¿Por qué la columna de opinión?

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

Como muchos de mis compañeros me aventuré a estudiar periodismo pensando en que Truman Capote me iba a quedar pendejo….Periodismo narrativo, novela de no ficción; Crónica, con c mayúscula para resaltar la grandilocuencia con que me refería a mis intereses cuando preguntaba uno de esos profesores que se valen de diversos ardides para ocultar que los llamaron a dar clase un día anterior. (Es que lo creen a uno bobo (!)).

Digo periodismo porque Germán Castro Caicedo me enseñó que el que comunica es el citófono. Digo periodismo porque decir que estudié comunicación me parece muy light. ¿Quién dijo que el periodismo no lo es? Ciertamente, eso lo deslindé a medida que fueron pasando los libros… y bueno sí, algunas humanidades.

Pero venía diciendo que cuando entré a estudiar argüía que mi pasión era la crónica; a decir verdad, era (es y siempre será) la literatura, pero como el ICFES no me dio para entrar a universidad pública y como los anteojos ponían en duda cualquier asomo de juventud libertina, decía que la crónica porque además ya había leído algo de Wolfe, algo de Santamaría y algo de Alfredo Molano.

Es cierto que hubiera podido esperar un tiempo para volver a presentar el examen ese, y aunque siempre he creído que las veces que uno disfruta más la lectura es cuando no se la imponen (o sea, en vacaciones), mi mamá que advertía en mis tímidas expresiones familiares un tufo mamerto decidió que no y no y no, “Luego se vuelve guerrillero”; y entonces terminé en una universidad de mujeres divinas.

Todo iba bien. Mi pluma, decían los profesores de escritura, promete, promete. Pero llegó tercer semestre y con este “Constitución Política”, un curso en el que se estudia un poco la situación del país desde el marco constitucional, y como aquí en Colombia eso no se cumple es inexorable que la crítica emerja. El profesor era un sujeto que pontificaba todo el tiempo, cabello blanco, anteojos, visceral, expresivo, inteligente y por ende, antiuribista.

Ese profesor siempre lo voy a respetar porque además de partir de cabo a rabo los textos que a los demás profesores les parecían loables (es más: si le mandara este artículo es seguro que me respondería: “Villano, y ¿esa columna como para qué?”); digo que ese docente me enseñó que el periodismo puede fungir como lo que no hacen los organismos de control en Colombia, es decir como un mecanismo que hace control político, que está a merced de lo que la ciudadanía necesita saber.

Luego de abordar ese curso, uno de los más bajos en mis calificaciones, me dañé. Abrí un blog en el que hacía diatribas frente a temas que me inquietaban; leía informes, estudios que abordaban problemáticas nacionales; empecé a ver en la columna de opinión un género mucho más atractivo, más ligero y no por ello vacuo; en suma, una plataforma en la cual podría hacer lo que un periodista de empresa no puede: decir lo que quiera y como lo quiera, desde la posición que quiera y con las fuentes que quiera. Grave error.

En términos existenciales, o sea, económicos, grave error, porque aunque aquí en El Pueblo paguen millones por esta columna, lo cierto es que este género viene en debacle monetaria. (Y es que como ahora hay tantos medios digitales y como los que se atreven a opinar proliferan de la misma forma en que nacen esos medios, ya estos se pueden exonerar del pago, porque atrás de la pluma que saca a colación su experiencia hay cientos de gatos (me incluyo) que esperan ver su foto en la página web).

Un estudiante de un colegio me preguntó hace poco: “Ve ¿por qué la columna?”, y le dije algo raudo, como para salir de paso…Disculpe la tardanza mi estimado, esta es la verdadera respuesta.

Es verdad que muchos de mis compañeros están ganando millones, mientras yo ni siquiera tengo dinero para cortarme el mechero.

Uno vive sin lectores, sin mujeres, sin plata y para rematar: estresado y aburrido. Y sin embargo es dueño de una leve potestad: decir lo que quiera sobre lo que desee (como esta columna). Y aunque los lectores no sean la misma cantidad que los de Poncho Rentería, procuro hacer un trabajo serio. Y a veces me retwittean (!).

Y sí, madrecita, mis compañeros hablan en la W, se ven bonitos en Caracol, escriben en Don Juan, pero, hombre, yo tomo más café, fumo más cigarrillos y, sobre todo, leo más libros.

¡Ah, esto es vida!

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