Postconflicto y pedagogía para la paz están de moda

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Por: MiguelJ MondragónD

En twitter: @Miguel_Mondrag 

 MiguelJ MondragónD - @Miguel_Mondrag
MiguelJ MondragónD – @Miguel_Mondrag

Defensor de Derechos Humanos. Gestor social y obrero de la paz. Administrador de Empresas Especialista en Gerencia Social.

Todo es moda, hoy en Colombia hablar de ‘postconflicto’ está de moda, y en su nombre muchos pretenden ser cobijados y favorecidos bajo su sombrilla, así como otros que prefieren evitarla porque consideran que excluye y polariza. La RAE (Real Academia Española) al consultarla dice, “Aviso: La palabra postconflicto no está en el diccionario” ; ciertos sectores definen postconflicto como el periodo de tiempo que sigue a la superación parcial o total de los conflictos armados, y para la sabiduría popular, postconflicto sencillamente es lo que pasa después de que termina la guerra.

Sobre la palabra conflicto la RAE sí trae varias definiciones: combate, lucha, pelea, enfrentamiento armado, situación desgraciada de difícil salida. Y acerca del prefijo post nos dice que significa detrás de, o después de. Inferimos, articulando ambas definiciones, que postconflicto es lo que pasa después de la pelea, de la lucha.

Todo este planteamiento a partir del término postconflicto, lleva a pensar en si el común del pueblo colombiano, los menos privilegiados, en si ‘Juan y María del pueblo’ comprenden y racionalizan lo que ha venido sucediendo, y lo que está por suceder. Si por ejemplo la estrategia de la pedagogía para la paz, hoy también en el discurso de muchos, ha sido concebida y planteada para que el común de la gente la entienda, quiera y pueda participar de ella.

Ya son tiempos de postconflicto, un inicio marcado por acontecimientos como el acuerdo de Santa Fe de Ralito (2003), que desembocó en la ley de justicia y paz (2005), una oferta de “justicia transicional” sin duda muy generosa en la desmovilización de las ‘autodefensas’. Nos preguntamos si la mayoría de colombianos, será tenida en cuenta, –que no ocurra como los escogidos que sentaron en las mesas de las conversaciones– para que los procesos de construcción de paz, que propiciarán el perdón para una posterior reconciliación entre los diversos actores, se hagan a partir de las necesidades en los territorios y los más diversos escenarios: academia, gremios, industria, sector público y privado, minorías excluidas, diversas elites, comunidades oprimidas entre otros.

La pedagogía para la paz exige absoluta inclusión, que llegue a todos. Como punto de partida los colombianos debemos conocer, y mínimamente entender de qué tratan los puntos de la negociación: Política de desarrollo agrario, participación en política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas, victimas, y la implementación y verificación de la refrendación.

Mi propuesta es que a partir de una mínima claridad de estos puntos, todos sin excepción alguna nos demos a la tarea prioritaria de generar espacios de diálogo social –en círculos de verdad y reconciliación– expliquemos y respondamos: ¿Qué es un acuerdo y quiénes llegarán a él? ¿Qué es un plebiscito? ¿Por qué una constituyente o un referendo constitucional? ¿En qué consiste la refrendación del eventual acuerdo en la Habana? ¿Legitimación o refrendación popular? ¿Congresito o Asamblea Nacional Constituyente? Múltiples interrogantes.

Parte de ser privilegiados consiste en poder al menos comprender a qué se refieren estos cuestionamientos inherentes a la pedagogía para la paz. Aun así, surgen dudas, que no permiten la claridad absoluta sobre su relevancia, y conveniencia o no como factor decisivo para llevar a feliz término los diálogos de paz, hoy a 40 meses de haberse iniciado.

Finalmente pregunto ¿Entendemos el común de los colombianos realmente qué es esto del proceso de paz, postconflicto y la pedagogía para la paz?. Se abre la discusión.

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