Poder y regionalización

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Álvaro Guzmán BarneyPor Álvaro Guzmán Barney

Director del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

 

Detrás de las “asociaciones” entre municipios en una determinada región se mueven distintos intereses locales, regionales y nacionales. En el primer Gobierno del Presidente Santos se hizo una “regionalización” del país, con el ánimo de redistribuir la inversión pública, especialmente la proveniente de las regalías, buscando que llegaran a los sectores más pobres y vulnerables. De esta manera, la “Región Pacífico” ideada por el Plan de Desarrollo, sacó de su ámbito a los municipios de la parte andina y plana del Valle, entre otros, que tenían mejores indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Las críticas del poder regional asentado en Cali no se hicieron esperar. Surgió, por otro lado y promovido por la Alcaldía de Cali, una asociación de municipios conocida como G -11 que busca identificar los municipios de mayor interacción socio-económica con la ciudad capital del Departamento. De manera intrigante, se incluye en el Grupo a Buenaventura, adonde va dirigida buena parte de la inversión nacional y se dejan por fuera los municipios del Norte del Cauca, con los que la ciudad de Cali tiene una importante interacción socio-económica. De esta manera se segmenta el Departamento y la inversión pública de tal manera, que el primero en protestar fue el Gobernador.

Recientemente, según información de El Tiempo del 8 de octubre, los mandatarios que hacen parte de la Federación de Municipios del Litoral Pacífico Colombiano (Fedempacífico), reunidos en Quibdó, le piden al Gobierno Nacional que el “Plan Pacífico” vaya dirigido sólo a estos entes territoriales. En su consideración, deben ser recursos y proyectos diferentes a los que negocian los Gobernadores del Valle, Cauca, Chocó y Nariño. El vocero de esta Federación es el Alcalde de Buenaventura, Bartolo Valencia Ramos, quien propende por un Plan Pacífico que: “realmente consulte las necesidades, intereses y anhelos de los habitantes de la región que es integrada por 50 municipios”. Ellos mismos han diseñado “nueve sub-regiones” con sus particularidades y consideran que en cada una de ellas debe haber una “Unidad Técnica” para formular y desarrollar proyectos, involucrando a los “actores sociales” y no sólo a los técnicos de Planeación Nacional, evitando lo que ha sucedido en el pasado, cuando los proyectos se formulaban en Bogotá “desconociéndose la realidad del entorno”.

En todos los casos de planificación regional, hay un afán político por organizarse y tener mejor acceso a los recursos públicos. En este sentido, sí hace falta un soporte técnico para definir los diferentes contornos de las asociaciones regionales, de tal manera que haya mayor eficiencia y eficacia en las inversiones. En el fondo, hay que poner en práctica las posibilidades de “Ordenamiento Territorial” entre municipios que brinda la Constitución de 1991. Pero el sesgo político de las asociaciones regionales es ineludible si se quiere tener “agencia” y responsables de los programas. En este sentido, la asociación promovida por Fedempacífico tiene la razón y se la debe respaldar. En efecto, sin saber si hay elementos de corrupción y de clientelismo que desdibujen el argumento, es fundamental que las “elites locales” se consoliden y asuman responsabilidades con la sociedad más inmediata, aquella a la que va dirigida la inversión. Esto fortalece el tejido social, el de los ciudadanos y el de sus mandos más inmediatos. Por otro lado, no es cierto que el Estado central sea “más eficiente”  en la inversión local y menos corrupto. Sólo habría que ver lo que ha sucedido en el pasado con la inversión, precisamente en municipios del Pacífico, que se ha podido quedar en los bolsillos de dirigentes regionales, con el pleno conocimiento y anuencia y participación de la dirigencia nacional.

La atención que se le está poniendo a Buenaventura y a los municipios del Pacífico es por la riqueza que representan hacia el futuro, en gran medida por su biodiversidad. Hay que hacer lo posible porque esta riqueza se quede en manos de sus pobladores y no asistamos, una vez más, a una película contemporánea de lo que significa una economía de  enclave en un territorio: pobreza para sus habitantes y riqueza para los foráneos, nacionales o extranjeros.

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