Posconflicto y sostenibilidad ambiental

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 Por Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y Politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, Cier

Universidad Autónoma de Occidente

 

El Proceso de Paz en Colombia se encuentra en su segunda fase. Ya hay acuerdos en tres puntos de la agenda, a saber: Política de Desarrollo Agrario integral, Participación Política y Solución al Problema de las Drogas Ilícitas. Aún están discutiéndose los otros dos puntos, Víctimas y Fin del Conflicto.

El acuerdo de la Política de Desarrollo Agrario Integral, que es de enorme importancia para todos, tiene cuatro pilares. En este artículo me referiré solo al primero: el acceso y el uso de la tierra.

Allí se acordó delimitar la frontera agrícola y proteger las áreas de especial interés ambiental. Es decir, un plan de zonificación ambiental que haga compatible el interés de preservación con las alternativas económicas y de desarrollo del país y promueva diferentes planes de desarrollo que contribuyan a la preservación ambiental.

Los datos analizados en el Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, Cier, nos muestran que la sostenibilidad ambiental es un tema de recurrente examen por parte de columnistas de la prensa nacional. La pregunta de fondo que concentra todas estas opiniones es, si una agenda ambiental modernizada en torno a la sostenibilidad es complemento del crecimiento económico y alivio de la pobreza, o si los asuntos ambientales deben adquirir un carácter central dentro de las políticas del Estado.

De otro lado, los datos analizados señalan el crecimiento en Colombia de las denuncias y movilizaciones sociales en torno al problema de la sostenibilidad ambiental. Ahora bien, lo más importante de este análisis es mostrar cómo las comunidades locales resisten enérgicamente para que sus derechos fundamentales asociados con los ambientales, sean respetados por los grupos armados, las multinacionales y el Estado que permanentemente los violan.

Un asunto de fondo en el tema de la movilización social es su papel como agente reanimador de la idea de democracia. Allí los espacios de participación y discusión de los problemas públicos están a la orden del día. En un buen momento las críticas y puntos de vista de editorialistas y columnistas incorporadas en la movilización social ponen el tema ambiental en la agenda de discusión pública. La movilización social exige, principalmente, respeto por el territorio, el agua y la cultura.

En la etapa de posconflicto un problema nodal será el tema de la sostenibilidad ambiental y el desarrollo económico. Se trata, por un lado, de reconstruir las regiones más afectadas por la locomotora minera impulsada por el gobierno nacional. Y por otro, que las Farc y el ELN abandonen prácticas como la minería ilegal, la voladura de oleoductos y los cultivos ilícitos, entre otros, que atentan contra el medio ambiente.

Así que el tema de sostenibilidad ambiental va más allá de La Habana. Allá se negocia la terminación del conflicto armado. Aquí los ciudadanos se organizan y resisten frente a los desastres socioambientales provocados por la minería legal e ilegal, el narcotráfico y la ganadería extensiva.

Lo acordado en La Habana sobre la delimitación de la frontera agrícola y la protección de las áreas de especial interés ambiental es un paño de agua tibia si el Estado colombiano no tiene políticas públicas claras y categóricas para avanzar en un desarrollo sostenible. Por ahora las movilizaciones ambientales demuestran que tal política pública no existe

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