¿Por qué los colombianos no comprenden nuestro conflicto armado interno?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

El debate generado por las negociaciones del Gobierno nacional con las Farc-EP demuestra una clara incomprensión, por parte de los colombianos, de nuestro sexagenario conflicto armado interno, el cual se inició como una lucha por una mejor y más justa distribución de la tierra.

Esta lucha por la tierra resulta ser un asunto distante y, en la mayoría de los casos, extraño e incomprensible para la mayoría de los colombianos, apostados en nuestras altas (pero dispersas) concentraciones urbanas, quienes lo comprenden a través del sesgo, el filtro y la interpretación que le dan los medios de comunicación, en todo momento, y los políticos, en tiempos de campaña.

Como consecuencia de un conflicto que se conoce de oídas o de vistas, pero del que no se actúa ni siquiera testigo, la mayoría de los colombianos ven a esa extensa Colombia rural o semirrural, que vive en medio de la guerra, como ajena, desconcertante o distante y, en ocasiones, con extrañeza e indiferencia.

Esta situación ha permitido una manipulación propia de nuestra política partidista: los actores políticos en contienda han tratado de ubicar mediáticamente el debate dividiendo a la opinión pública entre dar o no el apoyo a los diálogos, en donde apoyar la iniciativa de los diálogos significa ser seguidor de Juan Manuel Santos, mientras que no hacerlo es estar a favor de la mano dura de Álvaro Uribe Vélez.

Adicionalmente, inmersos la mayoría de los colombianos en una problemática citadina que presiona por una sociedad liberal más incluyente y democrática, no comprenden el mensaje rural guerrillero marxista-leninista que lucha por la tierra dislocado de la agitación popular urbana que lucha, generando una confusión mental de masas que ha permitido al Establecimiento y a los políticos de derecha estigmatizar de “guerrillera” a casi todas las formas de expresión de la protesta social.

De esta confusión resulta, que los citadinos luchan (por medio de la protesta) contra una institucionalidad política y económica extractiva, establecida por la élite del poder, y los guerrilleros (por medio de las armas como herramienta de uso político) contra la concentración de la tierra rural, en manos de la élite del poder y el narcotráfico.

Entonces, son dos luchas diferentes que los actores no ven relacionadas: mientras la mayoría de los colombianos busca ser propietario de una casa de habitación, tener acceso al estudio y poseer un trabajo decente, dentro de un conglomerado urbano (el tema del desarrollo social); la guerrilla aspira a una reforma agraria que redistribuya el 52 % de la estructura de la propiedad rural colombiana, en manos del 1.15 % de la población, según fuentes del PNUD (el tema del desarrollo rural).

En conclusión, la mayoría de los colombianos no comprenden nuestro conflicto armado interno porque solo lo oyen o lo ven, no lo padecen, por una parte; por la otra, porque su discurso nada que ver con las luchas urbanas.

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