Piden Asamblea Nacional Constituyente

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Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

La Comisión Interinstitucional de la Rama Judicial (integrada por los presidentes de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo de la Judicatura, del Consejo de Estado) solicitó el archivo de la denominada “Reforma de Equilibrio de Poderes”, en lo concerniente al tema de la Justicia, y propuso una Asamblea Nacional Constituyente dizque “de carácter limitado”, una cuestión traída de los cabellos a la luz de las negociaciones de paz con las FARC-EP, que se llevan a cabo en La Habana.

Digo, en primer lugar, que es un asunto traído de los cabellos porque el Poder Público es uno, universal al territorio y no fraccionable. Por lo tanto, si el Gobierno Nacional, que es una rama del poder público como lo es la Judicial, a dicho no; es decir, ha expresado que el Poder Público de Colombia niega la posibilidad de una Asamblea Nacional Constituyente, las demás ramas deben actuar de común acuerdo, en cuanto que son fracción y no unidad.

En segundo lugar, afirmo que es traído de los cabellos porque una Asamblea o Convención Constituyente no tiene más límites que los que fijan el interés nacional la civilización, pues la integran personas del pueblo, no sus representantes (como es el caso del Congreso de la República), quienes están llamados a producir transformaciones radicales y cambios de las estructuras del Poder Público.

Pero, tal tema traído de los cabellos propuesto por la Rama Judicial del Poder Público, ¿puede explicarse de alguna manera? Sí. Desde el lenguaje, quienes estamos en los medios y los abogados con mucha frecuencia expresamos irresponsablemente, e incluso lo escribimos: “poder judicial”, que es igual a admitir tácitamente la pluralidad del poder.

Y, ¿qué implica una pluralidad del poder? Un poder plural o fraccionado quiere decir varias imposibilidades: la inviabilidad del monopolio de la violencia, la incapacidad de la expropiación de la administración y la autoridad, la impotencia para monopolizar la fuerza y el impedimento para establecer el imperio de la ley y, por esta vía, llegar a la desregularización de los mercados, la vía para el lograr lo que queremos los liberales: el “libre mercado”, que es la precondición de toda paz.

Sin embargo, ayer fue peor: la Corte Suprema de Justicia, en un comunicado de tres puntos expresó que manifiesta “su no aceptación de convocar a una Asamblea Constituyente como mecanismo para la reforma a la justicia”, lo cual quiere decir que le Presidente de la Corte utilizó su investidura para expresar una opinión personal, o lo que es lo mismo, que identifica el cargo con su persona, a la manera premoderna.

En conclusión: estamos ante manifestaciones que nos hablan de la inexistencia del Estado colombiano, o lo que es lo mismo, de nuestra inconclusa revolución liberal de Independencia, situaciones que se traducen en la falacia que lleva a creer que la silla (el cargo) se identifica con el individuo, lo cual deviene en nuestro cáncer: el liderazgo carismático, encarnado en nuestro medio hoy por el Senador de la República Uribe Vélez, pues los liberales no obedecemos a hombres sino a leyes.

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