizo que el Petronio saliera de la capital del Pacífico Buenaventura, sino que entendió que el destino era Cali, la ciudad que recibía, unas veces esquiva, otras con desdeno y finalmente resignada la oleada de desplazados de la zona costera de los departamento de Cauca, Nariño, Valle y Chocó acosados por tomas guerrilleras y enfrentamientos de paramilitares en disputa por su territorio.

Durante estos años el festival evolucionó de la mano de miles de asistentes que durante el mes de Agosto señalan a Cali como el destino predilecto para gozar al son  de chirimías, curruluaos, violines caucanos y nuevas fusiones_ Petronio es el lugar de encuentro de las historias y los ritmos que nacen en las orillas de los ríos de la zona Pacifica, es nuestro momento para reencontrarnos y rendir homenaje a nuestros viejos_ eso dice una de las matronas de la región, Raquel Riascos la propietaria de una de las sevicherias más importantes de Cali, pionera en la ciudad por sacar de las orillas de los ríos la sazón que por años se escondió al lado de los manglares repletos de pianguas y camarones. Y se escondió no por el recelo de dar a conocer sus recetas sino por el simple gesto de mantenerse protegido gracias al desconocimiento del resto del país de esa otra zona que también es costa, de arena mulata y agua tibia.

Desde allí, desde esa zona vienen  los músicos del Petronio, potrillo río arriba, avanzan días enteros con el sueño de lograr el más importante galardón del certamen, ser reconocidos como los mejores en su género y este no es un asunto menor. Durante semanas, meses e incluso años ensayan en casas palafíticas, casonas rudimentarias los sones que a oído aprendieron de sus abuelos, esas voces destempladas que luego de una hora se oyen igual y  son marcas potentes de historias desconocidas para el resto de Colombia.

Tal es el caso de los violines caucanos, modalidad muy nueva en la competencia que se ha mantenido desde la época de la esclavitud. Allí en el escenario hombres octogenarios de  manos gruesas, rudas y resecas  por el labrado del campo se esfuerzan por sacarle al instrumento europeo el violín,  sus mejores notas;  lo aprendieron de sus viejos quienes trataban de imitar a sus amos en las celebraciones a puerta cerrada donde no se  permitía la presencia de ningún hombre o mujer con ningún grado de pigmentación. Al otorgarles la libertad esos negros libertos   heredaron algunos violines, otros lo tomaron y a su modo rehicieron una nueva música, a puro oído y sin afinación construyeron un género musical que ha perdurado hasta nuestros días, una chirimía con violines destemplados que anima las fiestas patronales de los pueblos del occidente colombiano.

Y ni hablar de la otra vertiente, la chirimía del Pacifico sur, la de la marimba de chonta, el piano de la selva, construida con recelo y hasta hace pocos días solo interpretada por hombres, pero que en medio de la seducción de las libertades invito a mujeres a bordonear las tablas de donde salen los más dulces sonidos con cantaoras desafinadas que recrean el croar de los sapos de las aguas del pacifico y hasta el golpeteo de las olas del mar, tan solo con sus cuerdas vocales.

En este contexto el festival de festivales en la región sigue creciendo, con el interés o muchas veces desinterés de los gobiernos de turno en la capital del Valle. El Petronio Álvarez ha resistido los embates políticos y a  los anhelos de algunos habitantes que siguen negándose a ver inundadas las calles de la ciudad de hombres y mujeres negros; esos mismos habitantes que inconscientemente tararean o mueven sus pies al filtrase de cuando en vez un currulao o un repique de marimba que hoy ya hace parte de la banda sonora de la ciudad.

En  todos sus años ha  cambiado de escenario en múltiples oportunidades, porque siempre siempre todo auditorio se queda corto  ante la avalancha de seguidores. Lo más extraño es que con esta nueva versión que ya finaliza aún habitantes de Cali y el resto del país no saben que es el Petronio, qué significa para la gente de la zona e incluso para miles de extranjeros que llegan conocen y regresan a uno de los actos más exóticos de Sudamérica que aun guarda su esencia y se mantiene fuerte como los rostros de las mujeres y los hombres que sueñan con el reconocimiento del público más fiestero del país, la gente del pacífico, y pazífico con z.

Adenda: Y como no adorar a este adulto joven que en sus años mozos  me permitió conectarme con algo que ni yo misma sabía que existía, fue, lo recuerdo bien en la versión de 1999 de la mano del maestro Hugo Candelario Gonzales quien con solo tres instrumentos nos trasporto a su natal Guapi, el lugar que yo jure debía conocer. Pocas veces he bailado con tanta libertad y frescura como con el sonido de la marimba de esa noche; quizá eso fue lo que atrajo la atención de la transmisión del canal regional Telepacífico, esa  bailarina espontanea que luego fue llamada a ser parte de su equipo, lo demás es historia.

Petronio Alvarez

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