¿Por qué ganó el No?

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

“Este país prefiere la violencia”.  “Ganó el odio, el miedo y la ignorancia”. “Este país está sediento de sangre”: la jornada plebiscitaria fue un tatuco a la esperanza y a un futuro mejor.  Se esperaba que la abstención fuera altísima (en todas las jornadas electorales lo es), pero lo que No se advertía era el triunfo de la negación a lo pactado en La Habana.

Escribir desde la emoción es difícil, pero hay circunstancias que dan luces para explicar este acontecimiento. El primero es que la negación no solo fue un rechazo a lo negociado en Cuba, también es producto de la atomización de una sociedad que ha vivido aletargada por la pobreza económica y mental, que no ha entendido que dicha condición es aprovechada por el círculo que detenta el poder.

La clase dirigente quiso acudir al pueblo pero el pueblo ya no le cree. Lo cual es un agravante colosal si sumamos la andanada de mentiras e hipérboles con que los líderes de la oposición desplegaron su campaña.

Y los entes que en algún momento pudieron contribuir en el esclarecimiento de las tergiversaciones, no lo hicieron. La responsabilidad histórica de los medios tradicionales tiene que ver mucho con los equívocos con que la mayoría de los colombianos advertía la manipulada Paz de la que hablaban en sus telediarios.

La prepotencia de algunos de los que abogaban por el sí tiene incidencia en el resultado, la desfachatez con que se referían a su contraparte y contra todo aquel que se resistía a creer en la paz ayudó en el escepticismo de esas personas que no gozaban de la “agudeza” mental de ellos.

El yerro fue no contemplar que no todos los que se negaban eran acólitos del senador del Centro Democrático. Fue un error arropar en un mismo costal a todos aquel que se resistía a creer.

Muy a pesar del dolor, hay algo de comprensible en lo ocurrido. Lo dijimos en otro texto: pedir que sí cuando no se tiene que ser víctima de los calvarios del diario común es muy fácil. Pedir que sí a personas que, sobreviven en entornos adversos, sin un contexto amplio de lo pactado y enferma del sueño, fue un reto que no se supo asumir.

No se puede reducir al pueblo colombiano a esos señalamientos con que empezaba el texto. Pensar así sería olvidar la desfavorabilidad con que viven millones de personas, cuya esperanza por un futuro mejor fue marchitada por la mezquindad con que los gobernantes han dirigido la nación.

Por lo pronto, toca esperar. Aunque el  resultado no necesariamente corresponde a la simpatía por el uribismo, son estos los que lideraron la campaña y, por lo tanto, tienen que ver con lo que pasó en el plebiscito.

Sensatez y tolerancia democrática es lo único que se puede pedir. El margen con que ganaron fue sumamente estrecho,  de modo que no se puede desconsiderar la parte del país que dijo sí.

El futuro es incierto. Nos esperan días complejos.

 

 

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