Política sin pantalones

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Pág 22 Foto El impopularPor El Impopular

Como ya he confesado antes, me gusta la rebeldía, la considero muy cercana a la juventud que es sin duda la mejor etapa de la vida de cualquier ser humano. Pero confieso: nunca me fascinó más como cuando me enteré de esta nueva tendencia de tomarse un domingo cualquiera de enero en alguna ciudad del mundo y organizar el “no pants subway ride”, o como lo conocemos en español: el día sin pantalones.

Esta iniciativa seminudista es como la poesía: cada quien le da su propia interpretación. Pero lo que sí es cierto es que despierta sonrisas y rompe estereotipos en una sociedad internacional, que está recargada de mentiras y barreras mentales históricas.

Pero sin duda, lo que más me emocionó de conocer de este movimiento de día sin pantalones fue que justamente este fin de semana –cuando usted lee este artículo– se celebra acá en la vereda, más exactamente en la ciudad de Medellín.

¡Viva el día sin pantalones en Colombia! Celebro y apoyo a todas esas personas jóvenes de cuerpo o de mente que, muy a lo colombiano (porque las autoridades del metro de la ciudad no permitirían “tamaña falta de respeto”) disfrutarán de un día con una perspectiva diferente, un cambio real de lo que vivimos a diario.

Del “no pants subway ride” solo me molestaba que no tenemos subway y el hecho de que sea una moda impuesta como tantas otras. Pero justo cuando me sentía un poco dolido de notar que de nuevo era una idea surgida en Estados Unidos, no porque los gringos me causen particular molestia, sino porque no comprendo que no se nos haya ocurrido a ninguno de nosotros primero, tuve una revelación. Dada la tremenda imaginación de que hemos sido dotados; noté que nosotros desde hace mucho inventamos “la política sin pantalones”, parecido pero diferente; lo que nos falta es ponerla en redes sociales.

Mire, si acaso en el mundo existe un asunto en que somos despiadados como raza humana es en el ejercicio de la política. No hace falta ir muy lejos para soportar con ejemplos cómo los intereses específicos de unos pocos se concentran en el objetivo de influir sobre los demás y hacer que prevalezca lo que les conviene. Cada quien de manera deliberada y, generalmente, maquiavélica se da sus formas. Pero en nuestra patria seguro batimos récord. Colombia, por ejemplo, es hija de las muertes de aquellos que intentaron pensar diferente y enfrentarse al sistema de dominación de la época

Hoy en día, las agresiones y las estrategias sucias son evidentes en cada momento y no solo se trata de la acción de la “mano negra” que asesina líderes, sino también de la guerra mediática. Es decir, no se vayan a creer que el surgimiento de los videos contra el movimiento Mira y los constantes ataques mediáticos son solo parte de una noble denuncia de una injusticia al interior de esta organización religioso-política. Esos son simplemente desvergonzados bajonazos de pantalón de la indecente política que nos rodea.

Es decir, a mí me sobran razones para desprestigiar a estos dirigentes Mira frente a sus posturas respecto a que puede o no puede hacer un dizque “discapacitado”, ¿pero justo ahora en campaña electoral?

¡Qué raro que un problema ético sea tan político! En mi opinión debería ser algo que interese más a otros entes como, por ejemplo, la iglesia católica. ¿Ellos qué opinan al respecto? Porque yo no recuerdo el primer cura con discapacidad que esté en ejercicio y su tremendo silencio frente a todo este escándalo me es muy sospechoso.

Sin embargo, lo del Mira es solo un ejemplo pero hay muchos. Qué tal la venta de la derecha en Colombia, como si fueran muy diferentes. Para la campaña a la Presidencia se enfrentan tres cabezas del mismo animal de derecha, supuestamente cada uno más moderado que el otro (muy probablemente en sus modales porque en lo ideológico son iguales). Eso sí es política sin pantalones, que pretende cegar a la opinión pública.

Y de la izquierda, ¡ni hablar!, con postulantes mezclados que uno no entiende como hace unos días se odiaban y ahora se aglomeran vulgarmente, sostenidos en ninguna ideología, con la única aspiración de captar la población del voto en blanco y los indecisos. Políticos sin pantalones que no pueden decir en qué piensan realmente, si es que en algo lo hacen.

Buen cambio sería, ahora que lo analizo, la joven rebeldía sin pantalones por la cobarde demagogia de los viejos políticos en Colombia, que no nos han dejado ni siquiera tener metro para empelotarnos en paz.

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