¡Pilas!

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Por Fabrit Cruz

Un joven de 16 años se voló de casa y se fue a una fiesta sin permiso de los padres. A su regreso, infectó de coronavirus a sus abuelos de 74 años. La historia sucedió en Cali. La reveló el alcalde Jorge Ivan Ospina, resaltando que el adolescente intentó quitarse la vida.

El acto arriesgado del adolescente no dista mucho de aquellos que participaron en una multitudinaria rumba tropical al interior de un resguardo indígena en Silvia, Cauca, registrado esta semana que termina. Más de un centenar de jóvenes indígenas, bailando, cogidos de las manos, sin tapabocas y apeñuzcados en un establecimiento donde se celebraba el acto de posesión de las nuevas autoridades en Territorio Misak.

En Mercaderes, municipio ubicado en el sur del departamento, hubo una situación similar. Es sólo que está vez, eran adultos los que participaban de una cabalgata. La algarabía hizo que olvidaran la pandemia. Eso, sólo por citar dos ejemplos, pero la indisciplina se vio en otras ciudades de la región, incluida la capital.

Lo preocupante no es que las personas festejen o salgan de la rutina que ha sido agobiante en estos 10 meses de crisis por culpa del virus. Lo aterrador es que olvidemos que, por actos irresponsables como esos, ya no hay camas de cuidados intensivos en los principales hospitales del país.

El reporte del viernes 8 de enero, día en el que escribo esta columna, según cifras de la alcaldía municipal, en Popayán, tres de cuatro centros hospitalarios presentaron una alta ocupación.

Las clínicas la Estancia y Santa Gracia registraron ocupación hospitalaria del 100%. En el Hospital Universitario San José con 97,4 de ocupación de camas UCI, con una cama disponible.

Finalmente, en el hospital Susana López de Valencia, al que mejor le fue, había disponibles 24 camas y presentó un 53,3% de ocupación hospitalaria.

Para el gerente del hospital San José, César Sarria, la tendencia al menos está semana que seguirá al alza. Una proyección que preocupa entendiendo que Popayán recibe todos los pacientes del departamento que escalan a una unidad de cuidados intensivos, en todas las patologías.

La otra opción es Santander de Quilichao, sin embargo, sólo tienen nueve camas de UCI para 13 municipios del norte del departamento. Del total,
al menos el 60% permanecen llenas.

Aunque estás métricas son cambiantes cada día, las cifras no mienten. Es evidente la alta ocupación de UCIS en el Cauca. ¡Si la indisciplina continúa la capacidad de respuesta podría colapsar!

Ahora, se que no es fácil pensar en confinamientos, pero Popayán podría tener una cuarentena estricta extendida de nuevo. Al menos hacia allá vamos. ¿Por qué? El 70% de los casos en el Cauca están en la ciudad. Pensar en control en otros municipios es difícil. No hay suficiente pie de fuerza y la geografía no ayuda.

Para evitar esas cuarentenas que golpean el comercio la otra opción es buscar estrategias.
El ejemplo más cercano está en la capital del Valle, hoy en alerta roja hospitalaria. Esta semana las autoridades anunciaron rastreo de casos en barrios con mayor índice de infectados. Se visitaron familias con pacientes en UCI y hogares con casos activos, verificando que cumplan el aislamiento y entregando ayudas alimentarias.

La Policía metropolitana y la secretaria de Gobierno de Popayán también tienen tareas. Hay que fortalecer los operativos para intervenir fiestas clandestinas y tratar de anticiparse para evitar las aglomeraciones que deriven en contagios. Actuar es la ruta.

Ahora, lo indicado sería el autocuidado pero yo la verdad no espero mucho del comportamiento de las personas. Ojalá
historias como la del joven de 16 años no se repita. ¿Y saben cómo contagio los abuelos? Nunca contó que tenía síntomas. A esta hora los ancianos dan la pelea en una UCI contra el COVID-19.

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