Por el bien del país

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Camila ZuluagaPor  Camila Zuluaga

El ambiente en Colombia  está enrarecido. No pasamos por los mejores tiempos, lo sabemos todos, pero hay algo que no podemos omitir: en La Habana, Cuba, se está negociando la paz.

No debemos olvidar que hay que apostarle a aquello que hemos esperado durante años y  que ha dejado múltiples generaciones víctimas del conflicto. Es cierto que estamos atravesando un paro cafetero que tiene bloqueadas las vías nacionales en señal de protesta por la falta de atención del gobierno nacional. Es cierto que los trabajadores de la Universidad Nacional de Colombia están protestando en la búsqueda de un mejor sueldo y que por eso los estudiantes llevan ya varias semanas sin tener clases.

También es cierto que los empresarios de Norte de Santander quieren entrar también en cese de actividades por la complicada situación que viven actualmente.  Sí, igualmente es cierto que se está hablando de que es posible que estemos viviendo la enfermedad holandesa y que la tasa de cambio no reacciona a pesar de las medidas tomadas por el Banco de la República.

Todo lo anterior es cierto, pero no significa que no debamos  confiar, creer y apoyar el proceso de paz. Ya lo había dicho antes, somos protagonistas, de hecho, protagonistas fundamentales, en los  diálogos  que se adelantan en La Habana.

Puede que muchos en el país, así como lo muestran las encuestas, no estén de acuerdo con la gestión del presidente Juan Manuel Santos; puede que  quieran que no se reelija. Puede también que no compartan su forma de gobernar ni las  medidas que ha venido adoptando. Adicionalmente, es factible que piensen que el país no va por el mejor camino y que hemos retrocedido, como muchos manifiestan. Pero nada de esto significa que nos alineemos para sabotear el proceso y estar en su contra.

Es bien sabido por todos que son varias las fuerzas políticas que andan  utilizando ese discurso, el de ir en contra del proceso, válido sin duda, pero poco inteligente para la nación. Son muchos los años infructuosos los que lleva luchado bélicamente el Estado  para acabar la insurgencia. El péndulo se ha inclinado generalmente hacía esa alternativa: son contadas las veces que este se ha inclinado hacia el intento dialogado del fin del conflicto. Por eso, sin importar la tendencia ideológica y la posición política de cada uno,  no desaprovechemos esta oportunidad.  Hoy como nunca hay una oportunidad histórica de lograr un acuerdo con las Farc. Hoy más que nunca están ellos dispuestos a llegar a un acuerdo con el objetivo de dejar las armas para luchar por sus ideas en medio de una contienda democrática y no armada.

En ese sentido, creo fielmente que como colombianos debemos trabajar y convencernos de que en nosotros también está que podamos cerrar un capítulo tan sangriento y doloroso de nuestra historia. Muchas cosas vendrán y claro que no será fácil,  será de hecho muy difícil. Claro que tendremos que hacer sacrificios por algunos errores que se cometerán. Pero, ¡por favor!, que nada de esto nos haga perder la intención y la ilusión de creer que el conflicto se puede acabar.

Una cosa más: Por fin le pusieron “tate quieto”  a esa capacidad del procurador de nombrar a dedo a los procuradores judiciales nivel  1 y 2, que ganaban en promedio siete y dieciocho millones  de pesos, respectivamente.  Se acabó la guachafita de las hojas de vida enviadas por los congresistas al procurador para que les cumpliera con la cuota burocrática. ¡Qué lástima que esto no se diera antes de la reelección del funcionario!

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