Que renuncie Angelino

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Por Camila Zuluaga

Esta semana se abrió nuevamente el debate sobre la salud del vicepresidente de la república y su capacidad para ejercer las funciones del cargo que ostenta. La agresividad en torno al debate ha sido elevada y acalorada en todas las esferas, pero sobre todo en las redes sociales, que cada día se parecen más a un campo de batalla, alejado de las ideas e inundado de insultos.

Se nos ha tildado de inhumanos y de no tener compasión por la persona y la dignidad del cargo a quienes pensamos que el doctor Garzón debe renunciar. Frente a eso me parece pertinente aclarar que es importante hacer una diferenciación entre el aspecto personal y el deber con la nación.  Estoy segura  de que todos le deseamos la mejor recuperación y el mejor futuro a la situación de salud del vicepresidente, como el mismo dice: “Ni a mi peor enemigo le desearía lo que me está sucediendo”. Sin embargo, los intereses de la nación están por encima de la situación personal del vicepresidente Angelino Garzón.

No se trata de una apreciación por quién está en el cargo,  no es porque quien se encuentre desempeñando la función sea Angelino Garzón, ni de nada personal;  se trata de la responsabilidad y seriedad que se debe tener con el cargo que se ocupa, que tiene una relación y vinculación directa con el destino de la sociedad civil. Quien tenga como función remplazar al primer mandatario en caso de ausencia debe estar en plena capacidad para poder hacerlo; de hecho, para eso fue elegido.

Tal vez ustedes recuerden la contienda electoral en la que salió elegido el actual presidente Juan Manuel Santos. En su momento, uno de las estrategias “negras” utilizadas por la campaña del candidato fue revelar que a su más fuerte contendor,  Antanas Mockus, le habían diagnosticado la enfermedad de Parkinson, y que este no lo había comunicado al electorado. El argumento consistía en que  quien va a ocupar un cargo cuya principal función es manejar el rumbo de la nación, debería dar a conocer su situación médica al país. ¿Recuerdan ese debate? Argumentos de la campaña Santos – Garzón en su momento.  Eso, sin duda, empezó a afectar las encuestas del candidato del partido verde. Muchos, en su fuero interno, se cuestionaron sobre la capacidad de un presidente con tal afección de salud para llevar las riendas de una nación.  Hace dos años la condición de salud de quien pudiera ser presidente sí importaba ¿Por qué ahora no?

Pero más allá de recordar, es pertinente preguntar si ¿alguien cree realmente que la nación puede quedar hoy en manos del doctor Garzón?  No hablamos solo del cáncer de próstata que, como bien lo han mencionado varios expertos, no es impedimento para la realización de actividades normales, sino del conjunto de características de su cuadro médico. Yo sinceramente no lo creo.

Pero sobre todo, no creo que la discusión sobre la salud la debamos politizar, como en cierta medida lo han hecho el doctor Garzón y sus allegados, quienes aducen presiones políticas para que él presente su renuncia. Quienes hoy salen a defender la estadía del vicepresidente en el cargo hacen los cálculos políticos de su apoyo. Recordemos que en el mundo electoral no se da puntada sin dedal.

Aquí no se trata de política, se trata de responsabilidad, y por eso, al vicepresidente, ni el congreso ni el presidente le van a pedir su renuncia, no tienen las facultades para hacerlo. Por tal razón, como actitud responsable, su dimisión debe  ser una iniciativa personal

 Una cosa más: ¿Por qué será que andamos tan agresivos últimamente en las redes sociales?

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