Plan Colombia, cumplió los quince y cambió de nombre

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Por: MiguelJ MondragónD

Twitter: @Miguel_Mondrag 

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Defensor de DDHH y de la vida en todas sus manifestaciones. Soñador reincidente, Gestor social y de paz. Administrador de Empresas especializado en Gerencia Social.

Que el Presidente Juan Manuel Santos y su comitiva se paseen por Washington haciendo lobby, y con ello obtengan el respaldo del gobierno americano para fortalecer el proceso de paz, y garanticen “gasolina US$” para el postacuerdo, excelente.

Estados Unidos espera contribuir en el 2017 con más de US$ 450 millones; el Presidente Obama dijo que para investigaciones públicas (les confieso que no sé a qué se refiere con esto), que para el desminado, la desmovilización y la reparación de víctimas (ni idea de quién y cómo decide cuales víctimas). Ello me suena muy parecido a lo que tradicionalmente ocurre aquí en Colombia, con el diseño, desarrollo e implementación de políticas públicas y procesos de intervención social. Se los inventan unos genios desde sus confortables oficinas, en sus escritorios con tecnología de punta, y no en pocos casos, en eventos sociales en el frio capitalino, buscando el calor en unos buenos “whiskeys”, ignorando la construcción participativa de esas políticas desde los territorios con las comunidades, desconociendo así las verdaderas necesidades, de quienes serán objeto, “sujetos” de procesos e intervenciones que deberían generar verdaderas transformaciones sociales.

El plan creció, entró en sociedad, cumplió los quince y cambió su nombre, desde ahora el Plan Colombia se llamará Paz Colombia. ¡Buena esa! La euforia no es por la connotación de fiesta, sí por algunas de las argumentaciones que dio el Presidente Santos al anunciarlo: “Finalizar un conflicto armado de más de 50 años con más de 220 mil muertos y cerca de 7 millones de víctimas, donde la peor parte la llevaron el campo y los campesinos porque se quedaron estancados sin desarrollo rural, y ahora sin este obstáculo, se recuperará un potencial que es ilimitado”. Paz Colombia dinamizará la operatividad institucional del postacuerdo inmediato.

Para que estos avances y decisiones sean comprendidas por el conjunto de la sociedad, especialmente por las bases del país, el ciudadano del común, se requiere de procesos incluyentes, escenarios de encuentro y participación colectiva, con sistemas de información y comunicación oportunos que integren a toda la población en torno al tema de la paz, la reconciliación y el postacuerdo. El dialogo social en círculos de vecinos, como espacios para contarse la verdad y pensar en reconciliarse, es necesario en este proceso. No se puede repetir el error que aún persiste en muchos compatriotas, quienes aún no logran sentirse reconocidos

dentro de los diálogos de La Habana, no se identifican con ninguno de los actores sentados en la mesa, y menos, saben quién los representa. Ni qué decir de quienes no tienen idea de qué verdad es la que desean escuchar; quién se va a reconciliar con quién, o qué es lo que le tiene que perdonar y a quién; y qué es eso de la reparación integral, qué es lo que le van a reparar y a quién…

Formación en ciudadanía es un primer paso, tarea que no da espera, a partir de estudiar y comprender la constitución política de Colombia, además de estar informados de lo que ocurre en nuestro entorno, en la cuadra, en el barrio, la comuna, la ciudad y el país. Debemos aportar como individuos y gestores de nuestro propio cambio, transformando primero nuestro entorno, desde allí estamos aportándole a la paz. Avanzamos participando, actuando y ayudando a otros, conectándonos, construyendo redes de vecinos y amigos.

Desde los territorios es con pedagogía para la paz que nuestra sociedad cambia, se transforma ganando en justicia social y alcanzando así la paz duradera.

 

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